El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

EL DESAMPARO DE LA CITA PREVIA

Desde la llegada oficial del Coronavirus a España, todo se ha puesto “manga por hombro”, pues la pandemia no ha perdonado a nadie y el sinvivir permanente se ha irradiado a todos los que vivimos en este planeta llamado Tierra, llegando a cotas donde concretamente, en España, independientemente de la salud que ha sido y es lo más importante, una serie de canales diversos se han implantado para no sólo bloquear la vida laboral, social y familiar, sino para invadir las administraciones que para que quienes tienen que hacer uso de ellas se encuentran con un mensaje que se titula “se le atenderá solo y exclusivamente mediante cita previa”. Es decir, se han quedado mudas todas las administraciones, entidades bancarias y muchas instituciones que a día de hoy parece que se las han tragado la tierra.

El COVID-19 ha terminado impactando gravemente a todos sin excepción, pero el aislarnos a los ciudadanos como nos han aislado de estas administraciones y entidades mencionadas ha sido un golpe duro del que todavía no sabemos reaccionar porque la confusión y el desamparo son los iconos que van unidos a esas “citas previas” donde nadie sabe nada y no se contesta.

Serían innumerables el relatar a tantos organismos públicos como Ayuntamientos, Diputaciones, Delegaciones Ministeriales y del Gobierno, Comunidades Autónomas, etc., donde el teléfono ni lo cogen ni se les espera, pues aquí han funcionado mucho mejor y con calidad las actividades y profesiones esenciales que, por cierto, en su mayoría son privadas y, como no, las Fuerzas del Orden, Cuerpos de Seguridad y Hospitales y Clínicas, que el resto de la actividad de un país como el nuestro.

Para solicitar cualquier documento del tipo que sea y poder subsistir en esta burocracia de papeles, podemos comprobar cómo en esas citas previas, a veces, encuentras dentro de las paredes de un organismo oficial y empresas públicas a funcionarios o empleados que con el achaque de la cita previa atienden con la mínima expresión a la ciudadanía, pues aun cuando el COVID es contagioso y peligroso, si se ponen medidas, se evita tanto con el distanciamiento como con la mascarilla las situaciones de contagio en lugares públicos y no quiero mencionar aquí a esos jóvenes insensatos que trasnochando y con una irresponsabilidad absoluta han sido en su mayoría los auténticos contagiadores del virus hoy mortal que nos está vapuleando, pero las citas previas han sido aprovechadas por muchos avispados para poner horarios caprichosos donde las gestiones y trámites han sido tan ridículos que, por ejemplo, una entidad financiera, con tres horas en su horario se ha despachado a todos los clientes que antes sin límite hacían un horario comercial y normal de trabajo, sin olvidar la colas ante estas cajas de ahorros y bancos que son interminables y parecen pedigüeños de su dinero en la puerta de los mismos, sin olvidar a cuantos pensionistas, todos vulnerables, en esquinas ventosas y calurosas esperando cobrar sus pensiones. Si vas a tramitar una prestación social o consultar cualquier expediente administrativo o, simplemente, sacar una firma digital, , no sólo no te dejan entrar, sino que no existe nadie para exhibirte cualquier documento que te cree defensión en tu sustento peticionario y lo que se percibe bajo el “manto” del covid, son administraciones como auténticos cementerios donde muchos están en el teletrabajo y no se atienden ni a las moscas. Es decir, el retraso burocrático de tantos millones de sueldos que pagamos a la función pública con nuestros impuestos, solo ha servido para el descanso de muchos y lo que es más curioso, mientras que una administración te exige medidas severísimas a la entrada de estas porque esos funcionarios pueden ser contagiados, lo insólito es ver a la hora del desayuno a todos juntos en el bar más cercano sin distancia, sin mascarillas y sin medidas y mientras el administrado esperando en la calle.

En definitiva, la cita previa ha sido el desamparo de la sociedad civil, donde los teléfonos sólo te hacían pasar a otro número, pero nunca llegabas a concretar ni a recibir indicaciones sobre lo que solicitabas o querías arreglar, porque el funcionario titular nunca se ponía ni se pone. Por eso, la desesperación ha sido mayor cuando de antemano sabemos que lo único que aquí ha funcionado ha sido la empresa privada, es decir, la que sabe que de no llevar a cabo su cometido tiene que “echar la baraja” y cerrar y, no digamos, de las profesiones esenciales, que por encima de todo han estado presentes en el “tajo”, no sólo recibiendo citas reales, sino respondiendo y solucionando lo que estas entidades de todo tipo no han hecho, escondidas y parapetadas por el covid-19.

Lógicamente, en todo esto, han existido perdedores y ganadores; los perdedores viviendo de ERTES indefinidos o trabajando día y noche para poder sacar este país adelante, cosa que ha conseguido gracias a la intervención de profesiones esenciales como la de Graduado Social, donde ni han tenido calendario ni horario, ni domingos ni festivos, pero sin embargo, los ganadores saben que sus salarios los pagan las administraciones y esos no los van a perder nunca, por lo que engañarnos como nos han engañado con la irrealidad de las citas previas, ha hecho perder la vocación de servicio que existía para muchos honestos funcionarios, pues vara ver a un funcionario hoy, solo nos falta una instancia con una póliza para poder darle trámite, pero así y todo las administraciones y las entidades que saben que tienen seguros sus ingresos se han aprovechado torticeramente del coronavirus para que muchas de ellas no dieran “un palo al agua”. Ojalá todo esto transcurra por el sendero de ver un horizonte despejado y luego haremos balance de los abusos, de los escondites, de no dar la cara y no coger el teléfono de muchos de esos que tienen asegurados sus salarios, los cuales han perjudicado notablemente a muchos ciudadanos que desgraciadamente han fallecido antes de conseguir el logro peticionario.