Las actuales generaciones parecía que venían con una herencia positiva, porque creyeron que por vivir más y porque los nacimientos iban a menos, iba a existir un horizonte lleno de luces donde uniéndose los polos extremos la felicidad iba a ser mucho más completa.
La frase que existía de que la longevidad era la gran desconocida no era más que una preocupación sobre la calidad de vida en los años que como adicionales de la vida iban a ser extraños y parecía que el llegar al centenario en la vida de cada uno era una moneda de cambio necesaria para estar mejor. Sin embargo, pese a que ser longevo conlleva unos hábitos saludables, una actividad física regular, un descanso con unas vacaciones prolongadas y una disminución de la vida del trabajo y en definitiva una genética para estar pletórico, se comprueba que no es así, porque si bien la esperanza de vida ha aumentado considerablemente, es más cierto que vivir muchos años más tiene un desgaste en la última década que se convierte en insoportable. Es cierto que vemos en los periódicos cómo el tener más de 90 o 100 años es una alegría para quien lo lee, pero esa longevidad engaña mucho, porque no se dice si la gran mayoría de esas personas han sufrido terriblemente una enfermedad larga e insostenible o han llenado los geriátricos porque ni tienen quien les cuiden, o teniendo no quieren, o en muchos casos ante su soledad piden voluntariamente estar en una geriátrico, pero no deja de ser una vida muy distinta a la que vivieron en sus años 70 y 80, pues para no salirnos de esta faceta, cuántos están con una enfermedad degenerativa como el alzhéimer y son auténticos vegetales que ni sienten ni padecen y lo que es peor no conocen a quienes les cuidan o fueron sus familiares y mucho menos tener la suerte de que tus herederos te mantengan en sus casas y te cuiden.
La longevidad está en el camino de mantenerse, pero mantenerse en precario, porque no tiene condicionantes para ser feliz y en muchísimos casos te hace recordar aún más a todos los seres que te rodearon durante la vida y cómo se fueron antes que tú, pero en ese triste recuerdo sólo te queda como esperanza la rehabilitación física diaria, la medicina y la asistencia médica que te ayude a soportar esos difíciles años que van de los 85 en adelante.
Todo esto tiene otro condicionante, que son las pensiones, porque si estas soltero/a y jubilado/a, la prestación económica no suele ser para tirar cohetes y más si es una viudedad o si tiene que estar ayudado por asistencia pública para subsistir, pero aún se empobrece más esa longevidad, como está ocurriendo diariamente y a paso agigantado, de tener que ayudar a tus hijos y nietos porque ni encuentran un trabajo ni una vivienda y tienes que hacer de soporte para que puedan salir adelante. Más precariedad creo que es imposible.
En la otra parte, por no decir que es la más preocupante, nos encontramos con una natalidad que cada vez está más mermada porque comprobamos como año tras año nacen menos niños e incluso los propios colegios no cubren las suficientes líneas vacantes que deberían y nunca se ha visto cómo el número de nacimientos vivos que es la tasa fundamental para el crecimiento demográfico y la fecundidad de una sociedad está llegando a mínimos donde no solamente cierran colegios, sino que proporcionalmente en la edad del trabajo no hay suficientes cotizaciones para mantener tantas prestaciones, no sólo de los que están en edad de jubilación, sino los suficientes impuestos que resultan del trabajo personal para pagar las mínimas carencias de una sociedad débil y sin perspectivas de crecimiento.
Es cierto que existen ayudas a la natalidad, que se traducen en un conjunto de prestaciones económicas y fiscales para ayudar a las familias, pero por mucho que atiendan a esas familias y en especial a las mujeres para la natalidad, todo consiste en fechas de descanso, pero no se traducen en mayores condiciones para el empleo, pues con cheques bebé, ayudas postparto o llamándoles como les quieran llamar, no hay medios suficientes ni económicos para que los/as niños/as vengan al mundo. Al final estamos viviendo de la migración que curiosamente sus trabajos y cotizaciones se traducen en el cobro del 10% para ellos, porque suelen marcharse a su país y el coste medio de un hijo en edad escolar y su mantenimiento no sólo es prohibitivo, sino que pese a que trabajan los dos cónyuges ya no existen aquellas familias numerosas que en los años 50 y 60 abrían las puertas para una mayor tasa demográfica. Se coja por donde se coja, la natalidad y la longevidad están en precario y veremos a ver qué ocurre cuando empiece a jubilarse la generación Baby Boomers que comprende a las personas nacidas entre 1958 y 1977, un periodo que se caracterizó por una alta tasa de natalidad que es la más numerosa en España y, precisamente, ahora están en proceso de jubilación, lo que para el coste de las pensiones va a suponer un gran desafío y con este número tan alto de jubilaciones que se nos avecina y sin natalidad, el impacto será importante, porque tendremos una sociedad envejecida llena de impuestos, pobre y sin trabajo, con elevados gastos de sanidad y falta de servicios, lo que nos traerá una situación que ya la estamos viendo venir y que ante ese horizonte la sociedad española tendrá que volverse como un calcetín porque vivir de las pensiones será un espejismo.