Con la llegada de las elecciones, ya sean del ámbito que sean, nos encontramos con listas sorpresivas, donde en una gran mayoría conociendo a los candidatos y a quienes forman sus equipos sabemos de antemano, por conocimientos directos o por referencias, que muchos de los que aparecen con sus nombres y apellidos están condenados al fracaso, pues su trayectoria, su profesión o su quehacer diario ponen de relieve la poca consistencia en la que van a desenvolverse. Es más, hacemos un examen de nombres siglas y nos damos cuenta de que muchos se insertan en las mismas por protagonismo o por notoriedad, pero están huecos en muchos casos y faltos de conocimientos de a dónde van o a dónde los llevan, pero como “ancha es Castilla”, todo vale y todo es posible.
Una vez que vemos las campañas y conocemos los discursos y esos programas tan “apasionantes” que nos ofrecen, nos damos cuenta de que las promesas que se llevan están en su gran mayoría infundadas de ataques a los adversarios y de contenido hueco y sin vida. Por eso, los ciudadanos tenemos que ser lo suficientemente ágiles de memoria para saber discernir quién miente, quién engaña, quién se calla y quién promete aquello que puede hacer, pero hoy por hoy escuchamos promesas que en función de la región o ciudad nos hablan de proyectos que nunca se podrán hacer, poque ni conocen la tesorería de las administraciones donde quieren gobernar y lo que es más importante, el ámbito de competencias que tiene una Comunidad Autónoma, un Ayuntamiento o una Diputación. Por eso, cuando escuchamos cómo algunos hablan de rescatar concesiones de transportes públicos sin saber los millones de su rescate o te ofrecen una política de viviendas que alcanzará nada menos que el 20% del parque de una ciudad o sin pudor algunos prometen la creación de supermercados públicos calificando de oligopolio y capo a Juan Roig de Mercadona, te quedas como la estatua de sal sin saber a dónde mirar, pero aquí no termina la cosa; utilizan a los mayores para ofrecerles mejoras en centros de mayores, peluquerías gratis, desayunos a bajo coste y toda clase de bailes gratuitos para que así la artrosis se pueda mitigar aunque después se critique que la sanidad pública no funciona. Podría quedar en descifrar tantas y tantas promesas que nunca podrán ser atendidas porque ni los billetes de tren gratuitos, los cines para mayores y los centros culturales para desarrollar actividades que no sirven para nada, hacen de cada candidato tener un programa de mano en función de lo que otros no hacen y ellos prometen. Pero sin embargo, es curioso comprobar cómo aquellos que están todavía gobernando hacen nuevas promesas de los grandes incumplimientos que no han llevado a cabo en su mandato, por lo que se siente vergüenza ajena de cómo quieren colocarse dentro de las administraciones y no dicen la verdad ni a su propio médico. Lógicamente, todo va envuelto de una maraña de asesores, amigos y bienhechores que serán colocados a dedo haciendo una administración paralela que es lo que en definitiva la gran mayoría va buscando, pero ninguno promete y cumple que se quitarán los sueldazos una vez que tomen posesión, que no utilizarán más asesores que los propios funcionarios públicos de cada administración y que serán fieles cumplidores del interés general. Pero eso, no. Habrá grandes fondos para grupos municipales y de ahí sacarán de forma encubierta el coste de las campañas electorales, pese a estar ello prohibido, pues ninguno de los que aparecen en las listas aportan un sólo euro de su bolsillo para nada, es un café gratis para todos y un programa donde el papel todo lo admite y lo que es más importante, prometer pan y circo para que así el pueblo se vea beneficiado de la simpatía de quien gobierna y no se dé cuenta de los verdaderos problemas que existen. Por último, en esas promesas electorales, donde jóvenes, mujeres, niños, mayores y medios pensionistas van a tener una transformación con estas promesas, no dicen cuántos millones se van a gastar en esa publicidad llamada institucional, es decir, es condición “sine qua non” comprometerme con determinadas editoriales de televisiones, periódicos y digitales para que laven su imagen permanentemente, no les ataquen en las redes sociales y nunca den noticias negativas de la gestión. Así vemos toda una geografía distribuida periodísticamente entre colores políticos y salvo, honrosas excepciones que las hay, donde periodistas, escritores y columnistas son fieles a su independencia, una gran mayoría se vende por un plato de lentejas y lo mismo escribe a favor de la izquierda o de la derecha que en contra de cualquiera que le ponga sobre la mesa un buen sueldo, los coloquen en los gabinetes de prensa o a los hijos de estos propietarios de periódicos y tengan así su porvenir resuelto en la administración en las que gobiernan,
Por tanto, estas son promesas electorales que o bien están vacías o huecas o se ocultan para que no la conozcan los votantes y desgraciadamente, esa es una de las causas por las que existe una apatía absoluta para votar a muchos partidos, porque las chaquetas se cambian como vulgar camaleón político y da igual uno que otro, lo importante es hacer carrera.
En definitiva, este es el panorama, ni existe credibilidad en la política, ni se va a ella por vocación y lo que antes era un prestigio, ahora es un vivir de los impuestos, buscar la figura para entrar en la ruleta de un sueldo y a esperar cuatro años que es lo que hoy viene ocurriendo y luego el que venga que arree.