El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

LA ADMINISTRACIÓN ATROPELLA  AL ADMINISTRADO.

         Hace algo menos de una década,  acudir a la administracion para solventar cualquier inquietud o requerimiento que se te hacía,  te encontrabas, a grandes rasgos, con funcionarios diligentes  que te atendían, te informaban y hasta te facilitaban el trabajo  de muchas personas que con dificultosa preparación no eran capaces de acceder a todo el entramado que las administraciones poseen para su beneficio y su desenvolvimiento. Es más, los profesionales  de asesoramiento jurídico, más conocedores de esta situación,  iban a  la administración para resolver  aquellos interrogantes y así la petición, el recurso o la queja iba fundamentada e incluso ya matizada por algún que otro funcionario de buena fe que te ayudaba a aterrizar en el problema planteado.  Cualquier ciudadano entendía y así es,  que  la administración que está pagada con nuestros  impuestos, estaba al servicio del administrado, algo  que era incuestionable   y es más,  te respondían  con  buen tratamiento a muchos de los planteamientos que en todas las administraciones se hacían.

         De un tiempo para acá y, en especial, tras la pandemia, se ha ido implantando la informática y está llegando a tales cotas que  el administrado no tiene acceso  a nada  y la respuesta como mucho es un frío correo electrónico con una firma digital que  poco soluciona y que en muchos casos hasta confunden. Las administraciones, tanto de ámbito nacional como autonómica, provincial y local van  cada una por un sitio distinto,  no poseen programas ni similares y en muchos casos el silencio es la respuesta y peor aún,  cuando no sabes entrar en una web de ellas porque o se ha caído la página o cuando estás terminando tu cuestionario o requisitos caprichosos que te ponen, el sistema no funciona y se cae de la red. Si llamas por teléfono no te lo cogen y todo lo más, un contestador automático  inútil te responde con el pulsa 1, pulsa 2 y pulsa todo, pero soluciones no hay ninguna y tu nivel  de paciencia lo agotan con el consiguiente  malestar y opacidad que provocan. Si vas a solicitar una cita previa, como así lo llaman, te recibe el “pistolero” de la puerta,  el cual hasta te exige que le cuentes  tu vida  para ver él si lo tuyo es viable o  no es viable y no digamos cuando te mandan en esa cita a localidades de más de 100 km para que te resuelvan tu consulta o tu problema. En consecuencia, el administrado se siente impotente, no sabe a quién acudir y, por supuesto ni se le ocurra entrar en la administracion porque ni allí no hay nadie y la gran mayoría tienen el achaque del teletrabajo, es decir, tu presencia en invisible para ellos y ellos ni se saben dónde están ni te dan la cara olvidando a todas luces que cobran su sueldo gracias a tus impuestos. Un caos total donde la falta de personal y de control interno  lo estamos pagando toda la ciudadanía,   porque ni tenemos una administracion ágil, seria y por supuesto resolutiva y si eso lo hacen  con un ciudadano de a pie para poder acceder a cualquier trámite, lo mismo están haciendo con los profesionales que defienden, asesoran, gestionan   y resuelven los problemas del administrado, profesionales  que  ni se les oye ni se les admite ver a un funcionario cuando por lógica son personas documentadas que en una simple visita o llamada telefónica arreglan los entuertos de la administración, pero claro al funcionario no se le puede llamar y menos  saber quién resuelve el problema o queja que se tenga,  porque están como fantasmas escondidos tras los ordenadores y ni te responden a tus requerimientos y cuando  digo administraciones, me refiero a todas sin excepción, pensando  los “directores de las administraciones”   que con tener el administrado un  móvil y un correo electrónico ya  está todo solucionado, pues te bombardearan con notificaciones y  sms,  pensado ellos que tú tienes que estar velando  y sin dormir para cuando te llegue su correo electrónico que lo envían cuando quieren.

         Esto es a grandes rasgos lo que se vive hoy en las administraciones, un desprecio absoluto al administrado, donde escondido tras el sistema informático imponen sus notificaciones, sus requerimientos, sus acuses de recibo y la “biblia en pasta” y no te quejes si algo no te ha llegado, porque eso para ellos les trae sin cuidado, con haberlo  enviado desde su ordenador te dan por válido en muchos casos a partir del tercer día todo aquello que te notificaron y si eres un   profesional te hacen responsable de las notificaciones   de tus clientes, con lo cual están consiguiendo  que el ejercicio libre de las profesiones liberales abandone el campo de batalla  y llegará un momento que van a tener que  notificar sus resoluciones y sus caprichos  por medio de palomas mensajeras, ya que cada vez  existe  mayor aburrimiento e inseguridad jurídica de cualquier trámite y no hay forma  legal de acabar con todo este entramado existente  donde la situación se hace insostenible, las personas no tienen acto de presencia  ante la administración y se han apoderado de tal manera del administrado y justiciable que  te has quedado sin visión de lo que es trabajar en defensa de tus intereses y desconociendo quienes les pagan sus vacaciones, días propios, ausencias, descansos, huelgas y bajas médicas,  prohibiéndosele a los profesionales  hasta la entrada en las administraciones, salvo excepciones como ocurre en los Tribunales de Instancia donde hay que acudir a juicios, pero el resto, un caos.           

Se habla de los apagones  y se sabe las consecuencias que para la administración tienen, porque se encuentran en una isla en medio del desierto y creo que si durante el covid,  como manera excepcional, se impusieron muchas normas telemáticas, hoy que no lo tenemos,  afortunadamente, nos vendría bien un apagón para acabar con tanta informática basura y aislamiento que han hecho de la actual, la cual se encuentra torticeramente contra las cuerdas.