El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

LA IA  NO ES FIABLE COMO FUENTE OFICIAL PARA LOS JURISTAS.

         Ha salido a la sociedad como un cohete la Inteligencia Artificial como si fuese la panacea de que todo lo sabe. Jóvenes y mayores están llevando a cabo cursos de IA con una velocidad que parece imparable, dando resultados llamativos para quienes se desenvuelven a diario tanto en las redes sociales, como en los trabajos de cualquier parcela de la vida.  Es cierto que  está creando auténticos vagos del pensamiento, pues creen que la IA es prácticamente la solución de sus vidas para  curriculum, discursos, libros, investigaciones clínicas, proyectos de arquitectura y comodín de cualquier actividad de las que hoy se desarrollan, observándose que la gran mayoría son fracasos previstos y en otras pues sirve como desafío para creernos que lo sabemos todo, pero cuando contrastas con la realidad, con la salud y con el derecho, te das cuenta que entrar en ese ciclo que nos están ofreciendo no tiene ni siquiera el 10% fiable  de  lo que buscas.

         Todo esto tiene como consecuencia que  quienes se desenvuelven en la parcela de la Justicia y del Derecho están observando los grandes fracasos que esto conlleva, pues  recientemente  se están  recibiendo como apoyo legal resoluciones judiciales basadas en la IA que es  de tal fracaso y desvergüenza  que pone en entredicho a quienes la utilizan. Quienes nos movemos en el mundo del Derecho y, en especial, del Derecho del Trabajo, vemos  como cualquier cálculo serio y objetivo sobre el contenido jurídico de un asunto ni se parece  y saliendo por los cerros de Ubeda, te meten en un pozo antijuridico e ilegal que puede costarte graves consecuencias. He visto como calculando despidos,  afrontando prestaciones de la Seguridad Social o emitiendo dictámenes  sobre cálculo de salarios  y pensiones es tal el error  en el que te mete que no tiene por donde salir. Precisamente el Tribunal Superior de Justicia de Navarra ha  dado   una segunda oportunidad a una profesional del Derecho que por no revisar el borrador generado por una herramienta de IA, presentó ante el Tribunal 8 sentencias que no existían  y se le ha advertido que la responsabilidad de lo que presenta ante la Justicia recae estrictamente sobre su persona. Es más,  la Sala de lo Social del TSJ de Navarra ha decidido no sancionar esta ignorante o atrevida situación, pero queda advertida de que  cuanto aportó generado por la IA es totalmente improcedente y de camino  lanza una advertencia contundente a todas las profesiones jurídicas, porque el uso indebido de la IA en los Tribunales puede constituir mala fe procesal y acarrear sanciones económicas de hasta 6000 euros, pero curiosamente, no es la primera ni la ultima advertencia de los Tribunales, porque el propio Consejo General de la Abogacía ha advertido de que actuar  con la IA como herramienta sin cotejar,  acarrea  graves perjuicios  y mala praxis para los profesionales del Derecho.  Como se puede comprobar  la IA ha aparecido  como un elefante en una cacharrería, pero no estudiar, no cotejar y no repasar diariamente la jurisprudencia certera puede traer consecuencias de desprestigio, pues los riesgos de utilizar o usar la IA generativa en textos profesionales  puede tener grandes errores y sobre todo, generar una gran responsabilidad, pues esta herramienta no es sustituta de ningún profesional del Derecho, sino actúa como una función auxiliar del mismo, perdiéndose  en la mala utilización, la profesionalidad que debe tener un operador jurídico, pues hay que contrastar siempre con fuentes jurídicas fiables lo que se escribe, lo que se dice y lo que se hace, pues estimo que éticamente  un profesional del Derecho no debe utilizarla  por los grandes riesgos que ello conlleva y porque en las profesiones de Abogado, Graduado Social o Procurador la IA es una mala praxis que puede acarrear suspensiones profesionales  de largo alcance.

Por tanto, hagamos un uso debido  en todo esto  de la IA y en todas las parcelas de la vida, porque quienes la utilizan, sus consecuencias prenden fuego y podemos terminar quemados.

En resumen, si la IA no se utiliza como una herramienta que nos ayude a completar nuestros conocimientos, quienes estén inmersos haciendo  y determinando  lo que debe ser en esta rama del Derecho, terminarán  como  un juego de trileros.