Al hablar o mencionar la palabra pandemia nos estamos situando en tantos y tantos acontecimientos fallidos que las distintas olas del COVID-19 ha traído sobre la humanidad y que desde marzo/2020 nos ha descontrolado cualquier aspiración de prosperidad que la sociedad tenía marcada. El mundo ha estado revuelto. Los muertos han sido de tal envergadura que ni existen controles sobre la pérdida de humanidad que hemos tenido y, por desgracia, España ha estado asustada y recogida en retaguardia porque no se sabía el alcance y final que la pandemia tenía para con nosotros.
Hoy estamos resucitando todo aquello que hemos perdido; están las medidas laborales tomadas acabando su misión y los ERTES enterrándose, pero la economía que ya parece que empieza a caminar no encuentra parámetros para seguir la senda de lo que se tenía antes del comienzo de la pandemia.
Los españoles no conocíamos algo similar. Hacía ya un siglo que tuvimos otra que también acabó con miles de personas y que con vacunas y medios que se pusieron decayó en pocos años y resurgió una nueva vida, pero hoy la sociedad que al principio estaba conmovida y asustada viendo caer a sus seres queridos por miles, ha empezado a poner el video de la vida y analizar lo que se ha hecho mal y lo que se ha hecho bien. Por eso, si analizamos las sentencias del Tribunal Constitucional, las cuales han anulado el régimen de control al gobierno en el Congreso, es algo tan grave que pone de manifiesto que hemos tenido unos gestores desproporcionados y dando palos de ciego sin saber a dónde nos llevaban. Ha propiciado hacer responsables a las Comunidades Autónomas, dejando sobre estas la responsabilidad del confinamiento y repartiendo según su parecer, vacunas de distintas farmacéuticas tal y como le daban las ganas y mintiendo con la existencia de una comisión de expertos que ni han existido ni se saben quiénes eran y parece como si eso no tuviera trascendencia. Es decir, nos han metido en formol político durante un tiempo, las Cortes Generales no han funcionado y los parlamentarios han estado no sólo con la mascarilla sino hasta con un esparadrapo en la boca porque no podían ni preguntar. Es decir, un vacío legal lleno de reales decretos al antojo del ejecutivo y con un Presidente que daba mítines todas las semanas para engañarnos y convencernos de que las medidas que se tomaban eran las más oportunas, cuando sabíamos que ni tenía medios y encima se dedicaba a enfrentarse a toda aquella Comunidad Autónoma que le hiciera frente, como ocurrió con la Comunidad de Madrid.
Se han quedado muchos cadáveres en el camino, nadie habla de responsabilidades y ahora cuando recibe varapalos de los Tribunales por su mala actuación, más de un ministro o ministra critica al Poder Judicial porque encima quieren hasta revisar las sentencias que les han sido adversas o chulear políticamente hablando en mítines de partidos manifestando la titular de Hacienda que el lunes próximo lo que ha anulado el Tribunal Constitucional yo lo apruebo de nuevo a mí manera en el Consejo de Ministros, en referencia a la injusta plusvalía. Todo se resume no solamente en una pésima gestión, sino lo peor es lo que viene, es esa pandemia que nos va a tocar el bolsillo, nos va hacer económicamente débiles y ya se comprueba la cantidad de subidas de impuestos y productos de primera necesidad que encarecerán no solamente el mercado, sino el conjunto económico y próspero de España.
Hablan de reforma laboral como si fuera la panacea para crear empleo y a los dos días, la titular de Trabajo pide silencio y que los agentes sociales debatan entre ellos qué quieren. Es decir, de intervenir a dejar un barco a la deriva porque no es capaz de buscar ningún vericueto para arreglar el mercado de trabajo y no olvidemos al sabio ministro de Seguridad Social que ahora resulta que subir las cuotas de las cotizaciones es la única medida que encuentra para poder pagar la paga extraordinaria de navidad de los pensionistas. Es decir, palos de ciego, mucho humo, mucha literatura y nada de lo que dicen convence a nadie porque hablarle a los sindicatos de mejoras es como predicar en el desierto, pero olvidan los muy inútiles que estamos en Europa y tanto los Presupuestos que dan por aprobados como el gasto público desorbitado que ellos tienen son un brindis al sol que el papel todo lo admite, porque Europa nos va a prestar dinero, pero antes quiere ver en qué lo gastamos, porque para cheques bebes y darle a los jóvenes dinero para ir al cine, no es más que sacarles a sus padres del aumento del IRPF tales cuantías para hacer populismo, pero ni sabemos a dónde vamos y sólo conocemos que al parecer las navidades serán mejores, pero claro, ya están aquí las huelgas y ya están aquí las manifestaciones y ya están aquí las presiones de los transportistas que de prosperar puede ser un caos absoluto, no solo para el consumo sino para la sociedad en general, sin olvidar que del coste de la electricidad no habla nadie y soluciones para los más débiles y vulnerables ni la encuentran ni lo saben. Es decir, no solo estamos endeudados hasta lo más alto, sino que luego cada socio del gobierno ha pedido su “tajada” en los presupuestos, sin importarles que cuando esta legislatura termine o se disuelva, que será lo más seguro, las cuentas no las conocerán porque no habrá máquinas calculadoras que puedan aguantar tantos dígitos en negativo.
En resumen, la pandemia que nos viene estará mezclada por un lado por la salud física y por otro, por la salud económica, pero como gobierna la izquierda y se adueña de la calle, todo se dejará para cuando entre otro gobierno conservador y entonces se le echará la culpa hasta de por qué murió Viriato.