Al igual que la pandemia nos sorprendió a todos, vino a crear en nuestra sociedad civil un antes y un después que nunca sabremos los resultados negativos que ha producido en muchas generaciones, pero si hemos perdido a miles de convecinos por esta pandemia, nunca sabremos recuperar el daño que ha producido en todos los estudiantes incluidos los niños porque el futuro de éstos también esta comprometido. Sin entrar ahora en el dolor que nos ha producido tantas muertes o si las medidas del gobierno que fueron anuladas por el Tribunal Constitucional fueron efectivas, lo que sí hay que pararse es en unas generaciones donde en edad de estudios la pandemia ha producido una grave tormenta. Los cierres de los centros educativos durante el confinamiento han causado pérdidas incalculables en el aprendizaje de los alumnos que como es lógico van a tener consecuencias muy negativas en sus vidas, tanto a medio como a largo plazo, por lo que considero que al igual que muchas universidades tomaron medidas online para la educación en sus respectivas facultades, deben poner en marcha unos mecanismos para actualizar a tanto alumnado que está en el limbo y a la larga no serán capaces de actualizar sus títulos académicos por mucho que se lo propongan.
Algunas por no decir casi todas las universidades, pusieron en marcha los sistemas telemáticos para suplir como un sustituto eficiente la presencia de alumnos en las clases, método que no motivó al alumnado y que casi durante los dos años de la pandemia, las clases de manera virtual no dieron el resultado esperado, pues si es cierto que los alumnos se conectaban de esa forma online con profesores y catedráticos, nunca se sabía si detrás de esas conexiones obligadas se encontraba el alumno, pues muchas veces el propio profesorado lo hacía sin el adecuado seguimiento ni orientaba ni motivaba a que sus clases fuesen seguidas como se hacía presencialmente, porque los alumnos rezagados que llegaban por estudios realizados a un 20% no tenían medios técnicos como apoyo por parte de los tutores en el proceso formativo, lo que hacía que muchos abandonaban el seguimiento de dichas clases telemáticas y no hablemos de lo que ha significado esta educación online para la FP básica, media o bachillerato, porque muchos han respondido con nulidad a todos los programas proyectados.
Mientras la pandemia hacía estragos en las vidas de las personas y los hospitales estaban saturados, los alumnos entraban en lo que se ha denominado fatiga pandémica en las universidades y que les ha hecho perder los mejores años de sus vidas, pues ha aflorado en su entorno la tristeza, el cansancio, la apatía, la pérdida de concentración, la desmotivación y la incertidumbre, lo que en edades tempranas como son las de estos jóvenes, ha derrumbado muchas ilusiones y lo que es peor la vocación por seguir cursando los estudios.
Si mal estructurada ha estado la fórmula de la docencia por vía online, pues se sabe que miles de alumnos se conectaban a la hora de las clases pero no estaban atentos a estas, peor ha sido los sistemas que se han buscado para el momento de los exámenes, ya que estos se han hecho en su mayoría por la formula del test y lo que se llama copiar y consultar textos era tan frecuente y tan vulgar que muchos de ellos en esa confianza que han tenido de lo fácil hasta han suspendido materias y disciplinas, lo que lleva a pensar que dos años de una carrera universitaria los han perdido prácticamente y se han quedado sus estudios en blanco, lo que las carreras de grado que son de cuatro años, prácticamente dos han sido inútiles en las disciplinas y asignaturas que se vieron o aprobaron sin saber el contenido de ellas.
Todo esto es muy grave, porque si en las facultades ha sido preocupantes estos dos años, no hablemos de las presencias virtuales en el bachillerato, porque esa base primordial de estos centros se ha perdido para siempre y me temo que a su vez ya se ha ido con ellos la generación en la que vivián, pues los miles de estudiantes que han cursado en esas aulas telemáticas sus estudios no podrán volver a reconstruir ninguna materia o disciplina, pues entre el confinamiento y la falta de asistencia sin ningún esfuerzo que hacer a las clases, han destrozado lo que podían haber aprendido, porque por mucho que los centros y los profesores se esforzaran no es lo mismo dar y recibir una lección a través de una pantalla que en una clase, ya que no hay la misma interacción que en las aulas y depende de otros muchos factores que el internet no los hace reales.
La perdida de dos años en cualquier fase estudiantil hay que recuperarla, pues esas generaciones a la hora de buscar un empleo lo tienen extremadamente difícil y muy pronto lo vamos a ver cómo estudios superiores universitarios van a tener que dedicarse a labores meramente burocráticas o mano de obra, pero ejercer una profesión cuando le falta el 50% de las materias, va a dar un resultado caótico que será muy difícil recuperar. Es el momento de que el Gobierno de la nación junto con las CCAA, centros educativos, universidades, tanto públicas como privadas, piensen en recuperar este tiempo perdido y tienen que concentrar sus esfuerzos económicos en la contratación de personal docente para tener un objetivo de allanar el espacio perdido en todos los tramos de la educación para que puedan con horas practicas y doblaje de materias recuperar los dos años que se han perdido y fortificar a esos titulados para que el día de mañana, tanto los de bachillerato, FP, etc., como universitarios no se les denomine los alumnos de la pandemia a los cuales nadie los contrate.