El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

El pregón de la Semana Santa de Cádiz del 2012

Cádiz, 25 de Marzo de 2012.

Pregonero: D. José Blas Fernández Sánchez

Cádiz es hoy más Constitucional que nunca, Cádiz sabe recordar sus doscientos años de la Constitución con la misma entereza con la que hoy se prepara para recorrer sus calles. Todos los cofrades de bien, sienten en sus venas cómo corre el incienso y el amor a sus titulares, en ésta efemérides del Cádiz del 2012.

Soy cofrade por vocación y quiero, en esa faceta que muchos cristianos tenmos, no sólo entregarme a una encomienda que he recibido del Consejo de Hermandades y Cofradías, sino dejar la vivencia de quien tuvo la suerte de educarse con los auténticos valores que un cofrade tiene y debe poseer, valores hoy perdidos en esta sociedad civil, alejada de lo espiritual y del mundo real y entregada a todo un devenir de vaivenes, que nos han condenado a vivir en un estado de despropósitos, que de salir de ellos, sólo se haría con el esfuerzo de saber mirar a esa Cruz de Cristo, que por nosotros y a cambio de nada, entregó su Vida en la mayor de las soledades.

Espero que nuestra Madre, la Santísima Virgen, sepa guiarme en este pregón, como siempre lo ha hecho a lo largo de mi vida, ayudándome en mis caídas y apartándome de todo aquello que no fuese el interés general de donde yo me movía. Por eso, quiero hacerlo con humildad y con el anticipado perdón de mi pueblo gaditano, donde he desarrollado mi vida sin alejarme de Cádiz, la ciudad que me vio nacer y la que quiero que me vea morir, cuando llegue el momento de presentarme ante mi Cristo de la Piedad, para decirle:

“Tú me redimiste y a ti vengo a que juzgues las luces y las sombras de este cofrade. Por eso te digo:

Cristo mío bendito,
lleno de llagas por mí.
Me encomiendo a tu veredicto,
que será un final feliz.

Sin Ti estaba vacío,
contigo puedo dormir,
pero quiero un sueño eterno
donde Tú me veles allí.

Cristo mío bendito,
hazme al fin sonreír
y perdona mis errores
que no puede corregir.

Cristo mío bendito,
acude en silencio por mí.
Y dime que soy todo tuyo y
que ahora me puedo morir.”

Excmo. y Reverendísimo Sr. Obispo de la Diócesis.
Excma. Sra. Alcaldesa de la ciudad y Autoridades.
Sr. Presiente del Consejo Local de Hermandades y Cofradías de Cádiz.
Miembros del Consejo, Hermanos Mayores de las Hermandades de Penitencia y de Gloria.
Representaciones Militares, Civiles y Religiosas.
Cofrades y Sras. y Sres.

Nunca me vi en esta cita anual del Domingo de Pasión como tal Pregonero y, en especial, en este gaditanísimo Gran Teatro Falla. Por ello, quiero empezar por agradecer a mi Presentador, D. Miguel Ángel Morgado Conde las inmerecidas palabras que ha hecho de mi figura. Palabras que vienen de mi predecesor como Pregonero y como Cofrade comprometido y que me han llenado de estímulo y de confianza, pues el pasado año supo dejar el listón muy alto y como bien él decía “no hay una declaración de amor más hermosa al Cristo y a la Virgen, que una procesión de la Semana Santa de Cádiz”. Por eso, Miguel Ángel, quiero dedicar este Pregón a tu inestimable trabajo que día a día haces porque el pueblo de Cádiz sepa que su Semana Santa es una parte de su historia y de su ser. Lo contrario no tendría razón ni para ti, ni para mí y mucho menos para tantos cofrades que hoy nos están escuchando.

Gracias Miguel Ángel. Espero que tu pregón ya esté clavado en la historia de nuestro Cádiz, como tantos y tantos pregones que han dejado quienes nos han precedido en tantos Domingos de Pasión. Gracias Miguel Ángel.

Estoy sumamente emocionado y agradecido al Consejo Local de Hermandades y Cofradías y en especial, a su representante, Martín José García Sánchez, pues este reto que me habéis marcado, tal vez el Presidente, a sabiendas de mi trayectoria cofrade y de la sangre que nos une, ha querido inmerecidamente brindarme esta oportunidad de cantar y pregonar a nuestra Semana Santa y yo espero que pueda así convertirme en ese humilde pregonero del mítico 2012, donde nuestra ciudad ha apostado para que el desarrollo social y económico de Cádiz abra sus puertas al encuentro de tantos países que en 1812 supieron hacer la Primera Constitución Española. Por ello, explicado lo anterior, quiero dejar patente mi presencia aquí. Quiero dejarla, pues hoy deseo explicar con dedicación exclusiva la forma de pensar de un cofrade y cómo tenemos que afrontar cuanto sabemos, con ejemplo y elevando la cabeza a nuestros Titulares para que ellos sean nuestra Cruz de Guía.

Un cofrade no se improvisa. Un cofrade se hace de una masa especial compuesta de amor, sacrificio, entrega y ejemplo que hace que día a día, con ese especial “adobo”, que heredamos los gaditanos, los jóvenes puedan mirar un horizonte limpio de nubes y tormentas que no lo empañen.

Los cofrades hemos sabido conservar el legado de nuestros mayores y fijándonos en sus modos, costumbres y buen hacer hemos seguido la ruta y el espacio que hoy tenemos.

Cuando era pequeño y accedí a la Primera Junta de Gobierno de mi Cofradía siempre me llamó la atención cómo aquellos nombres de personas entregadas habían dejado en mí la huella de saber conservar, tanto los enseres de la Cofradía, como sus tradiciones más lejanas y eso me hacia comprender mejor el significado del deber cumplido y de cómo debería comportarme para luego saber dejar ese testigo a quienes algún día deberían sustituirme.

Hoy, con el paso de los tiempos, me he dado cuenta que la cadena llena de eslabones nunca se ha partido y con mayores ilusiones y con mejores criterios de perfección, quienes me sustituyeron, han ennoblecido el papel del cofrade y han elevado a lo más alto cuanto se les entregó. Esto es una forma más de no perder nunca nuestros orígenes y sentirnos orgullosos del trabajo a favor de otros. Quiero desde aquí recordar nombres como Ramón Domínguez Valero, Manuel Bocanegra, Jorge Müller, Salustiano Escandón y a mi gran amigo y auténtico cofrade que me hizo vibrar con su trabajo en equipo, Carlos Álvarez Rojas, mi gran compañero de fatigas y de éxitos y al que desde aquí le vuelvo a desear un definitivo restablecimiento en su salud resquebrajada. Carlos, hicimos una gran pareja en nuestro camino junto al Cristo y la Virgen de Las Lágrimas y por eso mi pregón también te lo quiero dedicar. Un abrazo Carlos.

Por eso, cuando los cofrades nos unimos y nuestras almas tiemblan por la expresión y el dolor de nuestros Titulares, tenemos que cogernos de la mano y decir:

¡Cuánto te quiero bendito Padre, cuánto silencio hay en tu mirada, cuánto dolor ocultas en tu cara y cuántos desaires te hicieron, y yo tu cara no la miraba.
Por eso quiero ser cofrade. Cofrade de los tuyos, de los que gritan y lloran, de los que te rezan y a veces ignoran y de los que mirándote a la cara te tienen que decir: Sin Ti, Dios mío, yo no soy nada!

La Pasión de nuestro Señor ya está en la calle. El Domingo de Ramos está en las puertas, esas puertas de la Iglesia del Carmen Coronada, que tras el golpe de la pértiga asoma a Nuestro Padre Jesús de La Paz, nuestra Borriquita, aquella que con sus palmas y capirotes blancos, pedían y piden la Paz a los cuatro vientos, una Paz tan necesaria para que nos entendamos todos sin excepción y sepamos que un mundo sin Paz sólo genera odio y eso no podemos consentirlo los cofrades gaditanos. Pidamos con el Santo Padre por esa Paz tan desterrada y unamos nuestras fuerzas para saber conseguirla.

Tú Jesús, que vas montado en la pollina y te acompañan sólo Juan, Pedro y Santiago, haz que sepamos acompañarte todos los días del año para que tu soledad se convierta en alegría y podamos disfrutar de tu presencia en nuestras vidas, tan apagadas muchas veces por el egoísmo de una sociedad de consumo que tantas veces nos invade:

Dame Señor tu Paz
y dime cómo permanezco en ella.
Dame Señor tu Paz
Para que yo sea una estrella.

Dame Señor tu Paz
y corrígeme cuánto puedas,
pues sin tu ayuda bendita
tengo una soledad perpetúa.

Cristo se prepara para cenar con los Apóstoles y quiere instituir la Sagrada Cena. Sabe que alguno le va a traicionar, pero ya no hay remedio para ello. Ahí está el Compás de Santo-Domingo, preparado para recibirlo. Tus PP Dominicos han salido junto a la Patrona para verte caminar. No quieren que tu viaje sea largo. Lo interrumpieron cuando todo el Misterio realizado en Olot y camino de Cuba fue roto para que te quedaras por siempre en Cádiz. ¡Y qué mejor que esa Iglesia conventual de Santo Domingo, donde los Frailes te cuidan y veneran y donde el Padre Saturio sabe hacer del Convento una casa donde todos quepamos, junto a la Patrona, Virgen del Rosario Coronada! Cuánto tenemos que aprender a diario de esa Sagrada Cena, cuánto tenemos los católicos que practicar en ella, donde comer el Cuerpo de Cristo y beber su Sangre es un privilegio que a veces no sabemos la fuerza que nos da.

Cofrades de la Santa Cena, tenéis uno de los mejores legados que Cristo nos dejó y, por tanto, Hermanos de la Santa Cena, invitarnos a ella siempre que podáis, pues esa confraternidad es la que nos da fuerzas para vivir el día a día.

Tras cenar y comenzar la Pasión por nosotros, Cristo se ha ubicado en el Colegio de los Salesianos en la Calle María Auxiliadora, para que el escultor cordobés, Francisco Romero Zafra, terminara en diciembre de 2008 esta preciosa imagen y luego fuese conducido al Monte Calvario para su crucifixión. Cristo es despojado de sus ropajes y María, su Madre, en su advocación de la Concepción le acompaña a esa muerte anunciada.

¡Cuántas veces nos despojan de tantas cosas en la vida!, ¡Cuántas veces nos quitan nuestra dignidad y cuántas veces somos acosados y maltratados por quienes no comparten nuestras creencias! Día a día el ejemplo del Despojado lo tenemos con nosotros. Cuántas veces las cofradías y los cofrades somos burla de quienes nos ven desde su despreciable perspectiva y no saben que todos pertenecemos a nuestras cofradías con el deseo de superarnos y ser colaboradores de la Iglesia Católica. Nos ven como a personajes trasnochados que sólo sacamos nuestros “Pasos” para que nos vean en las calles en ese culto externo al que ellos tanto critican, pero no ven (porque no les interesa) cómo colaboramos en comedores sociales, cómo ayudamos a nuestros hermanos más cercanos en alquileres de sus viviendas, en alimentos, educación, y tantas otras cosas que no decimos, pero esos son los que a nuestra costa hacen en este Gran Teatro Falla una letrilla fácil, porque no saben hacer otra cosa o, desde sus blogs, se esconden en el anonimato para juzgarnos como si la verdad fuese sólo la suya. ¡Basta ya! Somos una sola familia y tenemos que hacernos notar como lo que somos, gente comprometida, formada por padres e hijos, madres y hermanos, cargadores y capataces, músicos y monaguillos. ¡Basta ya! Los cofrades somos una gran familia y Jesús desde la Cruz nos dice:

“Seguidme porque hoy esteréis conmigo en el paraíso”.

Pero no sólo los cofrades somos despojados, en este Pregón quiero recordar a todas las personas que sufren el despojo producido por la pobreza, el maltrato, la falta de libertad, la soledad o la falta de sentido. A ellos, y especialmente, nuestro Señor despojado acoge y sostiene.
Ojalá nosotros sepamos despojarnos de todo aquello que impide que nuestro mundo sea un lugar para la fraternidad y la solidaridad.

Desde la Parroquia de San Lorenzo nos protege Nuestro Padre Jesús de las Penas, junto a su Madre, la Virgen de la Caridad. Bonita cofradía que cuando yo era niño veía desfilar por delante del Mercado Central y que al verla me inspiraba y producía una admiración sin límites. Es una de las hermandades que siempre supieron tener una buena cantera de reservas, para sus obras que no han sido pocas. Cofradía de buenos oradores y de pregoneros, pero preciosa advocación el de las Penas donde el Señor de Álvarez Duarte siente pena por tanto paro, tanta inmadurez de muchos y tanto fracaso en la actual sociedad civil y al ver su mirada nos dice:

“Mira mis manos como por ti me las han atado,
mira mi cara cómo por ti la han arañado,
pero que sepas cofrade de Las Penas que en mi Iglesia de San Lorenzo,
gracias a ti y a tu Virgen de la Caridad ya estoy liberado”.

La Parroquia de San Agustín abrió sus puertas para que admirásemos la magistral obra de Jacinto Pimentel, donde el Santísimo Cristo de la Humildad y Paciencia conocida como la Cofradía de los Vizcaínos, nos enseñe a un Cristo paciente pero repleto de humildad. ¡Qué ejemplo para todos! Precisamente hoy, en el siglo XXI, cuánta dosis de humildad deberíamos compartir todos los cristianos. Posiblemente, la paciencia que tantas veces rompemos y la humildad con la que otras tantas veces no actuamos, sean dos de los grandes males que nuestra sociedad padece. Estamos prestos a la rebelación, estamos inquietos por abordar a nuestro adversario y dejarlo sin ningún resquicio de voluntad y cómo en esta devoradora sociedad que hemos creado, pisoteamos a cualquiera con tal de prevalecer por encima. No impera el interés general, sólo impera el egoísmo, el despropósito y la envidia, algo que se quedaría en nada si observamos al Cristo de San Agustín. Su Madre, bajo la advocación de la Amargura, sí que sabe de tantas cosas como nosotros deberíamos aprender. Cristo de la Humildad y Paciencia, ¿cuántas veces con tu ejemplo podríamos corregir cosas donde nuestro prójimo sería uno más entre nosotros? Pero no, nuestro orgullo y nuestra soberbia no nos lo permiten. Por eso te digo: “Señor, hazme paciente y comprensivo, pues Tú que por mí tanto sufriste, tu humildad y tu paciencia son referente para seguirte”.

Los Cristos de mi Lunes Santo

Hay días de la Semana Santa gaditana que nunca pueden olvidarse y menos que ninguno, deberíamos dejar abierto nuestro corazón para poder palpitar con esas preciosas imágenes y algunas muy características de una Semana en la que el Dolor de Cristo se hace realidad en su rostro.

Decía Pemán que: “La Semana Santa es típicamente producto histórico, tradicional y por eso obra de detalles. La procesión nunca está acabada del todo, ni quiere en realidad estarlo, quiere seguir renovándose cada año, estrenar y lucir novedades”, pero tras ello, no nos gusta ver más rostros que los que ya tenemos en nuestros ojos y corazón. Eso ocurre cuando nuestra mirada la tenemos puesta en la Iglesia de La Palma. Allí radica una popular archicofradía que su barrio, el de la Viña, la espera con ilusión para decirle a su Cristo de la Misericordia que cuando salga a la calle, la tarde del Lunes Santo, no se olvide de sus viñeros y la Santísima Virgen de Las Penas extienda su manto para acoger a cuantos sufren en estos momentos por la incomprensión, la injusticia o la ignorancia.

¡Cuánta penitencia te acompaña Cristo mío!, ¡cuánta gente sabe que con sólo mirar tu rostro lleno de llagas y azotes están convencidos de que Tú no te has olvidado de ninguno de ellos! Por eso, tus caleteros conocen que el Lunes es su día y por ello desde la playa de La Caleta te invocan con esta poesía:

“Misericordia en La Palma
para un viñero sin salida.
Misericordia en las calles
para este barrio de la Viña.

Desde tu Cruz bendita
has mirado mis carencias
y le has dicho a tu Madre
que me cuide con paciencia.

Virgen de las Penas
déjame a tu lado,
para que como buen viñero y,
con tu ejemplo de Madre,
nunca me sienta agobiado.

Misericordia en La Palma,
para un viñero derrotado,
porque no supe responder
a mi Cristo hoy ultrajado.

Cristo de la Misericordia
tu mirada me ha salvado.
Yo ya no soy el que era,
pues contigo me encuentro consolado”.

Era yo muy pequeño cuando me gustaba acercarme los Lunes Santos por la Iglesia de San Francisco, ya que allí coincidían dos salidas procesionales de mucha sensibilidad para mí. Una del siglo XVI y, por cierto, Hermandad Decana de Cádiz, y la otra del siglo pasado. Me refiero al Cristo de la Veracruz y Nuestra Sra. De la Soledad y la otra Nuestro Padre Jesús Nazareno del Amor y Nuestra Sra. De la Esperanza. Los frailes franciscanos cuidan con amor y cariño a estas dos benditas cofradías. Todo para que sigan siendo un ejemplo de religiosidad y de respeto. San Francisco es todo un referente cofrade en nuestra ciudad de Cádiz, por eso al Cristo de la Veracruz, poco puedo yo piropearle en mi Pregón, pues ya en el precioso y magnífico Pregón del año pasado mi predecesor, Miguel Ángel Morgado Conde, cuando lo depositó a sus pies, resumía lo siguiente:

“Quizás porque anoche,
tú lo leíste, en silencio,
y a este humilde escribidor,
y a este humilde pregonero,
le has hecho creer que es
alguien, porque tú leíste sus versos”.

Sí, los pregoneros no somos de una pasta especial, sabemos llorar y reír en tiempos adversos, pero tenemos en nuestras almas, como si fuese grabado a fuego, a esos Titulares que son nuestros guía y referentes. Tú tienes a tu “Veracruz” y yo tengo a mi Piedad. ¡Qué bonito es que los dos tengamos un mismo signo como es el de la Cruz! Gracias, una vez más, amigo Miguel Ángel.

Del Cristo del Amor, ¿cuánto podríamos decir? Su túnica blanca nos enseña a amar sin condiciones, como Él lo ha hecho por nosotros. Su Cruz a los hombros deja de manifiesto cuánto nos quiso y nos quiere, cuánto se entregó y cómo le pagamos. Pero no importa, tu Amor es tan leal a cambio de nada que siempre que te pedimos algo no dudas en respondernos y decirnos:

“¡Mira a mi Madre y con su mirada ya es suficiente para que tengas la Esperanza para siempre!”.

Amor y Esperanza, qué más puedo sentir. Por eso en San Francisco tengo dos calles abiertas, una la del Amor y otra la de la Esperanza y por cualquiera de ellas acudo y paso todos los días, porque si el Amor me llena y lo practico, la Esperanza me da vida para saber que como cristiano y cofrade son dos calles que se encuentran.

Pero el lunes no acabó. Desde la Iglesia del Carmen Coronada, los hermanos de la cofradía del Prendimiento procesionan por la Alameda de Apodaca a una de las imágenes más significativas de la Pasión de Cristo. Él ha sido prendido por el engaño y la traición de uno de sus colaboradores.
¡Qué desengaño tan grande ver cómo te entregan y te someten a vejaciones por la cochina envidia! Y todo por pedir justicia para quienes no se la daban.
Hoy, podemos mirar a nuestro alrededor en esta sociedad de consumo y ver cómo el Prendimiento de Cristo y la dureza de una sociedad sin valores se repiten día a día en pleno siglo XXI.
El dinero es la mayor ambición que la actual sociedad civil desea y alaba.
Decimos que somos solidarios y es mentira. Damos lo que nos sobra y eso es no dar nada y, sin embargo, cuántos hermanos nuestros hoy viven en el umbral de la pobreza.

Hablamos de repartir, pero siempre esperamos que lo hagan otros.
Nos llamamos católicos no practicantes y, ¿qué quiere decir eso?
La familia ya no es un referente en nuestra sociedad y, sin embargo, cómo se nos llena la boca al decir que somos un ejemplo de familia.
¿Por qué es tan falsa esta sociedad que hemos creado?
¿Por qué la seguimos y la tenemos como referente de nuestros fracasos cuando de verdad la vendemos como un éxito de nuestro tiempo?
Sin embargo, sabemos cómo Jesús salió al lugar llamado de la Calavera, en hebreo Gólgota, para que le crucificaran por nosotros. Un sacrificio que era una de las peores formas de tortura y uno de los métodos de ejecución más crueles que jamás se hubiera inventado. Era una pena de muerte diseñada para producir una muerte muy lenta, pues algunos duraban días en la Cruz antes de morir. Era la muerte reservada a los traidores, los revolucionarios y a otros de los peores criminales. Fijaros bien que aún los escritores romanos piensan que era una horrible muerte. Es más, Cicerón la calificó de cruel y horrible y Tácito dijo que era una muerte indescriptible.

No hay palabras para describir la muerte de Cristo, la inflamación de las heridas, el dolor causado por los tendones desgarrados, la fiebre, un fuerte dolor de cabeza y una sed horrible, no podía respirar y por eso cada palabra de Jesús que pronunciaba desde la Cruz lo hacía con inmenso dolor. Hoy, si alguno de nosotros tuviésemos que sufrir de esta brutal forma, seguro que muchas asociaciones internacionales pedirían nuestra sedación y la abolición de este sistema de perder la vida. Por eso, Cristo ha querido dejar en nuestras imágenes sagradas ese recuerdo como referente de lo que debe ser un cofrade comprometido en el siglo XXI. Es decir, cómo nuestro testimonio de vida tiene que ser ejemplo vivo de cuánto Jesús de Nazaret ha dejado como legado a quienes le seguimos para que seamos ejemplo con nuestra conducta para todos aquellos que no quieren saber nada de cuánto profesamos en estos días de La Pasión y todo un año al servicio de los demás.
¿Haríamos lo mismo que Jesús hizo por nosotros en estos momentos?
Gran pregunta y difícil respuesta, pues somos débiles y por eso estamos aquí, pero nuestra debilidad tenemos que dejarla a un lado para lanzar a los cuatro vientos de nuestra bendita ciudad de Cádiz que los cofrades somos una gran familia de mujeres y hombres que estamos dispuestos a seguir a Jesús y qué mejor que todos mirando a nuestros Cristos le digamos:

“Cristo de Cádiz,
yo quiero ser testigo
de tu dolor y sufrimientos
y quiero ser también testigo
de tu amor y tu tormento.

Tu medicina, Señor
dotada de amor y consuelo
es el mejor revulsivo
para un mundo con revuelo.

Aquí me tienes como devoto
de tu Cristo maniatado,
azotado y golpeado
y sea yo Nazareno,
cargador o penitencia
te seguiré mientras viva
hasta ponerme en tu presencia”.

Ya es Martes Santo. Es un día grande para mí. Desde pequeño, la Semana Santa la he vivido con profunda intensidad, pero cuando más se me agudiza la vocación de cofrade es, desde que por la cercanía de la casa de mis padres a la Iglesia de Santiago, me incorporé como miembro activo a la Congregación de los “Luises”, aquella bendita Congregación donde adquirí los profundos valores y forma de vida que la “Compañía de Jesús” me entregó en mi juventud y adolescencia.

La Congregación Mariana acogía en aquél entonces a los Caballeros de San Ignacio, hombres ya maduros y casados que compartían la Fe en tareas de apostolado. También estaban los congregantes de San Juan Bermanchs, que solían ser aquellos que trabajaban en factorías y talleres de los que proliferaban en nuestra ciudad. Luego los “Luises”, donde yo me coeduqué y donde nos agrupábamos los que estudiábamos el final del bachillerato o alguna de las carreras universitarias que en aquella fecha se daban en Cádiz. Y, por último, los “Estanislaos”, que eran los más pequeños que seguían el camino de San Estanislao de Kostka y siempre guiados por los P.P. Jesuitas (La Legión de Loyola).

Aquella gran familia de la Compañía de Jesús, la armonizábamos con eventos marianos que todos los sábados se hacían en la Iglesia de Santiago y en la propia Congregación. Por ello, mi cercanía con la Cofradía de la Piedad y la mediación del Hermano Lorenzo García Molina, Sacerdote Jesuita, hicieron posible que a la edad de 16 años yo ya formara parte de la Cofradía donde hasta el día de hoy sigo vinculado y agradecido por haberme aceptado y pertenecer, como miembro de pleno derecho, ocupando los cargos de Conciliario, Mayordomo, Hermano Mayor y luego, Hermano, por la incompatibilidad al ser Presidente de un Partido Político en Cádiz.

Han sido muchos años de trabajo y de recuerdos y nunca podré olvidar a cofrades de la talla de Ramón Domínguez, Manolo Bocanegra, Manuel Corrales, Federico Pró, Jorge Müller, Carlos Álvarez y Paco Molina, entre otros, sin dejar en el tintero a la actual Junta de Gobierno que tanto cariño profesa a mi figura y entre los que se encuentra mi hijo José Blas, como Vice-Hermano Mayor de la Hermandad.

Quiero, por ello, dar las gracias a toda esta Junta de Gobierno joven, que ha sabido coger el testigo de quienes con empeño y firmeza pudimos hacer una gran y bonita Cofradía de la Piedad.

Son todos recuerdos maravillosos de una vida de Cofrade y siempre bajo la tutela del Superior de la Compañía de Jesús, que fueron nuestros directores espirituales y en especial, a los Padres Muriel, Carretero, Federico Gutiérrez, Luque, Estrada, etc, etc, etc, sin olvidar nunca al Hermano Molina, quien me enseñó diariamente a saludar y a rezar al Santísimo Cristo de la Piedad y a Nuestra Sra. De Las Lagrimas. Por eso el Martes Santo siempre fue para mí como el día de mi monopolio cofrade, pues nunca pude ver en la calle a la Columna, Ecce-Homo y El Caído por la coincidencia de las salidas con la de La Piedad. Pero ello nunca fue motivo para reconocer que desde la Capilla de Jesús Caído y desde 1944, los estudiantes y hoy la Universidad fuesen quienes acompañan a Nuestro Padre Jesús y a Nuestra Sra. de los Desamparados, habiendo cambiado su salida tras las obras de la Capilla.

Desde aquí, mi recuerdo inolvidable a Bernardo Periñan, quien tanto me habló de su Cofradía y quien tanto hizo por ella. Qué bonita estampa la del Parque Genovés y qué bonito desfile de quienes te acompañan. La Universidad te escolta para evitar nuevas caídas y tu Madre te vigila para que su consuelo no te haga caer en desamparo.

“Jesús Caído, te has caído por mí
y desde hoy te prometo
no hacerte más sufrir.

Tus caídas son heridas
en tu carne estremecida
y por ello, desde aquí
hoy te quiero decir
Jesús Caído no te quiero ver sufrir”.

Desde pequeño y en mis escapadas del Colegio de San Felipe Neri (ciudad), como así se le llamaba, me gustaba ir a San Antonio. Allí, tras mirar al Cristo del Patio con su Cruz a cuestas y a algunas mujeres que a escondidas en la calle Zaragoza pedían novio a San Antonio, me fijaba en el Cristo de Ntro. Padre Jesús Atado a la Columna y en esa Virgen de Las Lágrimas, igual nombre que mi Co-Titular de La Piedad. Preciosa imagen del “Aguaor” de Jacinto Pimentel y esos sallones que le azotan. Recuerdo que era yo muy niño cuando su Mayordomo era mi abuelo materno, por quien llevo mi nombre y curiosamente la Cofradía desfiló por la calle Doctor Dacarrete que era donde mi familia y yo vivíamos. Qué recuerdos de túnicas negras y ese esparto en la cintura y ese Palio de la Virgen de Las Lagrimas que fue el primero que una Dolorosa utilizó en Cádiz.

“Cristo de la Columna
lleno de heridas por mí.
Te azotan y te golpean
porque Tú lo quisiste así.

Cuánto lo siento Dios mío
pues no hice nada por Ti
y Tú sales hoy martes
para mirarme desde allí,
a sabiendas que no quise verte salir.

Cristo de San Antonio,
tu madre llora por Ti.
Cristo de San Antonio,
el próximo martes
prometo verte salir”.

La cercanía con la calle Ancha, hace que nos vayamos a la Iglesia de San Pablo. Nos esperan el Ecce Homo y Mª Santísima de las Angustias. Qué ejemplo de serenidad, qué ejemplo de saber que muy pronto lo van a crucificar y su mirada es firme y templada.

Cuántos y cuántos ejemplos hoy son réplica del Cristo del Ecce-Homo. Cuántos injustamente miran y padecen la injusticia de quienes mediáticamente lo juzgan y, sin embargo, están serenos. Cuántos hermanos nuestros esperan que aquél empleo que perdieron vuelvan a obtenerlo por la confianza de que tengamos una sociedad más justa y equitativa, una sociedad que no mire sólo el tener y gastar superfluamente, una sociedad que no sólo mire la ambición del “yo” por el “yo” o crea que mi entorno tiene que ser medido por mi propio rasero, una sociedad donde yo tenga que ser protagonista y no entren los que son menos que yo, una sociedad donde el inmigrante sólo sea utilizado para beneficio mío y que no aspire más que a trabajar para mí, pero por debajo mío.

Esta es la mirada del Ecce-Homo de San Pablo que nos recuerda su dolor y su compasión. Hagamos como cofrade lo mismo, pues sin esa mirada no podríamos caminar.

LA PIEDAD.

Ya repican las campanas de Santiago. Mis ojos se humedecen de tantos recuerdos sobrevenidos. Hoy me vienen a la memoria esos consejos que desde joven me dieron y cuántos valores mis padres me enseñaron. Sí, la Iglesia de Santiago alberga en mis sentimientos todo aquello que me hizo tener vocación de cofrade. Aún tengo en mi retina al Cristo de la Humillación que escoltado por tres soldados romanos abría nuestra procesión del Martes Santo.

Mi memoria me hace poner en valor y por separado dos de los tres pasos del Misterio. Aquél pesado y tosco que se adquirió en Sevilla a la Hermandad de la Santísima Trinidad, llamado en nuestro circulo, el “Paso Tanque”. Cuánto costó el permanente dorado de su canastilla y cómo lucía en los desfiles por las calles gaditanas, y luego nuestro Paso de Lucena que, con su estilo cordobés, tuvo un fatal desenlace cuando en unos temporales de Noviembre y siendo yo Hermano Mayor se hundió como el “Titanic” en la Bahía de Cádiz. Nunca pude olvidar aquella triste llamada de la policía, para comunicarme que el Paso de la Piedad se lo había tragado el mar. Pero todas las adversidades hemos sabido superarlas con la mirada de quien desde la Cruz, ya tiene taladrado sus pies y sus manos y de la llaga de su costado ha salido agua. Cristo bendito de La Piedad, soy cofrade como mis compañeros, porque Tú nos lo pediste, soy cofrade porque un día cuando me impusieron tu medalla me recordaste que profesar la religión católica no era fácil, que a tus discípulos los persiguieron y nosotros tus cofrades de Cádiz no íbamos a ser menos. Por eso, tu Madre, La Virgen de Las Lágrimas, sabedora de todo lo tuyo, nos llora cada día para que te invoquemos y sigamos tu camino aquí en la tierra.

¡Cristo de la Piedad!. Te debemos tanto que no sabemos cómo agradecértelo, pues cuando tu Paso dobla sus patas en la Puerta de la Catedral y Tú nos miras desde arriba es porque nos estás pidiendo que seamos testimonio y defensores de Nuestra Iglesia Católica. No podemos dejarte a solas Señor, nuestras debilidades hay que contrarrestarlas con hechos. Hoy, Señor de La Piedad, observamos cómo en los últimos años existe un fuerte ataque muy revanchista, insidioso y perjudicando a tu Iglesia y, precisamente, este ataque lo que persigue es apartar a esos más de 1.200 millones de católicos bautizados de tu Iglesia. ¿Por qué, Señor?, ¿Cuál es el objetivo?, ¿Por qué nos atacan? Algunos, Señor, olvidan que en España más de 5.141centros católicos enseñan y forman a más de un millón de alumnos, ahorrándose el Estado más de tres millones de euros por centro y año. Olvidan que en todo el mundo terminan sus estudios universitarios un 92% con cargo a los fieles católicos, mientras la educación laica estatal se paga con los impuestos de todos los católicos. ¿Por qué algunos y algunas olvidan cuántos hospitales regenta y posee la Iglesia Católica? ¿Por qué, Señor? ¿Cuántos dispensarios, terminales de sida, asilos, centros de discapacitados, centros hospitalarios y ayuda sanitaria ofrece la Iglesia Católica? ¿Cuánto gasta cáritas y Manos Unidas? ¿Por qué nos atacan Señor? Olvidan que 365 centros de reeducación para marginados sociales, ex prostitutas, ex presidiarios y ex toxicómanos son soportados por tu Iglesia Católica. Olvidan los 937 orfanatos que en toda España albergan a más de 11.000 niños abandonados. ¿Cuánto valen las personas, religiosos y religiosas que colaboran con las obras de caridad?, ¿se puede cuantificar eso? ¿Y las vidas de tantas monjas católicas ofrendadas sólo por el amor al prójimo?

Por eso Señor, desde tu Cruz me pides que como católico y sin miedo, me asome al atril de este pregonero para decirte que soy y quiero ser cofrade comprometido y si me cuestionan es que también lo hacen contigo como lo hicieron en tu vida pública Señor.

Por eso este pregonero, hoy más que nunca, quiere gritar a nuestro Cádiz que los cofrades gaditanos, sean de la Piedad o Nazareno, del Amor o Prendimiento, del Santo Entierro o Buena Muerte y de todas nuestras cofradías no tengan miedo, que ser cofrade no es sacrificio y que al igual que Tú nos enseñaste a velar por la verdad, nos entregaremos por Ti diciendo:

“Señor, quiero hacer alianza de fidelidad contigo. Tú eres fiel, enséñame tus caminos, enséñame a perder mi vida para ganarte. Señor, no olvides a estos hombres y mujeres de tus hermandades. Nuestro papel es el mismo, da igual cargadores, penitentes, acólitos y capataces. Todos te pedimos que sepas tenernos entre los tuyos y te rezamos esta oración:

Señor, tu perdón siempre es más grande que mi pecado.
Gracias por darme siempre una nueva oportunidad y
por activar en mí lo que había quedado paralizado.
Con este testimonio de cristiano y cofrade comprometido
quiero mirar a mi Virgen de Las Lágrimas y a Nuestra Sra. De
La Consolación y decirle:

“Son Tus Lágrimas Señora
alivio de mis pesares
calma de mis tempestades
y nueva luz de la aurora.

Cuando sales a la calle
la tarde del Martes Santo
me voy bebiendo tu llanto
que corre cual manantiales.

Voy caminando entre mares
cuando el sol te da la cara
y las olas se engalanan
con la sal de sus pleamares.

Y viene a mi memoria
recuerdos de la niñez
cuando por primera vez
me vestí penitente
y un martes te acompañé.

Cuánto contigo soñé
al salir de Santiago
con Jesús Crucificado
clavados manos y pies.

Esencias de primavera
bajo el antifaz llorando
y despacio caminando
agarradito a tu vera.

Por eso Cádiz lo sabe
siendo pañuelo al mirarte
y así poder consolarse
en Tus ojos virginales.

Esencias de primavera
lleva Tu palio enredado
entre varales de plata
y encajes de Tu tocado.

Claveles enamorados
van rodeando Tu talle
al compás sereno y claro
de cánticos celestiales.

Y al entrar por el Palillero
caminito de Novena
el sol se esconde en tu manto
dándote luz las estrellas.

La noche muere en silencio
y los luceros se asoman
para cantarte una nana
entre murmullos de olas.

Mi Virgen ya va rezando
entre suspiros de rosas
lleva en su mano un rosario
de amor y misericordia.

La cera quiere ser río
en los bronces de su historia
y lloran los candeleros
dándole luz a la gloria.

Esencias de primavera
vivencias de un Martes Santo
junto al Cristo de Piedad
que en una Cruz va clavado.

Esencias de primavera
que por Cádiz va jugando
entre estrellas y luceros
la noche del Martes Santo.

La Virgen mira a Jesús
y en un suspiro han quedado
fundidas las dos miradas
rotas por quererse tanto.

Esencias de primavera
ya está la Virgen entrando
y sus lágrimas se fueron
por esa calle rodando.

Que ya no llora la Virgen
la noche del Martes Santo,
esencias de primavera
por Cádiz fue derramando.

Hoy no acaba el Martes Santo como lo hacía antes, hoy Nuestro Padre Jesús del Mayor Dolor nos quiere acompañar y lo hace en ese encuentro de Jesús con las mujeres en la calle de la Amargura, camino del Calvario. ¡Qué bella estampa por la calle San Antonio Abad o Fabio Rufino, la que tiene la cofradía de la Sanidad!, cuántos profesionales de la medicina o inmersos en la salud te han acompañado y te acompañan.

Quiero tener un recuerdo muy especial para D. Evelio Ingunza Barcala, hombre entregado y comprometido con todo lo que referenciaba a Cádiz y que tuve el honor de tener como compañero en su condición de Teniente de Alcalde de Policía y Seguridad Ciudadana. Desde aquí este pregonero te manda un abrazo y tu legado está hoy a buen recaudo querido Evelio.

Cuánto podríamos hablar de la Sanidad, cuántos profesionales se esfuerzan por ayudar a tantos hombres y mujeres que tienen su salud quebrada. Por eso, desde aquí quiero hacer mención a la valentía de esos médicos, enfermeros, farmacéuticos, auxiliares y toda una gran familia que vela por la salud y que no están inmersos en la “píldora del día después” o colaborando en el aborto de tantas jóvenes, que sin saberlo, están aniquilando a seres indefensos.

Quiero recordar también a tantos sanitarios que con valentía cruzan fronteras para llegar a otros países dónde la sanidad está tan quebrada y escasa, para poner su sabiduría y su entrega al servicio de los más pobres. Cuántos misioneras y misioneros dedican su vida a curar, a sanar heridas, a reparar las rupturas de nuestro mundo y a aliviar y acompañar el dolor de aquellos que sufren enfermedades como el SIDA, la Malaria, la tuberculosis y tantas otras que parecen ser olvidadas por nuestro mundo acomodado e interesado solo en poner los avances científicos-tecnológicos al servicio de su propia conveniencia.

Nuestra Semana Mayor entra de lleno en el ecuador de sus días y lo hace con Cristo, camino de ese juicio falso que le hicieron. Nuestro Padre Jesús de la Salud, acompañado de la Santísima Virgen de la Esperanza, baja del compás de Santo Domingo y tras saludar a la Pastora Nuestra Sra. Del Rosario, de la mano de los P.P. Dominicos y especial del P. Saturio, le dice a Cádiz que si bien la fábrica de tabacos ya no la tiene cerca, sus mujeres guapas y cigarreras, siguen de mantilla su recorrido hasta el Calvario, pues las mujeres cigarreras no le han abandonado. Por eso, Virgen de la Esperanza quiero decirte:

“Loada seas María,
Reina de tu capilla
Eres consuelo en dolor
y refugio en la agonía.

Los que hoy te llevan al hombro
ante Ti hoy se arrodillan
latiéndoles el corazón
y gritando de alegría.

¡Qué guapa eres!
¡Qué guapa eres!
Esperaza mía”.

Llega la hora de tu Sentencia Señor. La Parroquia de la Merced ha salido a acogerte para que descanses mientras se lee el veredicto de tu condena. Tú ya la sabes, pero quieres que se cumpla lo previsto y te entregas con esa caña entre las manos a quienes hoy siguen juzgándote como lo hicieron entonces.

Cristo de la Sentencia, qué actual estás todavía. ¡Cuántas Sentencias como la tuya hay hoy en el mundo!, ¡cuántas sentencias injustas se dictan sin saberse el daño hecho! ¡Cuántas veces juzgamos a seres indefensos y desprotegidos por odio, envidia o venganza!, ¡cuántas sentencias son confeccionadas en muchos medios de comunicación y en esos programas de la televisión basura, por el mero hecho de ganarnos unos euros y destruir los valores existentes en nuestra sociedad! Por eso Señor, tu Madre del Buen Fin quiere consolarte y decirte que los cofrades de la Sentencia serán los defensores para que no existan juicios como el tuyo y no juzgaremos para no ser juzgados.

Mirando a la Virgen dolorosa me atrevo a decirle:

“Virgencita del Buen Fin
que no me digan a mí
que esa carita apená
no es de tanto sufrir.

Virgencita del Buen Fin
tu pañuelo lo delata
va mojado por tu llanto
al ver a tu hijo morir.

Pero no sufras Virgencita
que tu Cofradía enterita
ya va rezando por Ti
para secar tu pañuelo
en la ruta del Buen Fin.

Virgencita del Buen Fin,
cuando te miro a la cara
y te veo tanto sufrir,
me vas dando consuelo
para yo poder vivir.

Virgencita Dolorosa,
no sufras tanto por mí
que el blanco de tu pañuelo
no está empapado en carmín
que son lágrimas del cielo
que a tu cara dan consuelo
Virgencita del buen fin”.

Mientras, Señor, tu Madre la Virgen de las Angustias en silencio y con los ojos clavados en el cielo te lleva en su “caminito” totalmente destrozada.

Qué bello pasaje el de Nuestra Sra. De Las Angustias, que con su penitencia dolorida recorre las calles de Cádiz. Quiero pararme para recordar a uno de los pilares de esta Hermandad y que ya nos dejó hace poco tiempo. Eres tú, Pablo Chaves, hombre de entereza y gallardía. Tu enfermedad nos hurtó a un gran cofrade y hombre de bien, pero no pudo llevarse con tu muerte tanto bien como hiciste y tanto amor como has dejado a quienes te conocíamos.

Virgen de Las Angustias, tu hijo que ya goza de tu calor, déjale que se asome al balcón del cielo los Miércoles Santos, para que vea a su cofradía y pueda decirle a sus cofrades:

“¡Silencio, que todos callen,
que no se rompa el momento!.
¡Que en el mismísimo cielo
se pueda oír el crepitar del fuego cofrade
que arde en vuestros corazones!

La Virgen de Las Angustias me ha dicho hoy que su hijo que iba muerto, ya ha resucitado, por lo que la vida terrenal, más o menos larga en el tiempo, nunca es comparable con la que Él disfruta en el cielo. ¡Virgen del Caminito, cuida de mis hermanos como Tú cuidas de mí!

Pero la Pasión no ha terminado, el Bicentenario de nuestra Constitución de 1812 ha obligado por las obras en el Oratorio de San Felipe Neri a desplazar a Nuestro Padre Jesús de las Aguas y a Nuestra Sra. de la Luz a otra Iglesia donde radican los religiosos y la familia Marianista de Cádiz. Parece como si todo hubiera quedado en casa. Los Marianistas del Colegio de San Felipe Neri, ya acogieron tras la salida de la Parroquia de San Antonio a esta gremial Cofradía y ahora reposa en la Capilla del Pilar del Colegio de San Felipe Neri. Parece como si esta Cofradía hubiera seguido los pasos de este pregonero día a día. Mi educación y estudios se iniciaron en ese Colegio de San Felipe Neri junto al Oratorio. Allí pude disfrutar de esos valores que supieron inculcarme los religiosos marianistas y bajo la mirada y protección de la Inmaculada Concepción del Oratorio, recibí una formación cristiana de manos del entonces director, D. Victoriano Saiz Conde, y del inolvidable y venerable Padre Vicente, con quien tantas confesiones mantuve hasta su muerte. Era un verdadero santo aquí en la tierra, por lo que espero que pronto lo veamos subido a los altares. Mi recuerdo a todos y cada uno de los Religiosos Marianistas de los que tanto aprendí y a los que tanto les debo, teniendo especial recuerdo para el Padre Feliciano, ejemplo de sacerdote y mejor cristiano. Gracias.

El Colegio de “Puertas de Tierra”, como así le llamábamos, era mucho más moderno y funcional. Allí el “Coco”, aquél viejo autobús conducido por el inolvidable Román, nos llevaba y traía a quienes vivíamos en el centro de la ciudad y en su bonita Iglesia prendida por la Virgen del Pilar se encuentra establecida esta cofradía de La Luz y el Agua, a la que tanto aprecio le tengo, pues aún recuerdo que siendo muy niño, fue mi primera salida procesional junto al Paso de San Juan Evangelista, por lo que si su salida es de la Parroquia de Santa Cruz, de manera accidental, su Oratorio de San Felipe Neri, la ha hecho la cofradía más constitucional de Cádiz, pues para eso ha tenido el privilegio de vivir en lo que hoy se conmemora como sede de las Cortes de Cádiz y, definitivamente, ya en la Iglesia del Pilar se establece canónicamente.

Mi trayectoria pública me ha dado oportunidad de conocer a sus cofrades, pues tanto Eléctrica de Cádiz como Aguas de Cádiz son los principales pilares que sirven de ayuda para su desfile, por eso me siento orgulloso de ser el Presidente de Eléctrica de Cádiz que recibió la Medalla de Oro de dicha cofradía y el inmerecido longino que me acaban de conceder.

Nuestras Cofradías deben imponer respeto en las calles, la devoción no tiene que ser una demostración de fuerza, ni de fiesta. La Semana Santa de Cádiz, como todas, es una representación de la Pasión de Cristo bajo nuestra cultura, pero no debemos confundir nuestra natural alegría y entrega con la falta de respeto. Lo nuestro tiene que ser el respeto a la procesión, la forma más elegante de llevar nuestros Pasos, el hacernos respetar en nuestras salidas y recogidas en los Templos y eso nos marcará una hoja de ruta para nosotros mismos y quienes sin creer en nosotros van a vernos. Nuestras imágenes ya tienen sus devotos todo el año, pero no debemos competir como si de un trofeo se tratara, pensando que pertenecemos a Cofradías de primera o segunda división. Cristo nos pide humildad y a eso nos debemos. Ya bastante tenemos con quienes “explotan” nuestras costumbres y formas de ser, para rellenar páginas en los rotativos o documentales en las televisiones, pues a veces vemos cómo se ríen de nuestro llanto por el mero hecho de no salir a causa del mal tiempo. ¡Eso es, a veces, por nuestra propia culpa! No demos la oportunidad de que seamos utilizados y luego mal vistos con críticas que nada nos favorecen. Las cofradías tienen que llevar a cabo su misión evangelizadora, porque es la primera razón que tiene la Iglesia, como así lo estableció el Concilio Vaticano II.

Tenemos que ser capaces de conseguir que la juventud se implique y nosotros con ellos para que el relevo generacional, que por fuerza tiene que producirse, mantenga el esplendor de la Semana Santa y sea una garantía de continuidad. No podemos defraudar a los que con tanto amor supieron en tiempos pasados recoger el testigo para trasladárnoslo a nosotros.

La Semana Santa es la suma de siglos de sacrificio y esfuerzo, alimentada por la tradición, la sabiduría de los mayores y el impulso de los jóvenes, pero este impulso necesita un detonante y este lo tenemos que poner nosotros con la ilusión, con esa misma ilusión y entusiasmo con el que nos entregaron a nosotros el testigo, movidos sin duda por la Fe, esa Fe cristina que es la fuerza impulsora de nuestra Semana Santa.

¡Qué bonito es ver a esos niños todavía en brazos de sus padres o abuelos, cómo le mandan un besito al Señor o a la Virgen! en ese acercamiento que le facilita la procesión y las marchas procesionales que acompañan a las imágenes.

¿Qué hijo será capaz de olvidar la Fe de sus mayores, sobre todo cuando éstos no estén?, y acabará volviendo a ver la procesión allí donde sus padres o abuelos lo llevaban, por no decir de ocupar el puesto legado por ellos.

¿Qué hijo no recuerda ver a su padre emocionado en una salida de sus imágenes? ¿Cuántos padres e hijos se funden en un abrazo y con lágrimas en los ojos, y sobre todo, cuando el hijo recuerda a su padre porque ya no puede acompañarlo? Pero su hijo va allí, en las filas de penitentes con sus lágrimas bajo el capirote para que no lo vean, pues sabe que su imagen de Jesús o María son las mismas imágenes que desde que nació siempre acompañaban a su familia ¿Cómo se puede abandonar esa tradición?

Por eso quiero dedicar estos versos a esos hijos que han seguido el camino de sus padres y por lógica el camino de Cristo, tal y como los escribía Juan Lanzarote:

“La Cruz era un patíbulo infamante
y en ella puso Dios su carne herida,
y lo que era el ocaso de la vida
fue símbolo de vida en adelante.

La Cruz era muerte alucinante
por la barbarie humana concebida.
Y Dios le dio su carne estremecida
Y fue la Cruz su máximo sedante.

Y así la Cruz que infame se inventara
sobrecogió a Pontífices y Reyes,
cima de la corona y la tiara
y al esculpirse en mármoles y bronces
aquel madero en Cruz dictó sus leyes,
y fue un altar y un trono entonces”.

Nuestro mayor día de confraternidad ha llegado, Cristo reza en el huerto y desde la Parroquia de San Severiano, lo llevan en oración sus cargadores para esa agonía que le espera. A partir de ahora las cofradías del Jueves Santo se funden en una muerte anunciada para enseñarle a Cádiz cómo Cristo supo cumplir con su entrega de hombre y sufrir como uno más cuando pudo haberlo evitado. Pero no, Él sabía que nuestra salvación era su muerte y posterior resurrección y así lo hizo. Tras la Oración en el Huerto, a quien acompaña Nuestra Sra. De Gracia y Esperanza, Cristo nos llama para decirnos que sufre amargamente, pues nuestra sociedad civil va llena de parados y familias sin recursos. Y lo hace con esa mirada que desde San Lorenzo nos envía Nuestro Padre Jesús de los Afligidos, junto a Su Madre, María Santísima de los Desconsuelos. Es la misma mirada que tenía cuando lo llevaban para crucificarlo. Ya sube la calle Novena tras haber sido azotado con correas y cuerdas provistas, a veces, con nudos o bolas de metal. ¡Qué castigo más inhumano sufrió Jesús y cómo a veces lo ignoramos! Sin embargo, no conformes con este castigo, los soldados llevan a Jesús al Pretorio y desnudándolo le echaron encima un manto color escarlata. ¡Cuánta burla, indecencia, violencia y crueldad sufrió Jesús!

Por eso, para reparar este dolor, en la Iglesia de Santa María, “El Greñuo” o “El Señor de Cádiz” es llevado por sus cofrades y todo el Barrio de Santa María a ver las calles de Cádiz para que como Regidor Perpetúo, sepamos que sufre y llora por nosotros. Nazareno de Santa María, qué ganas tengo de verte para decirte que te necesito, que sin Ti y sin tu Perdón no somos nada. Nazareno mío, cuando bajas por Jabonería no dejes de mirarme que allí te espero y te miraré para que sepas que yo también lo paso mal, que como gaditano estoy inmerso en esas filas del paro, de la droga, de la incomprensión y de la falta de generosidad de esta sociedad que hoy tenemos.

Nazareno mío, ya no vas a la cárcel a verme como lo hacías otros años, pero esto de hoy es otro tipo de cárcel que Tú mejor que nadie sabe que es tan cruel como aquella. Te pido por tantos jóvenes que han fracasado y no encuentran el rumbo de sus vidas, cuántos matrimonios rotos por el egoísmo de no aguantar nada, cuántas familias rotas por la falta de valores de una sociedad mercantilista y vacía, cuántos y cuántos problemas que la crisis nos está “regalando” y cuántos estamos huecos porque te hemos olvidado. Por eso Nazareno de Santa María, este pregonero te quiere decir:

“Cuando sale el Nazareno
del Barrio Santa María
se vuelve la noche día
porque es Dios el que camina
buscando Jobonería.

Quien no haya visto esta estampa,
la noche del Jueves Santo,
no conocerá el encanto
de Cádiz en Semana Santa.

Quien no haya visto salir
de su Iglesia al Nazareno
no ha conocido el encanto
de estar en el mismo cielo.

El Barrio se le arrodilla,
le ayuda a llevar el peso,
el Barrio se siente preso
ante tanta maravilla.

¡Cádiz le espera impaciente!
¡Cádiz le busca y le sueña!
¡Cádiz se siente pequeña
haciéndose penitente!.

Y es que es nuestro referente
Él es Jesús Nazareno
su imagen marca el sendero
ante tanto indiferente.

Hay un niño que le mira,
y una madre que le implora,
hay una abuela que añora
los años que fue tras Él
recogiéndose a la aurora.

La saeta es oración
y el mecido se detiene
por este Jesús que viene
cargado de tanto amor.

Ya va por San Juan de Dios,
el Greñuo de los gitanos
todo Cádiz de su mano
espera la bendición.

Y al pasar la procesión
una estela va dejando
mientras que se va grabando
su estampa en el corazón.

Con su Cruz nos da el perdón,
con su silencio la vida,
no le duelen las heridas
a este Jesús Redentor.

Ya todo Cádiz camina,
le busca por la Catedral,
por Santiago al pasar
y por todas las esquinas.

Su Barrio se arremolina
pensando que ha de volver,
ya le quitó las espinas
y la Cruz con que camina
antes del amanecer.

Y así le espera otra vez
al llegar la amanecida,
dándole la bienvenida
a Jesús de Nazaret.

Se hace milagro la Fe
al llegar a su capilla,
todo Cádiz de rodillas
le demostró su querer.

Esta Cruz está hoy triste, la penitencia se agolpa en sus puertas para poder acompañar a su Cristo de Medinaceli y pedirle ayuda por todo lo que nos aqueja. Es como si todos los primeros viernes de cada mes, el Cristo supiera que su salida a la calle es obligada al igual que Él fue obligado y amenazado por nosotros y así poder redimirnos.

La Plaza Fray Felix quiere pararse por unos minutos para ver pasar a quien tanta ayuda le pedimos. Este año, al igual que aquellos a los que el sufrimiento los acompaña, el Cristo va delante de nosotros abriéndonos el camino de la esperanza, Cautivo y Rescatado es tu nombre de pila, Señor. Cautivo por nuestros errores y mentiras y por tanta patraña como a lo largo y ancho de nuestras vidas hemos permitido que te hagan en el rostro y en el cuerpo de los más débiles y pequeños de la tierra. Pero no importa, Señor, Tú junto a tu Madre, María Santísima de la Trinidad, nos miras y nos perdona cien vences cien. Hay que dar testimonio de cofrade y hacerlo toda la vida, como lo hizo tu hijo, Domingo Enrique Tejada, el cual te visitó el pasado 27 de Enero, cuando mirándote te dijo:
“Señor quiero estar contigo para disfrutar de Ti, por eso desde el cielo quiero que mi cofradía siga tus huellas y que todos sin excepción te miren y te vean como al mejor Padre que supo morir por sus hijos”. Desde aquí un abrazo, Enrique.

Pero, mientras Medinaceli lleva a sus cofrades por el buen camino, la Iglesia Castrense se prepara con la Guardia Civil a dar salida a su Cristo de la Expiración por las calles del Bicentenario.
¡Cuánto sufrió Cristo en la Cruz hasta expirar!, ¡cuánto dolor esa lanza clavada en la que todos sin excepción vamos a rendir a la hora de nuestra muerte por todo lo bueno y lo malo que hayamos hecho. Es la hora de todo lo consumado, donde nuestras vidas pasarán como por un video para que veamos los tropiezos y los errores cometidos, la hora de ver que posiblemente nuestro ego y afán de protagonismo haya dejado estela de su mal ejemplo para la sociedad. ¡Cuántas y cuántas cosas pasarán por ese video de la vida y dónde ya todo sea un final! Pero no importa, los Cristos de la Expiración, de la Buena Muerte o de las Siete Palabras, estarán allí para perdonarnos y decirnos que pasemos a disfrutar de la vida eterna. ¡Pero qué lastima!, cuántos hoy en el Siglo XXI han olvidado a Cristo, cuántos han preferido dar la vuelta y no entrar en la Iglesias de San Agustín, la Merced o la Castrense para que el Señor solamente con su mirada les diga:
“Acércate a Mí, Yo soy el pan y la vida, el que cree en Mí no morirá”.

Por eso, el Viernes Santo, el Silencio desde San Agustín quiere darnos un ejemplo más de cómo un hombre, que muere por nosotros, nos invita para que tengamos una oportunidad de encontrar a Dios en Jesucristo. Ahora es el momento de nuestra vida que ensambla con la eternidad. Toda acción humana conecta con el designio eterno de Dios sobre nosotros y con la vocación a escuchar a Jesús, seguirlo en todo y para todo y proclamarlo tal y como lo hicieron los primeros discípulos, tal y como lo han hecho y procuramos hacer millones de personas.

“Suprema imaginería
qué luminaria alumbraba
a la mano que tallaba
tan prefecta anatomía.

No se sabe la autoría
de esta talla ante la muerte,
que recuerda al Soberano,
que en tesitura tan fuerte
redime al Género Humano.
¡Nuestro Cristo gaditano
Cristo de la Buena Muerte!.

Estamos ante esta vida más o menos larga en el tiempo, pero siempre corta, pues la “apariencia de este mundo pasa”. Después una eternidad nos espera. Por ello, hagamos nuestro trabajo en la tierra con honradez y sacrificio, seamos discípulos muy comprometidos de la Iglesia Católica a través de nuestras hermandades, pues aunque seamos criticados de antemano, miremos a Cristo como se reían de Él, como le escupieron y abofetearon, pero pudo prevalecer, como el aceite sobre el agua, la valentía de Cristo que no se callaba ante la injusticia o la discriminación sufrida.

“Mi verso es ramo de flores
encendido de colores
para la Virgen más bella,
que va pregonando amores
y honda devoción por Ella.

Testimonio verdadero
mostrará la Fe que canta
mi verso breve y sincero,
¡llevo su bandera santa
con el corazón entero!.

Mi verso pide amoroso
la gracia de su mirada,
busca en el reflejo hermoso
un destello luminoso
de blancura inmaculada.

Quiero cantar oraciones
de respeto y cortesía,
y entre suave melodía
quiero rezar con canciones
como ofrenda cada día.

Que mi verso Virgen pura
sepa cantar tu hermosura
con acento musical,
que realce la blancura
de tu esencia virginal.

Que nos una estrechamente
y mueva a inclinar la frente
ante “La Piedad”, ahora,
y a los pies humildemente
de la Divina Señora.

La sociedad actual se ha llenado de comodidades y de servilismos. Todo nos ha parecido poco para vender hasta nuestra imagen en esas televisiones basuras donde el honor y la moral no valen nada, donde la prostitución encubierta parece hasta normal y donde la familia que era el lugar donde se nutren los afectos ya sólo sirve para nutrir los estómagos. Esto es lo que hemos creado y engordado cada día en este país llamado España, donde hasta poner el Crucifijo en los despachos o habitaciones es una vergüenza. Por eso, cofrades de Cádiz, si lo somos y queremos seguir a Cristo, prediquemos con nuestro ejemplo aunque seamos débiles. Ser cofrade es compromiso y no ha pasado de moda como algunos nos han dicho. Cofrades de Cádiz y de toda España, no consintamos más el menosprecio de quienes interesadamente quieren que sólo seamos denominados parte de la cultura del pueblo, somos lo que somos, cofrades y personas que desde hoy tenemos y vamos a decir muy alto ¡basta ya! Los cofrades tenemos la autoridad de Jesús y con eso basta. Entonces para qué le pusieron esa corona de espinas, para qué lo crucificaron entre dos criminales, para qué Simón Cirineo fue obligado a ayudar a cargar la Cruz de Jesús para que le dieran vino mezclado con miel, para qué se echaron a suerte su Túnica, ¿para qué tantas cosas como hizo Jesús por nosotros?. Pues seamos leales y ya que le conocemos, sigámosle. Pero para todo esto, también nos hace falta saber perdonar y saber pedir perdón todos los días, como desde el amanecer en la Parroquia de Santa Cruz, Nuestro Padre Jesús del Perdón y su Madre Nuestra Sra. Del Rosario, a su paso por Fray Félix, nos dice que con su ayuda todo nos saldrá bien. Perdón y perdón debe ser nuestras armas y para ello como pregonero elevando mis ojos al Señor, pues Él nos supo perdonar, levanto mi alma y digo, recordando a tantos cargadores gaditanos:

“Penitencia religiosa
del sentir cofradiero,
la mayor, la más hermosa
cumple el cargador señero
con su entrega generosa.

¡Qué esfuerzo noble, valiente,
glorifica en la carrera,
el cargador penitente,
por eso su sufrimiento es
como el de su doliente!.

Calle novena a la orilla
corazón a paso Horquilla
y en el aire sobre el suelo
hondo y amoroso celo
que el Perdón eleva hasta el cielo.

En mi Viernes Santo no quiero dejar de hacer mención a Nuestra Sra. De los Dolores Coronada, como así lo hizo posible Monseñor Ceballos el 17 de Septiembre de 2011. Fue un precioso acto lleno de emociones y que siendo la primera imagen dolorosa en estar Coronada en Cádiz, no puede ser pasada por alto. Mi Lola, como la llamamos muchos, mi bendita Virgen de los Dolores, cuantas y cuantas saetas te rezan por la calle, pero cuántos y cuántos parabienes das con tu intercesión a todos tus hijos. Por eso, bendita Madre, a tus pies doloridos por seguir a tu hijo en su agonía, quiero pedirte gritando Madre bendita mía:

“A mi Virgen Coronada
no quiero verla sufrir,
sus dolores son muy fuertes
cuando ha sufrido por mí.

La calle te mira y llora
porque sabe tu dolor,
pero la calle no sabe
que Tú lloras por amor.

Madre de todas las madres,
hoy te vengo yo a pedir,
que repares mis pecados
porque no te quise herir.

Tú sabes de mis cosas
como yo sí se de Ti,
que como Madre no hay otra
que me quiera más a mí.

Quiero reparar mis ofensas
que tanto te hicieron sufrir,
por eso desde la calle
te vengo hoy a pedir.

Madre mía Dolorosa,
Tú caminas al calvario
por la senda del dolor
haz de Cádiz tu capilla
y un santuario de Amor.

Aunque Tú vayas llorando,
no pienses que no te queremos,
son los muchos sinsabores
que en el mundo hoy tenemos.

Por eso te pido muy fuerte
y con los ojos llorando,
perdóname Madre mía
y desde hoy te prometo
que si tu corazón se abre
para mi arrepentimiento,
recibiré tu perdón
y el de tu hijo Jesús
que también lo está ofreciendo.

La madrugada del Sábado Santo tiene para este pregonero más connotaciones especiales. Era yo muy niño cuando el Padre Muriel organizó entre los congregantes de Cádiz la salida procesional de una sección de Penitencia de las congregaciones Marianas. La talla completa es obra del granadino Domingo Sánchez Mesa, realizada en 1955. Se trata de una preciosa Dolorosa mostrando una total soledad por la muerte de su Hijo. Su austeridad es tal, que es ejemplo de muchos devotos que siempre se manifiestan a favor de esta Dolorosa, por la forma de vestir y de ser llevada.

Como he dejado constancia, mi coeducación con los Jesuitas, me hizo que durante muchos años acompañase a la Virgen en su variopinto recorrido, pues cada año visitábamos a un barrio de Cádiz para dejar constancia de nuestro sentir por los más desfavorecidos y ello siempre bajo la tutela de los PP Jesuitas que eran los que nos avalaban como congregantes.

Antes de la salida procesional, teníamos y se tiene una hora santa ante el Paso de la Santísima Virgen, con dos velones encendidos como única iluminación de su cortejo y desfile por las calles de Cádiz. En su corazón se suele introducir una lista de quienes le acompañan para que la Virgen siempre los tenga presentes. Son escenas inolvidables, pues el fervor y el rigor con el que se realiza este recorrido, esta sección de Penitencia es muy poco usual en nuestra Andalucía.

Este pregonero recuerda con nostalgia y con cariño cómo durante muchos años fui con un megáfono rezando por todas las calles en voz alta y cómo ese rezo era compartido en silencio tanto por los congregantes que integraban el cortejo, como por las personas que veían pasar a la Virgen.

Desde aquí quiero pedir a mi Ecce-Mater Tua que me siga bendiciendo y que escuche más que nunca las peticiones que se le hacen en su recorrido, especialmente por tantos jóvenes que no tienen empleo y que poseen en estos momentos un futuro muy incierto. También por aquellos que han perdido el sentido de sus vidas, o por los que viven inmersos y sometidos al mundo de las tecnologías, porque sus familias no tienen tiempo para ellos y pasan la mayor parte de su tiempo “conectados” a un mundo virtual para olvidar el mundo real en el que viven. Creo que si de algo importante nos debemos de preocupar todos los que integramos esta sociedad civil es por la falta de valores que muchos jóvenes poseen, y en especial por la languidez de sus posiciones, pues los jóvenes tienen que ser nuestro futuro como así lo demostraron el pasado verano del 2011 en ese macro encuentro con su Santidad el Papa, en Madrid.

Tenemos que pedir por las vocaciones sacerdotales y religiosas. Sin ellos nada puede hacer valer a nuestra Iglesia como seguidora de Cristo. Por eso, al Paso del Ecce-Mater, pediremos a la Santísima Virgen por tan