El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

LAS COFRADIAS TIENEN QUE ENSAMBLARSE EN LA IGLESIA DE HOY.

Los veteranos cofrades tenemos una cultura ya distante de lo que en aquellos comienzos de nuestras vidas nos fueron enseñando quienes nos prepararon y formaron para que, dentro de una hermandad o cofradía, aportáramos los mejores valores que en nuestra educación familiar habíamos aprendido, pero fuimos conservadores en las tradiciones cofrades y de hecho hoy, muchas de las costumbres que habían desaparecido durante la década de los 80 han vuelto a resurgir en aquellos aspectos tradicionales de restaurar nuestros enseres y, sin perder su identidad, hemos adornado nuestras imágenes para que, en el culto externo, sean más atractivas en la calle. Los tiempos que corren no son propicios más que para que un sector importante como es el turístico y cultural nos valore a su forma y seamos para ellos esa fuente de ingresos que sin agradecernos nada se aprovechan de esa Semana Santa no sólo para hacer caja en la hostelería y restaurantes, sino que para que el consumo sea mayor y sea una fuente de riqueza para las ciudades y todas ellas en función de la importancia de esa Semana Mayor. Sin embargo, muchos cristianos, solo de nombre, visitan nuestros templos y aprovechan con esa moneda de cambio que es el móvil para hacer fotografías y remitirlas al fin del mundo y decir que estamos en Semana Santa, pero una gran mayoría solo visitan los templos de año en año, donde sólo quienes les explican la historia tienen el recuerdo de lo que han visitado y de lo que han visto en la calle. Todo eso como culto externo lo valoro e incluso participo de él desde hace muchos años, pero ¿es esa la verdadera iglesia de hoy? Creo que no. El Papa Francisco, nos habla de una Iglesia Misionera que por extensión es la nuestra. Es decir, la actual que vivimos en los países desarrollados es aquella donde los párrocos y sacerdotes son gente sencilla que te habla de tú a tú y que ven la vulnerabilidad que existe en muchas parroquias de nuestras ciudades y a ellos quiero dedicarles estas palabras de agradecimiento porque, sin despreciar a las cofradías y dándoles su sitio, piden algo más de ellas. Nos piden entrega, oración verdadera, limosna, ayuda a gente sin trabajo y sin vivienda, nos piden todo aquello que la iglesia sabe y que algunos de nosotros no queremos saber, porque conocer las miserias de los demás, la violencia de género, el que no lleguen muchas familias a final de mes y que tengan que disimular sus necesidades en las colas de los comedores es muy triste, pero con sacar a la calle nuestras imágenes y mirar para otro lado en la verdadera iglesia, nos hace estáticos y conformistas, Por eso, cuánto bien están llevando a cabo órdenes religiosas y parroquias en detrimento de nosotros, los cofrades, que aun cuando muchas veces nuestra labor social se cumple, es verdad que es como la mano de barniz que se deteriora y que realmente aparece el color viejo de la madera. Es decir, poco para lo mucho que hay. Hoy, los jóvenes están mirando hacia el tercer mundo. Se están entregando por aquellos que no tienen nada y conozco en mi sangre, auténtica necesidad de gente que la vida les vale muy poco, que duermen en la calle y que buscan en los contenedores qué llevarse a la boca, o lo peor, no tienen ni una simple medicina para poder quitarse una infección o poder calmar un pequeño estado febril. Por eso, jóvenes de nuestra sociedad civil española están viajando y no, precisamente, de placer por esos países del tercer mundo para que junto a los nativos y gente misionera puedan cambiar la historia de miles de personas con su entrega y el anuncio del evangelio. Observo cómo en África existen centros de salud donde a diario un promedio de 120 personas acuden para combatir el SIDA, la tuberculosis, la hepatitis B y C, enfermedades tropicales como el Paludismo, y otras intestinales provocadas por aguas contaminadas. Pero eso, lo vemos de lejos, lo comentamos como un mérito, pero un poco más debajo de nuestro pies tenemos millones de seres que piden de esa iglesia la ayuda que no llega. Por tanto, seamos cofrades, ayudemos a nuestro entorno, miremos a nuestros Titulares, potenciemos esa cultura de culto externo, pero no seamos sepulcros blanqueados, porque a la postre aquí no se queda nadie y se nos conocerá por nuestras acciones y estilos y ser cristiano y ser católico no es ni más ni menos que estar comprometido y vivir en nuestra iglesia y seguir las consignas que se nos dan. Lo contrario es ponerte un capirote, cargar un paso y vivir en un aparente teatro que unos lo hacen en el Falla durante el mes de enero y febrero y a otros les toca marzo o abril, según caiga la Cuaresma. Desde aquí mi compromiso cofrade, pero también mi compromiso real con los pobres y con quienes nos llaman a nuestra puerta directa o indirectamente. Eso es ser un Cofrade ensamblado en la Iglesia de hoy.

Santísimo Cristo de la Piedad