Como cada año, miles de estudiantes van a iniciar una carrera universitaria, lo que les hace entrar en una nueva etapa llamada académica, pues la finalización de la educación secundaria trastorna la mente de muchos jóvenes, porque les supone un cambio muy significativo para poder afrontar algo que tiene incertidumbre. No estamos en la continuación de los estudios que han realizado, supone adaptarse a un entorno diferente, conocer a nuevas personas y poner en práctica todo aquello que entre sus antiguos profesores y familiares les lanza a la universidad donde existe una mayor capacidad de organización y donde el compromiso personal se hace inevitable.
La vida académica y, por supuesto, la universidad les van a dar un importante cambio social. Van a conocer compañeros de procedencias distintas, lo que les va a ayudar no sólo a crear nuevas amistades, sino a intercambiar experiencias y conocer inclusive ciudades a través de los colegas que no sabían su origen y su vivir diario, con lo cual la amplitud de la mente tiene que estar preparada no sólo para las disciplinas que van a conocer, sino para envolverse en un nuevo entorno que les dará experiencias, disgustos y tal vez lejanía de su vivienda familiar, por lo que la gestión emocional va a desempeñar un papel fundamental.
El inicio de esa carrera que han escogido y que a veces no la conocen por dentro es uno de los momentos más importantes de la vida de los jóvenes, pues creyeron en algo que escogieron aleatoriamente, pero luego el quehacer y trabajar en las aulas de la universidad les hará titubear sobre si lo que han escogido les va a sacar de dudas, porque una mayoría importante no van con vocación, lo cual supone que van desprovistos de lo que van a tener que cursar a partir de ahora y más de una vez querrán volverse a atrás o vegetar en ese primer curso simplemente esperando que concluya para que en función de los resultados obtenidos desistan de seguir o quieran cambiar a otra carrera, porque es cierto que muchos tienen claro lo que son algunas materias como la medicina, la enseñanza, la ingeniería, el derecho o las artes, pero si esta inclinación no es la que buscaba el fracaso está asegurado porque sin vocación nada tiene éxito.
Dicho lo expuesto, los estudiantes suelen tener miedo a equivocarse y, principalmente, a elegir una carrera que no responda a sus verdaderos intereses, por lo que aquí las familias suelen desempeñar un papel importante en la decisión académica de sus hijos, porque deben orientar no pensando más que en el porvenir e interés del joven, pero no en los intereses familiares porque les hubiese ido bien a familiares o a ascendientes, lo que de no cumplirse el objetivo del joven en esa elección, suelen fracasar tanto unos como otros, pues la presión familiar de continuar una tradición o de optar por estudios considerados de mayor prestigio no apuntan hoy a seguir un camino acertado, máxime cuando la influencia de esos estudios a la hora de terminar, se van a encontrar con un mercado de trabajo que no se ajusta a la realidad y menos a la elección que han llevado a cabo. Por ello, hay que meditar seriamente la elección de una carrera universitaria porque para obtener un titulo y dedicarse a oposiciones no debe ser el fin del joven estudiante, distinto es que esa oposición esté llena de su vocación profesional y sea la mejor solución para su vida cuando acabe en la universidad.
En definitiva, hay que buscar expertos en orientación educativa para que eduquen la influencia de reflexionar antes de elegir una carrera, conocerse a uno mismo y tener capacidad de decisión para que ese proceso complejo que combina expectativas, ilusión, desafíos y valores, estén todos en la misma pista de aterrizaje.
Hoy, por no saber elegir con vocación lo que es bueno para los valores del joven tiene un final infeliz, porque una vez que acaban esos estudios universitarios solemos oír esa frase de: “he estudiado esta carrera, la cual no me sirve para nada”, o “he llevado a cabo unos estudios que no tienen porvenir porque no encuentro empleo”, es decir, cuántos miles de estudiantes son egresados de las facultades y no saben a dónde ir, por ello, sería bueno que antes de acabar los estudios de secundaria y superar las pruebas de acceso correspondientes, los profesionales que ejercen como tales y viven de sus estudios y de su ejercicio profesional, deberían pasearse por esos institutos y colegios y enseñar de primera mano cuál es la vocación con la que ejercen para que los futuros estudiantes tengan la verdadera moneda de cambio que les servirá para vivir dignamente y no ser un fracasado que va de empleo en empleo cubriendo etapas que ni conoce para terminar una vida laboral llena de chinos en el camino.