La reforma laboral del 2012 no cabe duda de que ha sido muy positiva para el mercado laboral, pues las relaciones laborales, desde entonces hasta hoy, han resultado adecuadas para ese mercado que tras la crisis que se padecía ha levantado empresas y en poco podía modificarse, salvo los distintos matices que la Jurisprudencia había ya corregido y que obligaba a volcar por imperativo legal unas modificaciones puntuales que estaban cantadas por quienes aplicamos la normativa en toda la legislación que regulan los contratos, el despido y aquellas puntualizaciones que en el Estatuto de los Trabajadores había que matizar.
El actual Gobierno alardeó de hacer una reforma laboral profunda, donde avisaba de manera permanente que lo habido en el 2012 iba a ser totalmente descolgado para aplicar nuevas normas progresistas donde los sindicatos, trabajadores y empresas tenían que navegar en tiempos nuevos. Es más, la Ministra de Trabajo, con la boca pequeña muchas veces hablaba de modificaciones, pero nunca concretaba en qué consistían, mientras que con la boca grande, daba pinceladas a la reforma que parecía como si fuese a existir un antes y un después para el mundo del trabajo, pues desde la llegada al Gobierno, estábamos todos permanentemente amenazados con un “profundo” cambio.
Tras lo aparecido en el BOE el pasado 30 de Diciembre, todos los fuegos artificiales que se lanzaron en esta reforma han quedado prácticamente en retoques y en una inseguridad jurídica terrible, pues los despidos, en cuanto a las indemnizaciones, se han quedado como estaban y los contratos de trabajo más que proyectados hacía un futuro para una mejor creación de empleo, se han quedado en una nebulosa compleja, donde basado todo en los contratos denominados basura y temporales, como así se ha vendido, se han revuelto para no quedar más que en una compleja situación jurídica, donde de aquí a tres meses, vamos a ver cómo el empleo disminuye y cómo la contratación no será más que en aquellas circunstancias de carácter indefinido y con la desaparición del contrato por obra o servicio determinado, que ha sido la estrella de la derogación de esta mini-reforma, ha dejado una inseguridad en el horizonte de las relaciones laborales que o lo aclaran o la situación se hará mucho más débil de la que hoy tenemos, pues si ahora se atisba que el Congreso de los Diputados no ratifica este Real Decreto-ley 32/2021, de 28 de Diciembre y tiene que llevarse a cabo por medio de un proyecto de ley, las enmiendas de los Grupos Parlamentarios echarán por los suelos ese acuerdo de los Agentes Sociales, lo que llevará a una mala reforma y seguro que no terminará en una mejor creación de empleo, sino todo lo contrario, pues el empleador verá un muro de contención tal en la contratación que pueda hacerse con la de fijo discontinuo, la cual podría convertirse en un cajón de sastre, que la precariedad, el fraude y la litigiosidad harán de esa reforma una batalla jurídica. Esperemos a los que se nos viene, ya que de por sí, lo que ha salido es inseguro y sin horizonte, para lo cual esta mini-reforma con matizaciones, instrucciones e interpretaciones jurídicas, podría ser menos mala, pero si el legislador le mete la pluma y hace de ella lo que a su criterio y su parecer quiere llevar a cabo, nos vamos a encontrar con algo que no tiene precedentes en nuestro ordenamiento jurídico y lo que es peor, si Europa tampoco ve con buenos ojos lo que se le presenta, entonces ni esto es reforma, ni esto es nada, porque los Fondos para la formación, para el empleo y para determinados colectivos, quedarán en aguas de borraja.
Esto, no ha terminado, pero lo que es peor, tampoco ha empezado, por lo que nos hará a quienes conocemos la rama del Derecho Laboral, quedarnos en el limbo hasta que alguien o algo nos cambie el horizonte inseguro que tenemos.
Una reforma laboral no se hace para destruir la que un gobierno anterior ha llevado a cabo. Su fin no es otro que el crear empleo y siempre que las circunstancias económicas de un país lo necesite, por lo que ante tanta incertidumbre y tanto alboroto con enfrentamientos dentro del propio ejecutivo, el horizonte no es seguro y lo que es peor, no se vislumbra ninguno.