El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

ANDALUCÍA SECA Y ANDALUCÍA MOJADA

         Los últimos acontecimientos que vivimos en la piel de toro llamada España, se ha acentuado climatológicamente  en Andalucía, región que si bien algunos la llaman tierra seca y tierra húmeda, no cabe duda que tras décadas de sequía donde agricultores y ganaderos lloraban por lluvias que paliaran cosechas y sirvieran para llenar los acuíferos, otros se lamentaban que los pantanos estaban casi secos y que nunca llegábamos a la época estival para poder vivir, ducharnos  y lo que era peor, beber agua que es un preciado líquido escaso  casi siempre, pero sin embargo, Andalucía  se ha rebelado y su pluviometría  que depende de dos factores fundamentales que son causa del microclima ha visto  cómo las borrascas atlánticas desviadas generalmente hacia el norte por el persistente alea   anticiclonal de las Azores, encuentran a veces irregular cobijo en el Golfo de Cádiz, única vía de penetración de vientos atlánticos hacia el Valle del Guadalquivir, lo que nos ha ocurrido en estos días, invadiendo de forma descompensada la alta pluviometría  en la Sierra de Cádiz, la cual recogida en la Cuenta del Guadalete,  ha cristalizado de forma irregular en nuestra geografía andaluza.

         El agua, desde los romanos, siempre fue bienvenida, de hecho se ha trabajado en esa arquitectura de una manera histórica y por toda Andalucía se conservan hasta norias romanas y ruedas para achicar las aguas de las minas y no digamos cómo se ha sabido aprovechar  presas y trasvases romanos hasta casi nuestros días.

         Los distintos gobiernos habidos y de distintos colores llevaron  a cabo, tras la guerra civil, distintos planes hidrológicos y curiosamente, el Plan de 1939 empezó a reparar todo aquello que se hizo mal antes de 1936, por lo que en la primera etapa de 1939 a 1953 obligó a España a estimular la producción de energía hidroeléctrica, por lo que surgieron presas y pantanos que han servido y sirven para  todo aquello que tuviese retención del líquido  tan preciado como es el agua y  sin olvidar las presas que aún si bien dieron problemas, aumentaron el volumen de agua regulado y vemos cómo en Europa el 40% de los recursos se ordenan espontáneamente y de forma natural, gracias a que el régimen de sus ríos es mucho más regular que el de los españoles que actúan con sólo un 8% de regulación natural.

         Visto los planes hidrológicos y comparándolos con Europa, España empieza a acercarse a los índices europeos, pero la España seca  se parece más al Sahara, porque en los años 70 y, en especial, en  los primeros de la democracia se ha frenado la política hidráulica, en parte por el efecto de la crisis, pero también en parte, por cierto prejuicio de que los embalses eran herencia del régimen franquista, con el que se quiere romper todo aspecto de continuismo haciendo de nuestra Andalucía, después de muchos, siglos a tener una permanente necesidad. Podíamos también  recordar las aguas subterráneas, las cuales eran de dominio público y de la que se ha abusado de tal manera  y se ha esquilmado a escondidas que hoy no existían dónde sacar este preciado líquido, por lo que cada vez se han atesorado menos el agua disponible y contenida en el regazo de un embalse, siendo un problema que incluso en muchas casas y pueblos de Andalucía se repartían camiones para poder tener agua para las mínimas necesidades. Sin embargo,  desde el pasado mes de enero de 2026 y siguiendo los servicios metereologicos en la que se integra la AEMET,  hemos tenido nombres como Harry, Ingrid, Joseph, Cristin, Leonardo que nos está dejando y vendrá Marta y unas cuantas más. Todas ellas  nos han dejado impávidos y llenos de necesidades,  desgracias e incógnitas que hacen temblar pueblos de nuestra Andalucía con tales daños ocasionados  que aún no sabemos   las catástrofes medioambientales que se han creado. Como vemos, las lluvias eran necesarias, pero las administraciones responsables no estaban preparadas ni nos habían preparado para cuanto daño nos han producido las borrascas. Todo se ha centrado en salvar responsabilidades políticas, poniendo en marcha un mecanismo de alerta para que nuestros móviles sonaran y estuviésemos atentos (como ocurrió con la Dana en Valencia), pero  los hombres y mujeres del tiempo, en las distintas televisiones eran los que  predecían  la cantidad de agua que nos venía encima, pero nadie había estado preparado para que esas playas llenas de chiringuitos ilegales, caminos  y rutas en la arena, hoteles a pie de playa, paseos marítimos no autorizados por verdaderos geógrafos  y técnicos e infinidad de playas artificiales en lugares donde había arroyos y ríos secos, han dado como resultado el que  la naturaleza busque su hueco y urbanizaciones millonarias con paseos  innecesarios robados al mar hayan caído como  un juego de naipes.

         En resumen, las recientes borrascas han dejado tales secuelas, incluso de vidas humanas perdidas,  que las administraciones  y, en especial la central,  o toman   ejemplo de lo ocurrido, o por el contrario no vendrán  turistas a disfrutar de  sierra y  playas  y no digamos de la red ferroviaria, por lo que si no se enmienda todo ello,   nos espera una década que junto a la España vaciada de  muchos pueblos,  no crecerá la hierba como cuando pasaba el caballo de Atila.