Desde el desgraciado Real Decreto del Estado de Alarma, donde amparados en la COVID-19, todas las administraciones cerraron sus puertas a cal y canto e hicieron prohibición absoluta de que el administrado, justiciable y profesionales entrasen por sus puertas, se planificó casi de forma coactiva que todos, sin excepción, tenían que someterse al duro castigo de llevar a cabo por vía telemática cualquier solicitud, gestión o demanda en defensa de sus derechos. Durante la pandemia se dijo que todo era transitorio y hasta las entidades financieras tuvieron a sus clientes y no clientes en las puertas de los bancos y cajas de ahorros en horarios caprichosos con limitación de aforo y, por supuesto, en la calle como un vulgar pedigüeño que reclamaba o quería sus ahorros o consultar para saber su situación con la administración.
Los que conocemos el Derecho, siempre aprendimos que la administración está al servicio del administrado y no al revés, como ocurrió en estos dos años y lo que es peor, sigue ocurriendo. Ya las entidades bancarias han flexibilizado sus horarios y la presencialidad se ha hecho más fluida porque era vergonzoso ver a nuestros mayores en las aceras y calles esperando su turno, extremo que hoy se sigue contemplando en todas las administraciones.
Cualquier administrado o persona que vaya a un organismo público, llámese TGSS, INSS, SEPE, Justicia, Hacienda, Tráfico, etc., tiene que pedir una cita previa o de lo contrario acudir a un profesional para que con una contraprestación económica pueda solventar las gestiones que él antes hacía de manera autónoma, pero lo más grave es que las administraciones amparándose en la Ley de Procedimiento Administrativo también impone a todos los profesionales que cualquier trámite, gestión y consulta se haga por vía telemática, para lo cual se han inventado decenas de nombres con siglas o plataformas que algunas tienen alucinaciones para que ese profesional consulte algo o tramite algo que ni sabe cuándo le van a responder, ni quién responde y lo que es peor, algunas duermen en el sueño de los justos. Creo que en el momento en el que nos encontramos, los sistemas telemáticos son muy beneficiosos y rápidos, pero en cualquier relación que se tenga con la administración se presentan siempre dudas y controversias que te obligan a llevar a cabo una llamada telefónica para poder compatibilizar lo que has tramitado con aquellas dudas que puedas tener sobre procesos complejos y difíciles, pues hasta la pandemia cualquiera podía acudir a las administraciones, bien a las oficinas de información o al funcionario responsable del asunto a resolver, es decir, no existía la situación actual y trasnochada de que no se le pueda consultar nada a cualquier funcionario in situ porque hacerlo o desplazarte hacia ella da la sensación de que te vas a convertir en un okupa de la misma, porque como otras veces he manifestado, los “pistoleros” de las puertas de las administraciones o vigilantes de seguridad, son los que te impiden que ni puedas entrar en los baños de las mismas, porque ellos tienen orden de impedir a que quien no tengan una cita adecuada en tiempo y forma allí no entre y si eres profesional no puedes hacerlo ni con cita previa, por lo que los que pagamos nuestros impuestos para que existan esas administraciones y estén al servicio nuestro, tenemos claramente vulnerados nuestros derechos fundamentales de quienes libremente queremos acudir y consultar en cualquier organismo público o administración del Estado, sobre nuestros derechos y obligaciones como tales ciudadanos.
En estos momentos se ha perdido, para los más débiles en conocimientos, el que un organismo le oriente al destino que debe acudir, pues es normal que cualquier persona quiera saber de sus derechos y obligaciones como ciudadano, pero no, esos “pistoleros” que habría que ver si están ante una cesión ilegal de trabajadores en todos esos organismos, porque hacen las veces de funcionarios, cumplen con el respeto del administrado o del justiciable. Todo esto está ocurriendo hoy en el siglo XXI en esta España que abrió miles de oficinas de información para todo lo que se le antojaba, pues como simple ejemplo de una oficina de turismo te da un folleto indicándote qué puedes visitar o qué puedes comprar o dónde alojarte, por qué ante los derechos de las personas donde existen prestaciones económicas, subvenciones para las empresas, altas de trabajadores, pensiones de jubilados y un largo etcétera, ni se les informa ni se les atiende y por supuesto, los profesionales entre los que me incluyo tenemos que tener la censura para pasar todo por vía telemática para que te contesten cuando quieran y responderte de mala forma “eso es lo que hay”.
Ojalá las distintas administraciones que tenemos y pagamos retrocedan en su tozudez y vuelvan a permitir la presencia de las personas y profesionales en ellas, porque de lo contrario será Europa la que imponga el rehacer nuevas situaciones donde no se hurten los derechos de las personas, pues es que hoy por hoy ni siquiera te cogen el teléfono y lo que es peor, ni te contestan.