El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

EL DESEMPLEO ES LA CUNA DE LOS NUEVOS POLÍTICOS.

No cabe duda que quienes deciden, por vocación, acceder a la vida pública tienen unos valores indispensables para hacer frente a tantas situaciones controvertidas que en ese mercado político se les presenta y, por supuesto, para hacer un juego a veces indeseado a quienes como jefecillos de la manada les obligan a comulgar con ruedas de molino y hacer frente a tantos “marrones” que en esa vida pública se van a encontrar, pese a que muchos de estos “marrones” son incompatibles con su forma de pensar.

La vida pública hoy pasa por momentos muy débiles, porque estar en política ya no es una vocación como ocurría tras la dictadura, es una carrera para vivir de ella y pensar que al no tener otra alternativa de trabajo, ni curriculum profesional adecuado para poder revertir sus conocimientos en todo aquello que se presente durante el transcurso de ese ejercicio de servir públicamente a los demás, es lo más viable meterse en política. Hoy, los codazos son terribles para ir en una lista y sobre todo, ser amigo y mover bien el rabo a quienes consideran que los partidos políticos son suyos y que si ellos no se adhieren a sus decisiones y no son obedientes poco porvenir les espera.

Recuerdo que un político de altura como es Herrero de Miñón dijo que quien entra en política hoy es un “refugiado el paro”, porque no tiene en su haber nada que le haga ser un profesional en la política. Creo que quienes tras la dictadura formaron parte de cualquier lista , ya sean en las Cámaras legislativas, o bien en cualquier corporación municipal o provincial, lo hacían con auténtica vocación de servicio; muchos pedían su excedencia como catedráticos, funcionarios de alto nivel y en especial había quien compaginaba su vida profesional, comercial o cualquiera otra, con ese cargo público que no era más que servir a los demás y no servirse de él. Los tiempos han cambiado sensiblemente. Hoy el concepto de servicio se hace porque tiene remuneración. Son muchos, incluso miembros de la judicatura y fiscalía, los que piden su excedencia porque el puesto a desempeñar se les remunera mucho más que el propio que tienen y luego si el que manda en el partido es su amigo les busca a través de las “puertas giratorias” un mejor sitio y de mayor tranquilidad, pues se garantizan así el vivir de la sopa boba el mayor tiempo posible, porque hay otros que sin ser nada, sin tener ningún tipo de actividad, ni empresarial ni trabajo por cuenta ajena, se introducen como aspirantes o becarios en los partidos para que llegado su momento, automáticamente puedan entrar bien para ocupar esa lista a la que aspiran y con un puesto de salida, o por el contrario, ser esa nueva figura de asesor de nada para que luego, cotizando a costa de todos nosotros, consigan una vida laboral con una buena base de cotización y tengan una buena pensión el día de mañana. Es verdad que hay muchas excepciones. Hay personas que no tienen dedicación exclusiva y que compaginan, con mucho sacrificio y ausencia en su trabajo diario, ese cargo público para servir a su ciudad, a sus vecinos y a sus ideales, ya sean de un partido o de otro, pero eso cada vez se ve menos. Hoy, si analizamos lista por lista de cada partido, los que van en puestos de salida no se dedican a nada, son afines al cortijero que manda en el partido y cuidado con que los líderes que están en otra esfera no cambien de la noche a la mañana, porque ejemplos tenemos muchísimos en todos los partidos políticos. Es decir, si eres afín a un líder y este cae tienes que tener cuidado de no ponerte en contra del que viene, porque entonces lo único seguro que tienes garantizado es tu amortización o hacer como aquel otro político que era Pio Cabanillas, que decía tras unas votaciones, “¿quiénes hemos ganado?”, porque él siempre se ponía de parte del ganador, para que como los jugadores de futbol, el entrenador del equipo lo sacara al campo de juego y cobrase las primas, dejando de ser suplente.

Todo esto, lo han pasado por experiencia muchos políticos que por tener una profesión y vivir de ella, los han ido apartando de cualquier lista y entonces a olvidarse de ellos y lo que es peor, condenarlos al ostracismo y no rememorar su trabajo, porque nadie se acordará más de éstos. Y esta es la vida real y el peaje de que quien entra en esa vida pública debe conocer. Hoy, le dan por ti, eres indispensable, te piden que te dejen la piel y lo haces sin ningún tipo de contraprestación o, al menos, con lo mínimo para poder estar en tu vida profesional y que no te cueste el dinero, pero cuando acabas y has navegado hasta la saciedad, ya te orillan y no existe ningún tipo de recuerdo para todo tu quehacer y tu entrega de años llenos de sacrificios, porque quienes vienen de la lista del paro y no tienen porvenir alguno en su vida privada, se agarran como lapas pensando que cuanto se les encomiende es de por vida y, en especial, el percibir un buen sueldo. Desgraciadamente, los partidos políticos tienen en las listas pasivas a decenas de personas que se han entregado día y noche, pero que ya los consideran obsoletos e inservibles y para competir con los que proceden de mover el rabo no se les quiere. Este peaje es alto y duro, pero así se entiende que la clase política esté hoy tan deteriorada y tan desprestigiada, porque en una gran mayoría solo existen mediocres ocupando escaños, porque su única meta es cobrar un buen sueldo, tener privilegios y en especial el poder del cargo y en definitiva, el desempleo es hoy la nueva cuna de los futuros políticos.