A principios del siglo XX se estableció que la edad para jubilarse y así marcar unos parámetros de jubilación fuesen a los 65 años, es decir, llegar a esa edad suponía no solamente el haber acabado una vida laboral, sino que tras la misma la esperanza de vida era tan corta que el sistema de pensiones era duradero en su pago con un máximo de aproximadamente 4 ó 5 años. En estos momentos, donde las pensiones está atravesando una difícil situación y donde no sabemos cómo será el fututo de las mismas, los distintos gobiernos, tanto de la Unión Europea como especialmente el nuestro, han variado tímidamente los 65 años que se estableció hace más de un siglo, en un par de años más, pero donde las jubilaciones anticipadas y los derechos para adquirir una prestación no son nada difíciles y hacen que tengamos que pensar que el verdadero problema de una jubilación ya no es el que no existan cotizantes para afrontar a los pensionistas, pues para no molestar al electorado todo el mundo quiere jubilarse lo más pronto posible y tener una prestación suficiente para no dar un golpe al agua. Entiendo que tenemos que afrontar con seriedad que la edad de jubilación no puede ser entre 65 o 67 años. La longevidad ha subido y en estos momentos la expectativa de vida ya está establecida como mínimo en 83 años, es decir, casi 20 años más de los que al comienzo de 1900 se señaló como edad de jubilación, por lo tanto, lo que realmente hay que afrontar es una jubilación de al menos los 75 años, pues estamos comprobando cómo quienes se jubilan están más tiempo percibiendo la prestación económica que las propias cotizaciones y eso es patente en todas las pensiones del sistema público, pues si una persona tras jubilarse se dedica a los mismos menesteres que tuvo en su vida activa, es que la edad de jubilación que tuvo no fue la correcta y no digo correcta en la cuantía, digo en la edad. En Alemania y así se ha hecho en España en tiempos del Gobierno de Rajoy, se ha implantado la jubilación activa. Es decir, que el ciudadano puede jubilarse dentro de los requisitos que marca la norma con la edad de 65 años y percibir una prestación del 100% por jubilación y encima seguir trabajando. Lógicamente un aliciente para tener en cuenta, pues antes muchos no se jubilaban porque esa norma no existía, pero hoy un porcentaje que por cierto no es muy algo, lo está llevando a cabo y compatibiliza su trabajo con la prestación pública. Es más, en estos días y por imperativo de los Presupuestos Generales el que esté jubilado y tenga una mutualidad privada y siga trabajando le descuentan un 9% de “solidaridad”, lo que conlleva que se está encubriendo una jubilación y no existe el valor suficiente para decir cuál es el parámetro o edad adecuada para jubilarse, ya que en algunos casos, como puede ocurrir en algunos funcionarios, pueden alargarla hasta los 72 años de edad, lo que supone un galimatías de números y de despropósitos por agravios comparativos que nadie sabe cuál es la verdadera edad de jubilación.
En definitiva, los estudios sociológicos nos están marcando que hay que tener más años de cotización o bien de trabajo, porque de seguir así ni mochila austriaca ni nada parecido nos va a sacar del boquete en el que nos encontramos y eso puede dar lugar a que la jubilación sea morir con las botas puestas, ya que si no hay medios económicos para afrontar un panorama tan deficiente, el futuro no es nada esperanzador.
Sé que existen actividades que lógicamente con 75 años supondría llegar con una marca de desgaste imprevisible, pero para ello se deben sentar en una mesa y sin partidismos personas conocedoras del mundo laboral para ir haciendo parámetros de edades, como ya ocurre en la Marina Mercante o en la pesca, pero café para todos con una edad donde el número de 65-67 sea el marcador de tu jubilación no tiene ni orden ni concierto, por lo que afrontemos con sentido de la responsabilidad el futuro de la jubilación, ya que de lo contrario de aquí a 15 años el jubilarse existirá para aquél que no lo necesite y teniendo en cuenta que si no hay un baremo orientador bien trabajado y no a ojo de buen cubero como se hizo en 1920, el fracaso está totalmente asegurado. Lástima es contarlo, pero más lástima va a ser el padecerlo. Atentos que esto tiene un recorrido muy corto, si no existe la alternativa de la edad. Y, por último, también habrá que retocar los descuentos de IRPF a los jubilados, como está ocurriendo con los que padecen una prestación de incapacidad absoluta, que ni declaran la prestación ni tributan a Hacienda; otra injusticia que con 65 años de los de hoy, el ser invalido o ser jubilado no puede tener esa discriminación.