Mucho se ha escrito sobre la Reforma Laboral donde algunos consideran para no llegar a realizarla, que sólo se trata de abaratar el despido, cuando realmente no es ese el punto de referencia para hacerla, la cual hoy es inaplazable.
Estamos rozando el 20% del paro en España, donde de seguir así cualquier solución que se busque por muy mala que sea no puede dejar de ser mejor que la que actualmente tenemos. Estoy de acuerdo en que abaratar el despido no es solución para el deprimido mercado laboral, pero seguir esperando a que se destruya el empleo sin hacer nada no nos lleva más que a un fracaso donde ya somos la oveja negra de Europa en relación a la población activa de un país que ha estado a la cabeza de la creación de empleo en otros años, por lo que desde aquí quiero dejar constancia de que para salir de la crisis todo va a depender de una capacidad de negociación donde el Gobierno intervenga con carácter de urgencia y aplique políticas reformistas. España destruyó empleo como el que más en la Unión Europea y no es de esperar una recuperación inminente del empleo real a corto plazo. Por ello, el diálogo social se debe imponer y debe el ejecutivo citar a comparecencia, tanto a los sindicatos, como a la patronal para que con las advertencias de rigor de acerquen posturas y se acabe con las intransigencias que tanto empleadores como empleados tienen adormecido el referido dialogo social.
Hay que buscar un contrato laboral que posea bonificaciones y menos cotización a la Seguridad Social, pero no tener la osadía de confundir la penalización temporal del empleo como un arma arrojadiza. Hay que conseguir que las empresas españolas se adapten a las situaciones de fluctuación en la demanda o de cambio de tendencia con las mismas herramientas que los países socios o competidores, por lo que esta penalización no conduce a nada, mientras que tengamos la tasa de paro que hoy mantenemos, pues si en el resto de los países de la Unión Europea existen otros tipos de contratos que han mejorado el empleo, vayamos a ellos, pero siempre teniendo cuidado que no se puede tratar a las microempresas como a las macro-empresas, ya que las primeras son las que gracias al mantenimiento del empleo han creado mayor tejido y riquezas.
Ya el director del Banco de España nos advirtió de cuanto se nos avecinaba y lo que hoy es realidad y también nos advirtió de que era necesaria una reforma laboral, pero aquí unos se tiran los trastos a la cabeza de los otros y nadie está parando la sangría que nos trae el paro, y si los contratos temporales hay que sacarlos de nuevo y no encareciendo sus costes, habrá que hacerlo, pues nos guste o no el hacer contratos indefinidos no es atractivo en ningún momento para las empresas y menos hoy, pues parece como si esa vinculación fuera de por vida y se tiene el concepto de que hoy separarse del cónyuge es más fácil que romper un contrato de trabajo indefinido.
Son muchos los analistas que dan todo tipo de opiniones; hay quien dice que se puede implantar un contrato estable con despido creciente en función de los años de servicios, sin olvidarse de la incorporación al trabajo de los mayores de 45 años que han sido despedidos y cuya reincorporación es muy complicada. Y no hablemos si son mayores de 55 años, porque entonces es un drama. Los subsidios son una política temporal, porque estos se acaban y al final la situación que se ha creado ya es irreparable, por lo que hay que provocar el consenso con los interlocutores sociales, pues estamos en un estado de emergencia social, y si no tomamos medidas la recesión se está asomando por las ventanas de las familias españolas y si a ello le hurtamos por esta falta de empleo las cotizaciones a la Seguridad Social, pronto el Pacto de Toledo que afortunadamente está vivo, empezará a tocar fondo y quién sabe qué podrá ocurrir en los próximos diez años.
Dejémonos de hablar del despido, que ya eso no es ni siquiera noticia, pues desgraciadamente, con las regulaciones de empleo e insolvencias de las empresas pocos despidos van a ser indemnizables, y no olvidemos al FOGASA que dentro de poco empezará a hacer aguas porque las ricas aportaciones que tenía se han diluido como azucarillos en un vaso de agua. Dejémonos de hablar si el modelo alemán creará empleo con la reducción de jornada y salario.
Dejémonos de poner más parches porque lo que hoy tenemos no funciona y creemos una nueva figura contractual con indemnizaciones más bajas para los nuevos trabajadores que accedan al mercado laboral, sin necesidad de rebajar los derechos ya adquiridos de los actuales trabajadores fijos. Hagamos un nuevo contrato que sustituya a los temporales, sea cuál sea, pero hagámoslo y no olvidemos el de aprendizaje, pero un aprendizaje real y verdadero, no el de formación que es sólo y en muchos casos una pantomima.
En resumidas cuentas, o tenemos una reforma o no salimos de la crisis y el Gobierno debe tener su parte de responsabilidad o de lo contrario tendrá que imponer la reforma por la vía de urgencia y antes de que entre nuestro mercado laboral en la “Unidad de Cuidados Intensivos” donde se puede salir, pero muy lesionado, ya que España está económicamente débil y, precisamente, el 2010 puede acabar aún más con autónomos y pequeñas empresas que en la vida podrán resurgir ni de sus propias cenizas.