La generación de los años 40, al venir de una sociedad con dificultades y sin perspectivas, tras el paso por la guerra civil, entendieron que los hijos de esa generación ganarían más crédito que ellos y su fin importante era conseguir que éstos tuvieran un título académico. De hecho, era frecuente cómo algunos se les llenaba la boca porque su proyecto no era otro que sus herederos fueran médicos y abogados. Esta condición se la imponían ellos mismos y tanto fue como proliferó el deseo, que no faltaron ganas para que las universidades empezaran a prosperar llenándose de alumnos por sus distintas facultades y escuelas universitarias, algo que a la mayoría de la sociedad le entró el fenómeno de la “titulitis”, lo cual ha sido el fenómeno social y cultural de valoración excesiva de los títulos académicos. Existe obsesión por acumular licenciaturas, másteres, doctorados, etc., para destacar en el mercado laboral, pues con enseñar el papel parecía que estabas colocado. La sociedad ha seguido en esta valoración desmedida en la que se le da más importancia al título que a la aptitud real del individuo, pues vemos como es moneda de cambio acumular compulsivamente múltiples estudios que a veces ni sirven para nada, ni tienen un propósito claro. Todo proviene de que históricamente tener unos estudios superiores garantizaban una colocación y popularmente estaba bien visto, pues hasta los políticos, sin hacer en su vida una sola gestión de lo que llevan a cabo, se considera que ese título que obtuvieron es la llave para entrar en el partido, pues es un incentivo superior al del resto de los humanos y por tanto, se creen preferentes para formar parte de las listas que se confeccionan, cuando han venido hoy a darse cuenta que el mercado está saturado de títulos, que no tienen salida profesional y que están ante la frustración y tienen que aceptar empleos que ellos denominan de bajura y precarios, porque de lo contrario no los quiere nadie. Hoy las facultades se llenan de estudiantes sin vocación, acceden la gran mayoría por la puntuación que obtienen a disciplinas o carreras que ni saben de qué se tratan ni las conocen por dentro, lo que conlleva un fracaso absoluto para el ejercicio profesional al que luego deben enfrentarse.
La titulitis ha llegado a su fin, pues muchos mediocres se pasean por nuestras calles y plazas esperando que algo caiga en el empleo, porque siguen pensando que lo que estudiaron y ya olvidaron, alguien lo tendrá en cuenta. Pero no, ese riesgo y ese problema ha caído en saco roto. Hoy, están apareciendo en el horizonte estudios de formación profesional que antes era considerada peyorativa, pero en la práctica actual son las que más conducen a un empleo digno y sustancioso en lo económico, pues si observamos por nuestro alrededor, comprobamos entre mujeres y hombres que faltan camareros y profesionales de la hostelería, conductores, fontaneros, albañiles y profesionales de la construcción, jardineros, pintores, mecánicos y un largo etcétera que seguro estoy que llamar a alguno de estos ni se encuentran y si se consigue prepárate para el pago de su trabajos y honorarios profesionales, sin embargo si buscas a un licenciado o a un graduado, seguro que te aparecen por todas partes pero sin experiencia y sin conocimiento del título que poseen y lo que es peor, sin saber dónde están, salvo las grandes excepciones de profesionales que viven de su trayectoria y título y que por desgracia no están teniendo un cambio generacional.
Por tanto, las generaciones actuales y por toda Europa están cambiando sus objetivos, están comprobando que donde se puede subsistir y vivir son de especialidades que antes no se querían y que la FP es la futura triunfadora del mercado juvenil, tanto en los hombres como en las mujeres. Todo esto es una pura realidad donde si se estudia algo para luego tener que hacer oposiciones nos daremos cuenta que lo público tiene un límite, pero si optamos por la formación profesional que hoy es tan necesaria nuestras perspectivas y nuestro entorno será otro donde la eficiencia, la profesionalidad y el buen hacer sea la verdadera tarjeta de visita, porque vivir de la titulitis ya “no mola” y, por tanto, sólo sirve para la publicitarse y para que sea crean que eres importante, pero desgraciadamente todo ha cambiado y vayamos a lo práctico y a donde te llamen y seguro estoy que lo que antes era peyorativo hoy es indispensable.