La ciudad de Cádiz tiene una inimitable historia que pocas ciudades del mundo pueden alcanzarle en ese curriculum que posee, pues si bien se la conoce como la ciudad más antigua de occidente, no cabe duda que por otras muchas razones, tanto geográficas, como políticas es un referente a conservar por los filósofos e historiadores. Sin embargo, dentro de esa historia mencionada podemos recordar que Las Cortes de Cádiz, promulgadas el 19 de marzo de 1812, donde el Rey Fernando VII era el titular de aquella Monarquía española, estableció en su artículo 259 que “Habría en La Corte un Tribunal, que se llamará Supremo Tribunal de Justicia”. Tanto fue así que en el Palacio de Recaño de la capital gaditana se ubicó ese Alto Tribunal para que promulgada y jurada la Constitución del 19 de marzo de 1812, el 17 de abril siguiente, por Decreto quedó instaurado el Tribunal Supremo, aunque la guerra de la Independencia y el asedio de la ciudad de Cádiz impidieron la eficacia de la nueva estructuración constitucional de la Justicia. Es más, con el repliegue del invasor, dicen los documentos de la época, que se trasladaron a Madrid Las Cortes de Cádiz, ya con carácter de ordinarias, reuniéndose el 15 de enero de 1814, en el Teatro llamado “De los Caños del Peral” y siguiendo su laboral reformadora aprobaron el reglamento del Supremo Tribunal de Justicia, por Decreto de 13 de marzo de 1814, que no tuvo vigencia alguna por la inestabilidad de la situación política y porque el Rey Fernando VII “El Deseado”, al regresar del exilio, derogó la Constitución y todos los decretos de las Cortes. Es decir, que poco le duró a dicho rey la lealtad a aquellas Cortes de Cádiz, porque poco hizo por todo y lo recordaremos como un rey mediocre y camaleónico.
En esta breve historia no se puede olvidar que el hoy Tribunal Supremo emana, en ese rápido repaso, de las Cortes de Cádiz y que estuvo formado por Magistrados de todo orden y era extensivo a las colonias españolas, por lo que Hispanoamérica también pertenecía judicialmente a la obediencia y administración de justicia de todos los Tribunales de la península e islas adyacentes, como la propia Constitución de entonces así lo señaló.
Hoy, tras más de 213 años de aquél acierto jurídico, Cádiz tiene derecho a tener un lugar dedicado al Tribunal Supremo donde se lleven a cabo conferencias, estudios de jurisprudencias, charlas, congresos, etc., del mundo de la Justicia en su conjunto, donde profesionales del Derecho, operadores jurídicos, catedráticos, Ministerio Fiscal y la Judicatura en su conjunto, puedan tener un lugar de encuentro que refleje y contenga el recuerdo de aquél Alto Tribunal que tanto se añora y que en el Bicentenario de Las Cortes de Cádiz ya se pensó en este lugar (Palacio de Recaño) donde se creó aquel Alto Tribunal y precisamente, siendo la Alcaldesa de la ciudad Teófila Martínez y accediendo a la idea que hoy se mantiene del colectivo de Graduados Sociales, accedió a que en los bajos del Palacio se instalara un lugar que recordara este histórico legado, pero al cambiar la alcaldía por un alcalde populista y desgraciadamente para la ciudad de Cádiz lleno de inutilidad, decidió instalar en aquél Palacio el Museo de El Carnaval que luego llamó “Casa de El Carnaval”, edificio sin contenido para esta faceta, pero que puso de manifiesto su ignorancia y que aún sigue cerrado.
Los Graduados Sociales queremos que en la nueva ubicación de la futura Ciudad de la Justicia se cree un espacio para esta efemérides con contenido jurídico de todo orden y para ello, se le ha pedido a la Junta de Andalucía, propietaria del inmueble, que en ese lugar a construir se ubique el “Tribunal Supremo de Cádiz”, extremo que con acierto está recibiendo valoraciones positivas por todo el mundo jurídico, ya que no solamente será un encuentro de juristas, sino de beneficios importantes para el turismo, la hostelería y la ciudad en general, algo que si este legado lo tuviese cualquier otra ciudad española ya estaría en marcha desde hace años, pero Cádiz para algunos sólo es Carnaval, Semana Santa y playas y así la ciudad ni prospera, ni se expande, ni tiene posibilidades de aumentar la población, pues se está quedando en una ciudad de mayores, la cual está vegetando por día y desgraciadamente su futro no se vislumbra en el horizonte.