En estos últimos años estamos comprobando cómo la Formación Profesional (en adelante FP), está aumentando progresivamente en el número de alumnos y se comprueba cómo posee más líneas de actuación en sus estudios, es decir, que quien termina la ESO, están optando a una FP que en años precedentes no tenía esa vocación para la que fue creada y muchas veces era utilizada como trampolín para un fin que no era el suyo, pero sin embargo están llegando más alumnos con el bachillerato ya realizado y se nota que ante las perspectivas del mercado laboral, los jóvenes tienden a la FP como una salida laboral, muchas veces más segura que cualquier otra disciplina universitaria.
La titulitis en España siempre ha sido como una meta a seguir que imprimía carácter a quienes obtenían un título universitario. Es más, en tiempos de la licenciatura parecía que quien la obtenía ya poseía una tarjeta de visita de mayor rango que otras y aquí me quiero parar entre la distinción, a veces peyorativa, que existía entre la Diplomatura y la Licenciatura, pues quien obtenía la segunda rellenaba mejor su curriculum para oposiciones y esperanza de trabajo por el mero hecho de que eran estudios superiores, cosa que hoy con el grado, la jerarquía de titulaciones se ha quedado en la misma línea aun cuando las profesiones sean distintas, ya que Europa ha sabido intervenir adecuadamente y las universidades han tenido que matizar que la igualdad académica, salvo medicina y arquitectura, existe.
Tal vez, aprovechando que la titulitis no da mejores puestos de trabajo y que los jóvenes no se colocan en las empresas por tener un título universitario, la FP está ocupando la verdadera necesidad de especialistas y está abarcando la necesaria idiosincrasia que tiene una empresa e, inclusive quienes la cursan están obteniendo mejores resultados de lo que se esperaba, pues ya existen encuestas en el sentido de comprobarse que el desempleo afecta hasta seis veces menos a los jóvenes de FP que a otros, lo que en resumidas cuentas, el empleo juvenil puede estar resurgiendo con mejores perspectivas a través de la FP.
En estos momentos estamos asistiendo a un Proyecto de Ley Orgánica de Ordenación e Integración de la Formación Profesional, el cual fue presentado en el pasado Consejo de Ministros del 15 de Junio y en palabras de la Ministra de Educación, manifiesta que la formación profesional es “la palanca que ayuda a hacer realidad” la transformación de España y que, por tanto, mejorará la educación de los jóvenes y de todos en general.
Dicho esto, siempre cada Gobierno que sale del Parlamento menciona con preocupación el empleo juvenil y siempre busca soluciones para que los jóvenes opten por una FP que les dé una ocupación efectiva, repartiendo de una forma y manera no equitativa millones en becas para la FP que por sus cuantías han sido utilizadas con unos fines, más bien mercantilistas que de formación y lo que se ha repartido en este apartado presupuestario no se ha reflejado nunca en un resultado final. Es decir, han existido más becas y becarios que titulaciones de FP efectivas, lo que ha puesto de manifiesto que se ha ido más por la cantidad que por la calidad, pero no cabe duda que al poner en la FP ciclos de los grados C y D, lo cual tendrá carácter dual, es decir, incluirá un periodo de formación en empresas y se dividirá en dos tipos que se llamará FP general y FP intensiva, hace que quien en la empresa se forme entre el 25 y 35% de la total formación saldrá más beneficiado.
Hoy, según datos del Ministerio, en España solamente el 12% de los estudiantes son de FP frente al 25% en la OCDE y el 29% en la Unión Europea, por lo que si tenemos en cuenta que en el año 2025 el 50% de los trabajos requerirán un nivel medio de cualificación de técnicos de FP, no alcanzamos esa cota que se atisba para dicho año, lo que pone de manifiesto que tenemos que potenciar la FP de una manera importante y no conocemos todavía que ese Proyecto de Ley que está en el Parlamento sea la solución para ello, porque los estudios deben estar potenciados no solo por la vocación de quien lo hace, sino dotando al profesorado de una autoridad suficiente y no como ahora que se encuentran indefensos tanto moral como de manera docente, pues a estos que imparten las disciplinas de la FP no les faculta la Ley para poseer la suficiente autoridad moral sobre los alumnos y, por tanto, carecen del atractivo del docente que no es otro que imprimir carácter a las disciplinas que imparten y tener autoridad para poder repartir criterios vinculantes entre el alumnado, pero ir cada uno por un sitio como ocurre ahora es tener la “casa” alborotada y no ser corresponsable entre los dos elementos esenciales de los estudios de FP, quienes son por un lado el profesorado y por otro el alumnado, pero con un respeto, autoridad y carácter que haga de esos estudios unas disciplinas insustituibles para el ejercicio laboral posterior de quienes las cursan. Con todo ello, la FP estará imprimida de un barniz especial que no tendrá que envidiar nada a la titulitis y no será ni peyorativa ni menor, será lo que debe ser y existe hoy en Europa, una FP competitiva, atractiva y llena de un horizonte laboral próspero.