No cabe duda que la esperanza de vida es cada vez más alta y los patrones demográficos están por día marcándonos edades que no se conocían en los años 50, pues la propia Seguridad Social española creó, en su momento, esa edad de jubilación de los 65 años, lo cual se entendía que llegada la misma los años sucesivos que corrían eran muy cortos y el pago de prestaciones por las correspondientes pensiones se limitaban a casi un 20% de lo recaudado por las cuotas de los trabajadores. Es más, recuerdo que existían las extinguidas mutualidades laborales que en función de los gremios o actividades eran tan ricas algunas que daban hasta prestamos porque el dinero les sobraba, para hacer lo que suele llamarse encajes de bolillos, pues se adquirían hasta coches, prestamos personales sin intereses y un largo etcétera que los trabajadores afectos a aquellas mutualidades tenían hasta unas prestaciones sociales que más quisieran hoy que existiesen. Recuerdo como grandes mutualidades las de comercio, siderometalúrgicas, artes gráficas, entre otras que competían en quién daba más gracias al fondo de reserva que conservaban. Pero hoy, la longevidad se ha puesto en el vivir más tiempo y por tanto, mayor aumento de carga económica para los gobiernos, lo que hace que todos los programas de Seguridad Social que se llevan a cabo nada son certeros y unido a la falta de empleo, ni ingresos para pagar pensiones, la situación se deteriora en el ámbito personal de cada beneficiario de una prestación económica.
La edad ha variado según los países, pues mientras que en Canadá la esperanza de vida es de 82,2 años, en los Países Bajos es de 81,9 años, pero en España que ronda los 85 años para mujeres y 83 para hombres, la situación se ha disparado y no cabe duda que es debido a problemas de salud, ya que según el Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas, la longevidad depende un 20% de los genes y un 80% de los hábitos de vida, lo que en resumidas cuentas es variopinto cuántos años puede llegar a vivir un ser humano, pues ya hay récord donde se está llegado en casos aislados a los 122 años, siendo un mayor número el de los 115 años, pero alrededor de los 85 es la media que gracias a los avances de la ciencia y a la mejor alimentación y mejores hábitos de vida estamos superando los parámetros que al efecto tenemos como media en la investigación de lo que es el envejecimiento. Todo esto nos lleva a que a mayor tiempo de vida también aparecen un mayor número de enfermedades que se desconocían, pues en resumen, se intenta por todos los medios retrasar ese envejecimiento, pues estamos con anuncios permanentes de cómo se alarga el tiempo de juventud y cómo lo que antes era un anciano ya hoy es una persona de mayor edad donde por su actividad en los años 50 o 60 no podía ya no hacer nada, sino que con toda seguridad había dejado de vivir. Por tanto, década a década, nos estamos envejeciendo y está provocando esa longevidad unos riesgos inesperados, ya que los planes públicos de pensiones significan una porción significativa del gasto gubernamental, ya pues si miramos a España, ya tenemos diez millones de pensionistas y como consecuencia a medida que la demografía y la esperanza de vida han cambiado, el PIB está subiendo en un porcentaje mayor.
Hasta aquí se detalla por un lado la edad y por otro el coste de esa edad, pero cuántos en esa longevidad ya no disfrutan más que de actuaciones puntuales y poca alegría de vivir, pues muchos hoy acostumbramos a decir cuando alguien tiene más de 90 años que ojalá llegásemos a esa edad, pero el que la tiene te responde rápidamente que para llegar hasta ahí si tuviese una plena calidad de vida merecería la pena, pero cómo vive no es de recibo. Y aquí es donde me quiero centrar. El régimen de vida sigue acabando en poco tiempo, en especial en la calidad, pues de qué te vale vivir solo en una vivienda donde la soledad te abruma y donde tienes que valerte de otra persona para que te hagan las mínimas elementales tareas domésticas, pues ya tú no puedes hacerlo porque no tienes 50 años o qué valor tiene tener esos 92 años, pero estar en una residencia de mayores porque estorbas en la casa de tus hijos y lógicamente según los parámetros de la sociedad actual, tus hijos tienen sus cargas pero olvidan quiénes los educó, quién les costeó sus estudios o su formación y quiénes dieron todo por ellos sin pensar ni cuánto ni en dónde, ni hasta qué edad no salieron del hogar paterno, pero en la sociedad en la que vivimos ese peaje es caro. Es que la longevidad en miles de casos estorba para las generaciones que te suceden porque ya eres un ser con gustos distintos, manías distintas y cariños distintos, lo que hace que de ese coste de tu pensión casi el 100% del porcentaje que percibes tienes que dedicarlo en esa soledad, a quienes te tienen que ayudar, sostenerte físicamente y distraerte si es que tienes ganas, por lo que el gran descubrimiento sobre el envejecimiento no es un descubrimiento estrella, porque ni te retrasan enfermedades, ni te quitan el alzhéimer ni el taca-taca para andar por la calle, es simplemente un eslogan publicitario para que el día que cumplas esos 100 años que puede ser fácil que llegues, salgas en televisión apagando unas velas, se diga el número de nietos y biznietos que tienes y ya hasta el año que viene, porque cuando cierras la puerta de tu casa o de la residencia en la que pagas, sólo te espera el peaje alto y riguroso que es la soledad de la longevidad.