El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

CUANDO UNA CRISIS SUPERA A OTRA CRISIS

Los tratadistas de la economía manifiestan que cada cinco años, en cualquier situación económica de una sociedad, hay puntos vulnerables que hacen que el sistema decaiga poco a poco para corregirlo y preparar una mejora de la economía de esas entidades y en su conjunto, de las administraciones públicas. Nuestro país, en el 2008, entró en una crisis irreparable y casi sin saberlo fue cayendo día a día en un pozo sin fondo y donde nuestros dirigentes con habilidad, pero engañando, nos hacían ver que dentro de la globalización de Europa, España tenía unos vaivenes reparables, pero que a medio plazo la influencia de la gestión política se alzaría con éxito para sacar a España de esa situación que cada español veíamos que iba a peor cada día. El fenómeno de la globalización ha supuesto que grandes corporaciones multinacionales actúen a una escala donde multiplican su poder, pero también van vulnerándose y producen consecuencias que se propagan, en definitiva, en complejas crisis y situaciones que para las que buscar soluciones para enmendarlas se hace casi imposible. Europa, en ese periodo de tiempo, pudo poner medidas que fueran contundentes y drásticas para corregir todo el entramado y regular lo que sobrevolaba sobre España, pero desde aquí mirábamos para otro sitio y nos hablaban de brotes verdes, extremo que nos hizo aparecer o aterrizar en una de las mayores crisis que el país ha tenido desde la democracia, pues la pérdida de empleo fue brutal, las empresas desaparecían por miles a diario y el suplir todo ello con inyecciones de dinero público, como cuando anda un pollo sin cabeza, donde aún recordamos el Plan E del Sr. Rodriguez Zapatero, tuvo un efecto multiplicar tan nefasto que la descomposición del sistema económico estuvo a punto de ser intervenido por la Unión Europea, pero se salvó por tablas, con proyectos drásticos y medidas contundentes que aun sin salir totalmente de esa crisis se planificaron reformas de toda índole para ir abortando y recuperando, por un lado, el mercado laboral y por otro, la economía en su conjunto, con recaudación mayor de impuestos, por la afluencia de cotizantes y por el mayor consumo de la sociedad civil que iba penetrando día a día en los mercados y turismo.

España no había salido de la crisis todavía, se estaba recuperando, pero nunca al 100% y tenía marcadas directrices con el visto bueno de Europa para levantarnos definitivamente y convertirnos en un país puntero. Nuestros dirigentes políticos pensaron que estaba todo solucionado, que ya no había problemas económicos y que el “cajón” estaba lleno de billetes para ir regalando con demagogia todo lo que algunos se inventaban o pedían. Los convenios colectivos iban subiendo, pero con prudencia y alborotando a los pensionistas y volviéndoles a mentir les hacían ver que el dinero no era de nadie y que, por tanto, tirar de ese “cajón” y sin reponer, no tenía límites. Al final, hoy, en el 2020, estamos todavía con unos presupuestos conservadores y gracias a ellos la situación no se ha descompuesto en el 100%, pero claro, nos llega la pandemia, todas las promesas se funden en inseguridades y no saber cómo afrontar esa crisis sanitaria, tiramos de las reservas más de lo que teníamos, el déficit se desborda y todas las promesas electorales que prometían sin base, se han descompuesto como un cadáver al sol. La crisis no solo se ha multiplicado por dos, sino que las perspectivas venideras y la improvisación no tienen parangón para afrontar cuánto se nos viene encima. Estamos pagando un precio muy alto en desempleo, en pensiones, en salarios mínimos inesperados e infundados y no digamos en prestaciones sociales, para dar a la sociedad medios de subsistencia eventuales y no tener un horizonte definitivo, porque se desmorona el país minuto a minuto. Los propios tratadistas de la economía ya están valorando que aun cuando la pandemia pase y ojalá sea así, y empezáramos de cero, es tal el volumen de deudas adquiridas y de proyectos sin iniciar que no se va a arreglar salvo que existan medidas austeras y contundentes que corten potencialmente nuestro sistema económico de prebendas y gasto público, pero ello, desde la Administracion central hasta el último Ayuntamiento, ya que mirar a la luna, esperar que Europa nos arregle el problema y con unos gestores que hacen aguas por todas partes, España no tiene más alternativa que un gobierno de concentración donde todos arrimemos el hombro, donde el sacrificio sea espectacular y donde el gasto publico desaparezca con medidas de cortafuegos, pues de lo contrario, el rebrote de la crisis se volverá a llevar a muchos mercados a la vía letal, como está ocurriendo y para salir de esto tendremos una juventud sin esperanza y un retroceso de aproximadamente quince años. España no va bien, pero ¿nuestros dirigentes nos dan soluciones? Ninguna. De seguir esto así vamos a tener que subastar el puesto de Presidente del Gobierno y sus ministros, porque a ver quién es el guapo que coge las riendas de un coche de caballos pencos y atrofiados.