El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

LOS VIGILANTES DE SEGURIDAD SON LOS QUE MANDAN EN LAS ADMINISTRACIONES PÚBLICAS

A nadie se le escapa que acudir hoy a cualquiera de las administraciones públicas es un auténtico calvario, pues entre teléfonos y correos electrónicos que no contestan y funcionarios en teletrabajo, las administraciones públicas son auténticas islas huecas, donde quienes tienen el cometido de atenderlas están en un auténtico anonimato.

Durante los tres meses de confinamiento, los funcionarios, cobraron puntualmente, pero el desarrollo de su actividad fue prácticamente nula, mientras que los trabajadores de empresas esenciales y no esenciales estuvieron a caballo entre el trabajo diario y puntual y los ERTES que en función de su actividad cobraron, pero no el 100% del salario y además tarde, es decir, que la desigualdad fue total porque los pertenecientes a la función pública pararon todos sus mecanismos de control y la gran mayoría, sin herramientas telemáticas para transmitir o contestar los millones de consultas que se les hacían por autónomos, profesionales y ciudadanía en general, estaban en suspenso, por lo que hoy cuando se analiza lo acaecido durante más de un año, la pandemia ha servido para muchos como una pantalla ridícula y abusiva para no trabajar.

Antes de la pandemia quienes acudían a los edificios e instalaciones de las administraciones tenían que ser atendidos sí o sí, porque una aglomeración o una cola de personas para reivindicar sus derechos no se tenía más remedio que atenderlos y responderles verbalmente la solución o denegación a su problema, pero hoy nos damos cuenta de que en la pandemia pese a lo que se dice por el Gobierno sobre la nueva normalidad, quien acude a un organismo público para resolver su problema se encuentra con dos vigilantes de seguridad en la puerta, los cuales son los que verdaderamente mandan en ella. Es decir, te autorizan a entrar o no entrar, te participan si puedes o no acceder a alguna dependencia de dicho organismo, te requieren la cita previa para estimarte o desestimarte tu petición por muy urgente que sea y te comunican si es hora o no es hora de conocer tu reivindicación, lo que termina en que los funcionarios están dentro como las monjas de clausura, donde no puedes verlos más que a través de un cristal y siempre y cuando el vigilante de seguridad te de la autorización y ojo con excederte en palabrerías malsonantes, porque te ponen en lo redondo en la mismísima calle.

Es decir, la pandemia, pese a la situación que ha creado y viciado como tal, la cual no se esperaba, ha cambiado por completo la vida del administrado y del justiciable, porque inclusive para un juicio tienes que esperar en la calle o explicar a dónde vas y para qué vas, cuando tu intimidad debe ser respetada y no maltrecha por unos vigilantes con instrucciones severas que desde dentro se les dice que desde ahí, es decir, desde la raya que marcan los funcionarios no pasa nadie. Es más, con mostradores en las puertas de las dependencias, desde lejos te indicarán si es que alguno quiere, el “vuelva usted mañana que hoy no podemos atenderle” porque no tiene usted cita previa, pero eso sí, luego los funcionarios que no están en teletrabajo, te los encuentras en las cafeterías cercanas de sus dependencias todos juntos y armoniosos desayunando, pues para eso no hay covid ni contagios y su convenio se lo permiten. Pero ojo, no te relaciones con el administrado o justiciable que puede ser un apestado o alguien te va a infectar.

Todo esto, viene ocurriendo desde el 16 de marzo de 2020, donde para algunos ojalá la pandemia dure muchos años más y no lo digo de forma peyorativa pensando en la salud de los españoles, lo digo por el bienestar y acomodaticio trabajo en el que ya desde hace un año se encuentran muchas personas que viven de nuestros impuestos y no digamos de ese teletrabajo que ni tiene control, ni se sabe hasta cuándo va a durar y menos de cómo algunos están paseando por la calle o bien en la playa y con el ordenador en expectativa por si algún correo le envían desde la sede central. Por eso quiero sacar una lanza en favor de los Cuerpos de Seguridad del Estado, pues para ellos no ha existido prácticamente covid, ya que estaban al pie del cañón e incluso predispuestos en el orden público a contagiarse como así ha ocurrido, o el cuerpo de bomberos que es ídem de ídem y tantos miembros de la sanidad, ya sea pública o privada, que han seguido atendiendo a los enfermos porque era su principal misión y sin olvidar las profesiones esenciales que han tenido que atender a millones de trabajadores en su quehacer diario y las administraciones mientras los han hecho sí o sí funcionarios “de la Escala B”, es decir, han descargado sobre ellos millones de competencias para que las administraciones sólo reciban limpiamente la información y documentación por vía telemática. Una verdadera vergüenza, donde si bien muchos y también es cierto lo han pasado mal, como responsables de los negociados, otros no se les ha visto el plumero ni por asomo, pues existen administraciones que incluso han tapado con papeles todas las cristaleras que poseían, así como lucernarios para que no se sepa si dentro de las administraciones había vida.

En resumen, los vigilantes de seguridad son auténticos trabajadores que están de pleno derecho inmersos en una cesión ilegal, porque su labor de parar todo y filtrar lo que ellos consideren los han hecho funcionarios en cubiertos de la administración, por lo que o esto cambia, o el administrado y justiciable empezará muy pronto a rebelarse y a exigir sus derechos, porque como bien se sabe, la administración está al servicio del administrado y no al revés, como está ocurriendo, porque el desgobierno que tenemos ya marca cotas que son de juzgado de guardia y el desamparo hoy del administrado y justiciable es como el que quiere entrar en su casa y no puede porque tiene un okupa que no se lo permite. PD.: Mi respeto a todos los funcionarios que han trabajado y se han dejado la piel en este año, pero por desgracia han sido los menos.