El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

EL EDADISMO FRACTURA A LA SOCIEDAD

         En la actual sociedad está tomando  un auge inesperado  la situación que forma parte de la discriminación basada en la edad que se llama edadismo. Curiosamente,   la OMS ya incluye estereotipos, prejuicios  y prácticas discriminatorias que afectan de lleno en el empleo, la salud, la convivencia social, las relaciones laborales y un largo etcétera que va marcando a las personas,  tanto jóvenes como mayores en esta  plataforma llamada edadismo.

         Hoy, el edadismo existe no sólo para  los mayores, sino también para los jóvenes, centrado principalmente en la práctica de menospreciar a algunos mayores por el mero hecho de su edad o  a algunos jóvenes porque comparándolos con otros de mayor edad les tratan peyorativamente  una serie de estereotipos negativos culturales que asocian  especialmente  a la vejez con la disminución de habilidades físicas, mentales, culturales y profesionales, en especial,  los hacen discriminados  por la edad.

         Es frecuente que quien pasa a la jubilación  ya se le considere como algo que no tiene capacidad para seguir en la vida activa, pues se le trata como si no hubiese conocido nada en este mundo y  a veces en la informática, como auténticos analfabetos y otras como si su hoja de ruta de la vida ya no tuviera camino recorrido y todo lo que dicen y hacen lo consideran  como algo innecesario, desactualizado y con conocimientos obsoletos. Es más, el calificar a alguien peyorativamente de “abuelito” o esa frase muy frecuente de “ha quedado para cuidar a sus nietos” es como  si se le apartara de la vida y ya no fuese útil y se convirtiera en inútil, cosa que también a los jóvenes les viene, pero con enfoques distintos, pues en el empleo el edadismo y los mayores de 45 años tienen ya una diversidad de criterios que los califican  personas pasadas y que no pueden aportar ningún proyecto,  valor y talento a la empresa en la que se encuentran, por eso los mayores de 45 años están discriminados en los contratos de trabajo y tras un despido o un cierre de empresa donde ha estado toda una vida laboral, encontrar  un nuevo empleo se hace muy difícil porque es la propia sociedad la que los califica dentro del edadismo y, por tanto, es como si no tuvieran derecho más que a esperar la jubilación. Es más, el edadismo  también tiene género, pues las mujeres suelen estar más descalificadas que los varones y, en el entorno laboral están dentro de una clara discriminación,   ya sea por apariencia física o por envejecimiento, pero desde luego, se encuentran orilladas por una sociedad civil que parece que como no seas joven, altivo, apuesto   y con conocimientos no tienes cabida en ningún sitio.

         Todo esto, trae unas graves consecuencias de discriminación y en los mayores en especial, ya roza el delito, porque  jóvenes inmersos en esta sociedad que hemos creado  cuando hablan de los mayores lo hacen peyorativamente y, por supuesto, con descalificaciones como  el “viejo” el “abuelo”, el “tarado”, el “loco” y muchos adjetivos similares que  nada más que hay que sentarse en  un bus o transporte público para ver que el tratamiento hacia el mayor es de lástima y persona incapaz de hacer nada por sí sola y hay que sentarla.

         En resumen,  el edadismo se ha puesto insoportable y  vamos camino a que igual que se ha creado la discriminación por razón de sexo, edad, etc.,  y se considera que se vulneran derechos fundamentales, hay que buscar una estrategia que defienda a las personas mayores, pues aunque en algunas entidades bancarias solo sirvan estos mayores para no guardar una cola dentro del público, en definitiva  ya existen en algunos países  comisiones muy importantes para que en las Cortes Generales se  abran otras sobre el envejecimiento y  se considere que el tener más edad no significa nada  peyorativo, más aún, cuando en las relaciones laborales está creada la figura de la jubilación activa para que quien quiera seguir trabajando lo haga sin limitación alguna,  pero ya es hora de que algunos funcionarios públicos como por ejemplo  los Jueces, Magistrados y Fiscales no se jubilen forzosamente si se encuentran capacitados para seguir sus funciones, extensivo todo esto a otras muchas profesiones que  no siendo  físicas y de esfuerzos puedan desarrollar su labor con mucha mejor experiencia y conocimientos. Tener más edad no significa ni residencias de ancianos o asilos ni condenar a estos al ostracismo  humano, porque el hacerlo como hoy está ocurriendo es un auténtico delito, como ocurre con el racismo.

         Combatamos desde nuestra posición la lucha para que el edadismo no sea una moneda de cambio dañina para la sociedad y, en especial, para que quienes se consideran más capacitados que otros destierren esta palabra en beneficio de la igualdad  y de quienes tienen experiencia por sus años.