Como cuestión previa a mi Pregón y siendo el principal protagonista del mismo el Niño Dios que nace el próximo día 25 de Diciembre, quiero comunicaros que para mí, anteayer día 29, y sobre las 12.00 hrs, nacieron dos preciosas niñas que se llamarán María y Julia, las cuales en mi casa han traído un Belén viviente antes de tiempo. Esto, significa que precisamente, ese día 29 de Noviembre, me han hecho abuelo y, por tanto, mi pregón va a tener doble calor humano en cuanto voy a exponer.
Ilmo. Sr. Teniente de Alcalde, representante de la Corporación Municipal y que preside este acto.
Sr. Presidente de la Asociación Gaditana de Belenistas.
Dignísimos miembros de la Corporación Municipal.
Sres. y Sras.
FELIZ NAVIDAD 2012.
Cádiz, 1 de Diciembre de 2012.
INTRODUCCIÓN.
Cuando el pasado año 2011 me participaron y me nominaron el Pregonero de la Navidad del 2012, fue un nuevo sobresalto el que se llevó mi corazón, pues ser el Pregonero del Bicentenario, me llenaba de ilusión y más el que por mi condición de Primer Teniente de Alcalde de nuestro Ayuntamiento, sería el portavoz de la Navidad, esa Navidad que tanto significa para los que como creyentes, vemos cómo 2012 años después del nacimiento del Niño Dios, la humanidad lo celebra de diversos modos y formas. Una de ellas es la institución de los Belenes, que según la tradición, el primero en realizarla fue el Poverello de Asís, el gran San Francisco que en 1223, en la graciosa población italiana de Greccio, decidió montar un pesebre, incluso con una mula y el buey, para recordar el nacimiento de Cristo. (Hoy tan puesto en duda hasta por su Santidad El Papa)
Hoy, en este alborotado siglo XXI, a través de la dictadura del relativismo y de tantas otras cosas y formas claras o veladas de anticristianismo, nos quieren hacer desaparecer el mensaje siempre actual y permanente, emanado de la Gruta de Belén “Gloria a Dios en el Cielo y en la Tierra Paz a los hombres de buena voluntad”.
Por ello, esta Asociación de Belenistas de Cádiz, no sólo debe buscar su permanencia en recordar esa Paz, sino que todos debemos recordarlo con el deseo de que la Paz en el mundo sólo se consigue con la necesidad de que sin ella el mundo no marcha por los cauces de un buen y recto horizonte.
YA HUELE A NAVIDAD.
Cuando llegan estas fechas, tiendo a echar de menos las Navidades de mis recuerdos, porque en mis recuerdos, las Navidades son siempre blancas y todo porque me recordaba la nieve de las montañas y los arroyos de agua clara. Cada año, en mi niñez, siempre compraba un adorno nuevo en aquella tienda inédita donde las ovejas y cabritas tenían las patas de alambres. Allí, con una música navideña, las guirnaldas y luces que casi siempre se fundían, eran mis fieles testigos de la llegada de la Navidad. Hoy, todavía me pregunto, por qué en los “chinos” y en las tiendas de “todo a cien” siguen vendiendo aquellas guirnaldas de luces con música, porque la tradición, pese al tiempo no se ha perdido. Por Noche-Buena, en mi casa, mi padre cultivando la tradición, era el autor de esos ricos pestiños que con su olorcito a anís y a matalauva, ya sabíamos que la Navidad había llegado. Era curioso y aún lo recuerdo, cómo en la Plaza de las Flores, donde hoy existen esos puestos tan lucidos, una piara de pavos se vendían por doquier. Era el plato de la noche, ese plato humilde, pero que a todos nos sabía a gloria.
Sobre las 8 de la tarde se cerraban los bares y todos a una poníamos esa mesa donde, con el recuerdo de los ausentes, cada uno aportaba lo que tenía. ¡Qué ilusión aquello del turrón y la hojaldrina! Y cómo nos gustaba a todos golpear con un cuchillo y un martillo esas tabletas de turrón que su dureza les hacía irrompible, para luego beber champán que era lo que se bebía, porque hablar del cava casi nadie lo conocía. Pero hoy, las grandes superficies, con esa incansable música de “ya vienen los Reyes Magos caminito de Belén”, todos compramos lo mismo para que la sociedad de consumo no pierda su propia línea de conducta.
Por eso, pese a la crisis, tenemos las campanadas que la publicidad hace de la Navidad. Ya nuestros comercios y calles se engalanan para recibir con sus luces y destellos a esos campanilleros y mensajes que nos hacen recordar tantas y tantas cosas que no tienen precedentes.
Los niños son los auténticos protagonistas de estas fechas y ellos son los que van a recibir un mensaje de Paz en función de cómo queremos dárselo, ellos van a impactar en su retina el verdadero eslogan de lo que, a lo largo de sus vidas van a saber transmitir a las futuras y venideras generaciones y sólo ellos serán los que tendrán legitimidad para explicar que la Navidad no sólo puede quedarse en un eslogan de publicidad. Ellos van a recodar como en esta sociedad que no tiene valores, los padres no son un objeto más de simulación de lo que forma el contexto de la familia y ellos van a querer darnos con su ejemplo de que seamos todos, sin excepción, los que nadamos contra la corriente del agua, los que veamos a la Navidad como una luz muy fuerte, los que creamos en una Navidad diferente, que permita y saboree la reunión de amigos y familiares y los que tengan a su favor un beso de cariño y de amor que es lo que les llena.
Hoy hay mucha gente necesitada. Hoy existen muchos pobres de verdad que buscan su comida en unos contenedores. Hoy nuestra sociedad tiene más de cinco millones de parados para los que la necesidad y la falta de ilusión se han adueñado de ellos y por eso Jesús en el pesebre hace que gracias a esas figuritas de los belenes, la Navidad sea real y verdadera. Esas figuritas que todos tenemos en la mente hacen que nos transportemos a Belén para observar cómo aquel Niño que sólo tuvo el calor de una mula y un buey hoy sigue existiendo, pero por la falta de otro calor que no es el físico, que es el calor que muchos rompieron en su matrimonio antes de nacerle su hijo, muchas madres que saben que el nacimiento de su hijo se hace en un frío hospital donde luego no le espera una casa donde el padre tenga un empleo. Son tantas las cosas que se parecen a ese Belén que no podemos borrarlo de nuestra mente. Por eso, para alegrar nuestras vidas en esta Navidad, voy a darle una vuelta a la imaginación de “gadita” y quiero recitar mi Navidad llena de lo que seria Cádiz en esa Navidad de 1812.
LA PEPA
Cádiz estaba sitiada por las tropas napoleónicas y el olor de la pólvora corría por sus calles cercanas al Oratorio de San Felipe Neri. Los Diputados doceañistas elaboraban la primera Carta Magna para que Cádiz fuera esa cuna de la libertad que tanto nombre nos ha dado a los gaditanos y que con la reciente Cumbre de Jefes de Estado y Presidentes de Gobierno, nos ha hecho revivir cómo la puerta del Atlántico se abría y se cerraba en Cádiz, pero en aquella Navidad del 1811 y previa a esa Constitución que se promulgaría, los hogares de mi Cádiz querían celebrar que el Niño Jesús nacía en Belén y que María sólo podía darle el inmenso calor que una madre da a sus hijos. Allí, en el Convento de San Francisco, los niños doceañistas visitaban aquel Nacimiento que tanto nos recuerda la llegada del Mesías. Pero todo era igual que hoy, la Navidad no ha variado, los que hemos variado somos nosotros, somos los que en esta sociedad de consumo que hemos creado, sabemos que nuestros vecinos pasan hambre y sus vidas están llenas de obstáculos.
Si observas un Portal de Belén, vemos a Jesús entre unos trozos de tela sobre la paja del pesebre, vemos a San José resignado y cansado de huir para que a Jesús no lo aniquilen, vemos a María llena de felicidad por haber tenido a su Hijo, pero muy apesadumbrada por lo que le pueda pasar a ese Niño que sólo mira con una sonrisa a los dos, únicos calores físicos que le arropan junto a la mula y al buey.
Hoy, en pleno siglo XXI, la Navidad es sonreída por muchos, pero dolorosa para otros. Muchos no pueden ese día celebrar ni una digna comida de Nochebuena, porque no saben qué comerán al día siguiente. Esa es la triste Navidad que a algunos les espera y encima en silencio, que no se entere nadie, como hizo José y María. Muchos, al encontramos en los ascensores, felicitamos a los que vemos con ese “Felices Fiestas”, sin saber si esa noche podrán en muchas casas sólo llevarse a la boca lo que con esfuerzo e ilusión le han preparado los amigos de Caritas, Cruz Roja o María Arteaga. No es demagogia ni alarmismo, es simplemente pensar en ese prójimo que calladamente sufre, porque las cosas no le fueron bien, pero hoy no ve la luz en el túnel por causa de la falta de un empleo o porque tal vez nosotros nos hemos vuelto sordos ante tanta necesidad. Pero no sólo se vive de pan, también nuestra solidaridad y ayuda llena graneros de vida que hacen tener una mejor sociedad. Tal vez, el ejemplo del Belén nos haga pensar un poco. Allí, en ese Portal que la Asociación nos monta, vemos cómo los pastores han visto una luz que los guía a Belén para ver al Niño Dios. Allí, en ese portalito de barro, los Reyes Magos caminan para Belén porque una estrella les dice que allí, en un pequeño pueblito, el Salvador ha venido al mundo para hacerse como nosotros. Es la esperanza por la que tanto se lucha y por la que tenemos que luchar todos cada día.
Es eso, hacernos pastorcitos y recopilar un poco de lo que tenemos para llevárselo a ese centro que nos espera para repartir, es hacernos Melchor, Gaspar o Baltasar para regalar parte de lo nuestro y ser solidarios con el que no tiene. Esa es la verdadera Navidad, por la que todos tenemos que luchar y entregarnos. Digamos “basta ya, que mis hermanos no sufran ante esta dura guerra de la crisis que día a día nos ahoga a todos”.
Por Tí, Jesús, quiero con estos villancicos manifestarte que mi corazón no es duro, es que hemos nacido en unos momentos donde de todo había, pero por eso quiero que me escuches que voy a cambiar.
Ya se acabó la tristeza, ya somos mejores y quiero dedicar al Niño Dios este presente lleno de bondades, alegrías y parabienes, pues también otros vivirán la Navidad de forma distinta, se encontrarán en esa Cena con sus seres queridos, esos seres que a lo largo del año te recuerdan que la familia es el mejor y más fértil instrumento de la vida, allí seguro que el Champán elevará sus burbujas para recordar que estamos vivos y llenos de esperanzas, allí los niños hablarán de sus futuros juguetes y de toda una lista interminable de sofisticados móviles que hacen creerles que son los dueños del mundo y que ya sólo les queda trasladarse al Universo. Otros vivirán esa Noche y su Navidad inmersos en el recuerdo de quienes ya no están a su lado y de quienes se marcharon para siempre, dejando una silla vacía en esa mesa de todos. Posiblemente, en ese recuerdo de quienes se fueron, aviven recuerdos de aquellos años de alegría, pero ya nada será igual.
Por último, otros pasarán su Noche en un triste hospital, porque la salud no les ha permitido cenar en casa, pero comprenderán y verificarán que muchos profesionales de la sanidad también están con ellos y mejorarán su estado de ansiedad por vivir la vida. Sin embargo, para muchos no será ni la salud, ni el recuerdo lo que les haga pararse en el tiempo, será la angustia de no tener un trabajo, de cómo corre el tiempo del paro y cómo no pueden pagar ni el recibo de la luz porque no poseen lo más mínimo para que la sociedad de consumo les haga estar como al resto. Por eso, en este duro año de esta crisis, quiero hacer una llamada a quienes tienen vocación de servicio y como aquellos pastorcitos se presenten ante la necesidad de otros y ofrezcan para paliar sus carencias. Navidad no es un gesto de unos días para quedar bien y decir en nuestras cartas “muchas Felicidades y Paz”, si esa felicidad que como muletilla recomendamos, no la sentimos, somos esos sepulcros blanqueados que la miseria los corroe por dentro. Quiero con ello dedicar estas frases de cariño a quienes sufren callados y para quienes la Navidad no significa más que un paso perturbador en sus vidas.
No quiero terminar mi Pregón sin que la Navidad, como es habitual, endulce nuestras vidas con una receta que nuestros hermanos de Uruguay heredaron de aquellos gaditanos de 1812. Este dulce se come en las fiestas de Navidad y se hace con el cariño y el amor de unas manos llenas de Paz. Se trata del “Pan Dulce”, el cual voy a darlo para que muchos podamos compartirlo como una receta de amor.
Los ingredientes son:
– Dos cucharadas de levadura seca
– Una taza de agua tibia.
– 100 gramos de manteca blanda.
– Media taza de azúcar.
– Una cucharadita de sal fina.
– Dos cucharaditas de cáscara rallada de limón.
– Dos cucharadas de agua de Azahar.
– Tres huevos.
– Cuatro tazas aproximadas de harina.
– Una taza de fruta abrillantada y picada (fruta seca glaceada).
– Pasas y nueves.
Preparación:
Se espolvorea la levadura seca en el agua tibia, se deja reposar 5 minutos y revolver hasta disolver.
En un bowl o fuentecita pequeña se pone la manteca blanda, el azúcar, la sal y la cáscara de limón rallada, los huevos y la levadura disuelta.
Se agrega la fruta y se forma un bollo grande o dos pequeños.
Colocar en un molde de pan o budineras redondas y engrasadas.
Pintar la superficie con huevo batido y hornear durante 40 minutos en horno moderado.
Una vez listo, comer y repartir para que ese pan dulce sea el verdadero aliciente de una bella Navidad y un encuentro entre todos los hermanos que bajo el signo de la Paz y de la Estrella de Oriente se hacen mejores en ese “Viva la Navidad”.
Por ello, transportándome en el tiempo, quiero despedirme con estos versos:
Pastorcitos de Belén,
caminar al portalito.
Allí os espera Jesús,
alegre en su rinconcito.
No os canséis en el camino,
que merece ir corriendo,
pues su cunita de amor,
ya otros la mecen sonriendo.
Son aquellos que sabiendo que hoy el Niño se hizo Dios,
Van corriendo a su llegada
para darle el corazón.
Con Él está su Madre,
llena de amor y paciencia
observando al buen José
que lo vigila en su ausencia,
para que su calor y ternura
nos haga nuestra encomienda.
Navidad del 2012,
ilumina nuestras vidas,
haz que no crezca ese paro,
que con tanto dolor nos mira,
haznos mejores personas y
compartamos nuestras cosas,
que un corazón egoísta
es un hogar de zozobra.
Por eso los belenistas
sois fuente de esperanza
de amor y de partida.
Belenistas gaditanos,
seguir en ese sendero
para que el Portal de Belén
sea vuestro mejor velero,
pues hoy, aquí en este Cádiz,
sin belenes y sin vosotros,
no sería la Navidad
que todos nos merecemos.
Por eso, en este 2012,
Jesús os lo premiará,
porque hacéis un buen trabajo,
porque sois gente sencilla,
porque rememoráis a Belén,
donde un Niño de hizo Hombre
por nuestros muchos pecados.
HE DICHO