La actual sociedad civil gaditana guarda en su haber miles de valores éticos y religiosos que con el paso de los años y, por cierto pocos, se han ido perdiendo paulatinamente y hemos pasado de una Semana Santa de recogida y de la Pasión de Cristo a un folklore permanente y desde la calle nos ven como espectáculo más que lo que realmente llevamos por dentro. En estos últimos quince años las cofradías han sabido aguantar las críticas, “la libertad de expresión de otros”, el pasar como algo que sucede a los carnavales y donde los mismos cantan en una chirigota o cargan un paso. Es decir, nos hemos ido callando y aceptando que esos días de esa semana grande se convierta en un mercado para la hostelería y en un aguantar espectáculos groseros donde nadie es capaz de alzar la voz y decir que a la gran mayoría de cofrades creyentes eso no nos gusta.
Quienes llevamos años ocupando puestos de responsabilidad o simplemente siendo hermanos de nuestras corporaciones, hemos visto cómo poco a poco la autoridad se ha ido perdiendo y un cambio brusco de las personas que las gobiernan, no es ni más ni menos que estar por estar y no llevar en los sentimientos a esos Titulares que acompañamos por devoción y no para formar parte del espectáculo. Las cofradías deben dar un giro claro y contundente, deben ser administradas por personas convencidas de lo que hacen, pero no para simplemente llevar una insignia en la solapa o una medalla en el pecho y nunca convencidos de que se forma parte de la Iglesia Católica y que como tales tenemos la obligación de actuar. No sé si es porque la juventud de hoy se siente vacía y que su tiempo perdido es irrecuperable, por lo que prefieren muchas veces figurar de cargador con gran protagonismo como el que tienen algunos y no sentir más que formar parte de esa cuadrilla donde un notorio capataz hace que en el desfile procesional manden más los cargadores que la propia Junta de Gobierno de la Cofradía. No hay más que ver determinadas cuadrillas de cargadores que entre rezos sin sentir y vestir la camiseta de cargador para mecer el paso lo mejor posible, se hagan los auténticos protagonistas no solo de la Cofradía, sino de la Semana Santa. Como en todo hay excepciones y hay quien va cargando de verdad y por penitencia, pero precisamente, en muchas horas del recorrido y de la recogida o salida, los espectáculos son para que los que están debajo y, desgraciadamente, los Titulares de arriba, cuando se quedan solos tras su recogida, ni de su nombre se acuerdan muchos.
Las cofradías y sus Juntas de Gobierno tienen que volver al sentido estricto de la penitencia y en especial, de la autoridad que conlleva ordenar la procesión, pues para eso es un culto externo, pero para pasear y acordarnos del día de la salida procesional, para eso no se forma a un cofrade. Tal vez, sea crítico porque he vivido con varias generaciones de cofrades y o volvemos a la seriedad, la ética cofrade y el respeto por lo que hacemos, o todo esto terminará en un espectáculo que no sabremos cuál será su final. Me parece muy bien que la hostelería, el comercio y en general el turismo vengan con su fin recaudatorio, es decir, saber que tener una cofradía en la calle aumenta las cajas registradoras de estos y, por supuesto, se crea empleo, pero dentro de esa línea, la cual acepto y comparto, hay que dar sensación de un profundo respeto a quienes sacan sus Titulares a la calle. Hay que ser cofrade todo el año y para eso tenemos que seguir la línea de la labor social y ayudar a los más necesitados, de trabajar con colectivos vulnerables, de ayudar contra enfermedades como el alcoholismo o de trabajar dentro de asociaciones comprometidas para que el ejemplo de esa caridad cristina llene los corazones de los demás y no nos vean como gente que salimos un día a la calle, cargamos un paso o nos ponemos un capirote. Para eso no están las cofradías y es más, cuando nos critiquen y se mofen de nosotros como hacen algunos en teatros y concursos chirigoteros debemos denunciar cuanto conlleva esa mofa y no permitir que éstos luego se metan en el cortejo procesional para que así cubran su ocio y sean artífices de ese espectáculo que a veces se da y es tan reprobable.
Ojalá muchas cofradías vuelvan a emprender el camino de la seriedad y no permitir que nadie les perturbe, porque el público que las ve si tiene un ejemplo y un carácter para observar se contaminaran de lo bueno, pero si el espectáculo se los servimos terminaremos como con muchas cosas de Cádiz, con botellones prefabricados y con una calles contaminadas de suciedad y de incivismo. No hay más que ver esas plazas y calles llenas de toneladas de basuras y botellas tras las recogidas procesionales y no debemos permitir que el Carnaval continúe durante la Semana Santa. Plantemosno, pongamos orden y vayamos convencidos de que aunque nos critiquen y “ya no se lleve”, tenemos que ser ejemplo para la sociedad civil y lo que es mayor, seguir esa Pasión de Cristo con la devoción y el respeto que esto conlleva, lo contrario no sólo es no ser cofrade, es simplemente figurar y para eso es mejor que no salgamos.