Al llegar estas fechas nos vienen al pensamiento y reviven en nuestros corazones olores y sabores del pasado creados todos ellos por las tradiciones familiares, lo que al reunirse la familia, por un lado fortifican los vínculos afectivos y por otro, el enfrentamiento y a veces el odio y la envidia hacen el efecto contrario.
Quien suscribe, en esa guerra de sucesiones de generaciones he sido nieto, hijo, hermano, padre y abuelo y en ese trasiego de generación en generación, posiblemente las que me llenan de nostalgia son las primeras de mi vida donde era el centro de la familia por ser un niño y aquello que vivía como nuevo me hacía cada vez más cómplice de las tradiciones navideñas. En el trascurso de las vidas de cada uno nos traen el recuerdo en la infancia de muchas necesidades que se vivían, de cómo se sacrificaba un pavo como trofeo de la cena y cómo aquél caldo acompañado de un vino corriente, pero lleno de sabor, te lanzaban posteriormente a aquellos postres que también limitados y dulces acompañaban siempre a aquellos pestiños que se hacían en casa donde se amasaba la harina por el anfitrión familiar y siempre existían aquellos dulces denominados polvorones que junto a la copita de anís del mono, cuya botella servía para raspear y cantar villancicos, transcurría efímeramente una noche llena de momentos.
Sin embargo, la vida sigue su camino y aquellos polvorones de la época se recuerdan y se renuevan junto con los langostinos y los denominados carabineros en posteriores navidades donde ya uno es padre y donde la nostalgia de tus progenitores que se empiezan a marchar te hacen ya triste la navidad de cada año. Vas creciendo en experiencia, formas una familia y te conviertes en el soldado de primera fila para combatir en la guerra de la vida, porque aquellos abuelos que tanto recuerdas y que tantas veces los mencionas se marcharon para dejar a tus padres, que siguiendo su camino también en determinada fecha dejan en el recuerdo de la copa de champan o de sidra, según la economía, más recuerdos en tu mochila. Luego, te conviertes en abuelo y hasta cambias el lugar de las cenas, ya de casa de tus padres pasas a la tuya y luego a la de tus hijos, donde ahí ya estás en primera línea y aún los recuerdos se bañan en una larga nostalgia que te hace pasar por muchos caminos.
Las navidades tienen una fecha fija, son inamovibles y por eso los recuerdos y las llamadas telefónicas y miles de mensajes por el móvil te hacen revivir el amuleto de “felicidades”, pues ya aquellos mensajes navideños por telegrama o correos han dado lugar a los mensajes telemáticos que circulan de cualquier manera por todas las redes sociales, por eso, en esa cena de navidad, los mayores y menores antes de brindar o celebrar ese encuentro, encuentran los WhatsApps se entrecruzan para que a las personas que no están presentes les llegue nuestro recuerdo y nuestro cariño, pero pese a ello, las navidades siguen siendo una nostalgia para todos, porque en esas cenas y entre los adornos eléctricos tradicionales y luces clásicas del árbol o guirnaldas de todo tipo, afloran en nuestras mejillas muchas veces las lagrimas de no poder volver atrás porque lo pasado quedó ahí y lo que viene no se sabe ni se conoce.
Hoy la navidad tiene muchas connotaciones porque están mezcladas con el estrés, la depresión, la falta de trabajo y la salud y con los regalos de ese día, la preparación de las comidas y los recuerdos y conversaciones de amigos y familiares, algo que hay que aceptarlo como es porque en esas cenas también se marcan los proyectos, todos pensamos y queremos que a partir del 1 de enero el gimnasio más cercano nos quite los kilos de más y los zapatos de deporte nos hagan caminar junto con el móvil y la música que te gusta para cambiar tu vida de como la llevabas, porque también en esas cenas hay sinsabores familiares que discuten por sus criterios políticos y muchas veces se truncan muchas conversaciones porque queremos imponer nuestra forma de pensar al resto de los comensales. Por todo, no cabe duda que hay que utilizar la nostalgia para llenar de magia la navidad, es decir, el lado positivo, el sentirnos generosos con los demás y no sentir ni envidias ni recelos, pues por más que tengamos nuestras diferencias o hayamos discutido inclusive con nuestros padres y hermanos, tenemos que vivir en lo que nos viene y en todo aquello que mejore la sociedad.
Llegado hasta aquí, en cada cena y encuentro se echarán de menos a los que ya se fueron, algunos vivirán y pasarán esa noche en hospitales, pero otros muchos y otras muchas estarán en la mayor soledad de su vida en esas residencias donde meten a los mayores porque dicen que allí se vive mejor. Gran error de esta vida, salvo excepciones de soledad y salud, donde posiblemente tengamos presente en la cena a la mascota de la casa y el abuelo o la abuela estarán vegetando sin más calor el de los empleados de su “nueva” casa que les cantarán un villancico, les pondrán un gorrito, les harán fotografías y al día siguiente cuando vayan los familiares a recogerlos para verlos dirán que lo han “pasado maravillosamente”.
Hagamos un compendio de navidades con las alegres, las tristes y las nostálgicas y seguro que puede ser un examen de conciencia para que el próximo año no la repitamos como la de hoy, llenas muchas de ellas de egoísmo. Feliz Navidad!!