Si José Pettenghi tuviera el atrevimiento (San Jordi nos coja confesados) de recopilar sus colaboraciones en este diario al modo y manera del añorado Fernando Quiñones, en vez de ‘Mijitas del Freidor’ le tendría que titular ‘Natita de mala leche’, y sin duda, la mitad del impensado volumen versaría sobre mi persona, tal es el cariño que me profesa.
Jueves sí jueves no me deleito en el extraño juego de saber cuántas veces se me alude en la columna del ex concejal socialista, pues lo que tengo seguro es que aparezco. Remarco lo de ex concejal porque la obsesión de este hombre con mi persona solo es explicable si se analiza su paso, que lo tuvo –aunque no se recuerde mucho su aportación a la política gaditana- por los escaños municipales. Dicho de manera liviana, Cádiz ganó un articulista y perdió un concejal. Y Cádiz aún no sabe cómo podrá agradecer tanta fortuna, aunque sea yo quien lo padezca.
De Pettenghi sabíamos su habilidad por estar sin hacerse notar, algo que en su caso puede parecer incluso virtud; fue concejal en el Ayuntamiento de Cádiz por el PSOE, aunque ni sus compañeros de bancada llegaran a enterarse, fue consejero de EMASA, la empresa pública de aparcamientos, aunque no apareciera por los Consejos de Administración y lo mismo ejerce de feliz infante en los patios del Gobierno Militar franquista cuando lo llevaban los soldados del reemplazo en coche militar al Colegio, aunque pareciera que no ha visto un “soldao” en su vida, como se traga una salida de Viernes Santo sin que le tiemble el pulso a la hora de ciscarse en todo el capilleo gaditano al que tanto critica.
Un dechado de coherencia que le ha llevado a este último capítulo de ayer: al parecer el articulista no lee las páginas donde publica. De otro modo es incomprensible que quiera comparar el ritmo de los trabajos en el Segundo Puente que imprimió su nunca bien ponderada compañera de partido, la imputada doña Magdalena Álvarez, con el constante laborar que este periódico refleja periódicamente en el tablero del puente. Ese, no más, es el único problema que tiene Pettenghi, la impotencia de comprobar, una vez más y él lo ha padecido durante décadas, que cuando gobierna el Partido Popular, Cádiz lo nota y a mejor, y cuando gobierna su partido aquí no se mueve nada que dependa de un socialista. Le dejo esta última reflexión para que la mastique tranquilo y pueda elaborar con ella el prefacio de su recopilatorio bajo el epígrafe ‘Historia de un quiero y no puedo’, debiendo escribir más a menudo sobre la “Ciudad de la Justicia”, “Olivillo”, “Residencia del Tiempo Libre”, “Residencia sanitaria del SAS”, “Viviendas del Matadero”, “el Albergue Juvenil”, “Escuela de Náutica”, “Polígono Las Aletas”, y tantas lindezas como han prometido los del “pensamiento único”, salvo que Pettenghi ahora diga que nunca fue del PSOE, como al parecer nunca habla tampoco de su infancia y pubertad o de su juventud vivida entre la memoria histórica franquista y la división azul con distinciones del nacional-socialismo.