Con la llegada de la transición se nos abría un bello camino de abandono de rencillas y odios que parecían como si los españoles volviésemos a encontrarnos de nuevo y empezar a resurgir en nuestros encuentros la llama de la benevolencia y emprender un horizonte de logros, tanto entre familias divididas por la resaca de la guerra civil, como en el aspecto más profundo de los valores democráticos.
Así hemos avanzando desde la muerte de Franco con más o menos aciertos, pero todo el arco político ha sabido respetarse y cumplir las reglas que nos impusieron con nuestra Constitución, la cual hoy sigue sirviendo de guía, pero para muchos ya no es más que una carta obligada y llena de obstáculos que no se quiere cumplir, mientras que para otros es un deber a llevar a cabo y que significa la herramienta que tenemos que utilizar para entendernos y llevarnos bien en todo lo que significa el Estado de Derecho. Todo ha ido con vaivenes de colores políticos distintos y en sus filas, todos los partidos políticos han contado con personas idealistas, pero convencidas de respetarse unos a otros y las Cortes Generales han sido una fuente permanente de gobiernos con matices muy distintos pero respetuosos y conscientes de que llevando la Constitución como emblema principal, la vida política y social de España no iba a decaer. Sin embargo, las nuevas generaciones no han sabido engancharse y encaramarse a ese caminar. Muchos de ellos, que no conocieron los avatares de la dictadura, empezaron por creerse autosuficientes y el sistema se ha ido deteriorando poco a poco y donde los que ocupaban altos puestos o cargos públicos para servir a España, han creído que esos cargos eran para servirse ellos y vivir de la política, pasando a ser profesionales de ella y a mantenerse en estos cargos de manera perpetua, pues no tienen otro porvenir profesional ni proyecto de vida.
Los dos grandes partidos de la democracia actual no han tenido el soporte adecuado para corregir a muchos de sus mandos, por lo que la corrupción entró en ellos a través de personas desaprensivas que ensuciaron sus siglas y pagaron por ello muchos políticos honrados, trabajadores y de prestigio, al ver entre los compañeros de partido gente que hoy están condenados por corrupción por los tribunales de justicia. Eso dio pie a que otros oportunistas se plantaran en la Puerta del Sol para reivindicar transparencia y engañar a muchos que desengañados creyesen que lo verdadero y bueno no era lo pasado y trabajado por quienes consiguieron la transición parsimoniosa y mejor para España, sino lo que venía, que era destruir todo lo edificado y construir un Estado similar a los existentes en Venezuela y países similares.
Estos oportunistas de la Puerta del Sol, que vociferaban contra el sistema instituido y democrático, alardeaban de honradez, de transparencia y de paredes de cristal, pero cuando engañaron a tantas personas para que les siguiesen y éstos se creyeron sus embustes, han sido los primeros en utilizar la vida política para su bienestar, repartir escaños a sus amigos, coaccionar donde no había mayorías para que sus votos se utilizaran en beneficio propio y un sinfín de proyectos huecos y utilizando la igualdad y la demagogia están hoy inmersos en contradicciones, corrupción, engaños e inclusive cogobernando con un partido tradicional que en resumen ya está haciendo aguas, porque esa mezcla social-comunista nos está envolviendo a España en sinsabores, subidas desorbitadas de los carburantes y productos de primera necesidad para la vida diaria y empecinados en no bajar los impuestos para recaudar lo más posible y crear un gobierno tan necio y tan falto de gestión que hoy por hoy, junto con la invasión de Ucrania, ni la misma Europa nos conoce de lo que éramos y lo que somos.
España tiene que volver a reencontrarse. Por supuesto, bajo el paraguas de la Constitución. Tiene que sopesar el gran fracaso de estos últimos años y junto a La Corona buscar la prosperidad de sus ciudadanos y orillar a tantos trileros de la política como hoy se tienen y los partidos políticos históricos y serios poner en sus filas a gente con proyectos, no solo de sus vidas, sino de profesionales que conozcan la gestión. Ya estamos cansados de políticos con titulitis comprada que en su vida ni han trabajado por cuenta ajena ni saben lo que es iniciar un proyecto de empresa, por lo que con estos mimbres no se puede continuar ni un minuto más, porque tras el desorden de un Gobierno que está en desgobierno y con unas administraciones escondidas todavía tras la pandemia, no se ve horizonte de prosperidad, ni tan siquiera un atisbo de mejoría en lo económico, por lo que como sabemos discernir, escojamos políticos válidos, entregados para que cuando vuelvan de la vida pública lo hagan a su cuartel de trabajo, es decir, a su empresa, su profesión a su vida funcionarial o a la Universidad pero lo que hoy tenemos y viendo el cuadro existente en ambas Cámaras de las Cortes Generales y oír lo que allí se oye es de auténtica vergüenza y de un nivel tan bajo que ni siquiera en los países del tercer mundo se oyen esos discursos que aquí nos echan, porque en una Comunidad de Propietarios de las más conflictivas y alborotadoras no se dicen las expresiones más vulgares que en boca de unos políticos estamos recibiendo.
España no se merece el trato que se le viene dando y, por tanto o cambiamos o nos cambiaran a peor de lo que estamos que ya es decir.