Ha salido a la sociedad como un cohete la Inteligencia Artificial como si fuese la panacea de que todo lo sabe. Jóvenes y mayores están llevando a cabo cursos de IA con una velocidad que parece imparable, dando resultados llamativos para quienes se desenvuelven a diario tanto en las redes sociales, como en los trabajos de cualquier parcela de la vida. Es cierto que está creando auténticos vagos del pensamiento, pues creen que la IA es prácticamente la solución de sus vidas para curriculum, discursos, libros, investigaciones clínicas, proyectos de arquitectura y comodín de cualquier actividad de las que hoy se desarrollan, observándose que la gran mayoría son fracasos previstos y en otras pues sirve como desafío para creernos que lo sabemos todo, pero cuando contrastas con la realidad, con la salud y con el derecho, te das cuenta que entrar en ese ciclo que nos están ofreciendo no tiene ni siquiera el 10% fiable de lo que buscas.
Todo esto tiene como consecuencia que quienes se desenvuelven en la parcela de la Justicia y del Derecho están observando los grandes fracasos que esto conlleva, pues recientemente se están recibiendo como apoyo legal resoluciones judiciales basadas en la IA que es de tal fracaso y desvergüenza que pone en entredicho a quienes la utilizan. Quienes nos movemos en el mundo del Derecho y, en especial, del Derecho del Trabajo, vemos como cualquier cálculo serio y objetivo sobre el contenido jurídico de un asunto ni se parece y saliendo por los cerros de Ubeda, te meten en un pozo antijuridico e ilegal que puede costarte graves consecuencias. He visto como calculando despidos, afrontando prestaciones de la Seguridad Social o emitiendo dictámenes sobre cálculo de salarios y pensiones es tal el error en el que te mete que no tiene por donde salir. Precisamente el Tribunal Superior de Justicia de Navarra ha dado una segunda oportunidad a una profesional del Derecho que por no revisar el borrador generado por una herramienta de IA, presentó ante el Tribunal 8 sentencias que no existían y se le ha advertido que la responsabilidad de lo que presenta ante la Justicia recae estrictamente sobre su persona. Es más, la Sala de lo Social del TSJ de Navarra ha decidido no sancionar esta ignorante o atrevida situación, pero queda advertida de que cuanto aportó generado por la IA es totalmente improcedente y de camino lanza una advertencia contundente a todas las profesiones jurídicas, porque el uso indebido de la IA en los Tribunales puede constituir mala fe procesal y acarrear sanciones económicas de hasta 6000 euros, pero curiosamente, no es la primera ni la ultima advertencia de los Tribunales, porque el propio Consejo General de la Abogacía ha advertido de que actuar con la IA como herramienta sin cotejar, acarrea graves perjuicios y mala praxis para los profesionales del Derecho. Como se puede comprobar la IA ha aparecido como un elefante en una cacharrería, pero no estudiar, no cotejar y no repasar diariamente la jurisprudencia certera puede traer consecuencias de desprestigio, pues los riesgos de utilizar o usar la IA generativa en textos profesionales puede tener grandes errores y sobre todo, generar una gran responsabilidad, pues esta herramienta no es sustituta de ningún profesional del Derecho, sino actúa como una función auxiliar del mismo, perdiéndose en la mala utilización, la profesionalidad que debe tener un operador jurídico, pues hay que contrastar siempre con fuentes jurídicas fiables lo que se escribe, lo que se dice y lo que se hace, pues estimo que éticamente un profesional del Derecho no debe utilizarla por los grandes riesgos que ello conlleva y porque en las profesiones de Abogado, Graduado Social o Procurador la IA es una mala praxis que puede acarrear suspensiones profesionales de largo alcance.
Por tanto, hagamos un uso debido en todo esto de la IA y en todas las parcelas de la vida, porque quienes la utilizan, sus consecuencias prenden fuego y podemos terminar quemados.
En resumen, si la IA no se utiliza como una herramienta que nos ayude a completar nuestros conocimientos, quienes estén inmersos haciendo y determinando lo que debe ser en esta rama del Derecho, terminarán como un juego de trileros.