Según estudios hechos recientemente, se constata que un indicador fiable de que la recuperación económica va adelante es el absentismo laboral, pues la curva ascendente de los indicadores macroeconómicos es casi paralela a la de las bajas laborales. Desafortunadamente, la recuperación económica es más lenta que el regreso a unos hábitos que colocan a España como uno de los países líderes mundiales del absentismo. Ya en el primer semestre del 2014 las bajas han repuntado, creciendo el absentismo en un 8,99% con respecto a 2013, situando la tasa en los 3,56 puntos (es decir, un 3,5% de todas las horas de trabajo efectivo no se cubrieron). La tendencia consolida el punto de inflexión que se registró en los últimos meses de 2013, cuando tras varios años de caída el absentismo comenzó a remontar.
Con la crisis la gente recelaba a coger las bajas médicas por miedo a perder el empleo, pero en 2013 se registraron un promedio de 262.345 bajas por incapacidad temporal de media mensual, un dato que contrasta con los 483.011 procesos de finales de 2007. El cambio de tendencia de 2013 y 2014 confirma que el ciclo económico cambia, pero es preocupante que la tasa de absentismo suba más rápida que la economía. Parece que el ser humano no tiene memoria o tiene muy poca, pues si el factor principal para que suba o baje el absentismo sigue siendo la confianza o el miedo a perder el empleo es que algo no se ha hecho bien o no se hizo bien.
Otros informes, como el de Adecco, confirman la tendencia, y sugieren proseguir con las reformas (empresas y administración) para que, una vez superado el «efecto crisis», el absentismo no regrese a los niveles anteriores al desplome de la economía. Adecco estima que, con una media de 10,7 días perdidos por trabajador y año, España sigue en el segundo lugar entre los países analizados por bajas laborales.
Con la crisis, hay sectores que han ganado competitividad y en donde los índices de absentismo eran más elevados, ahora no lo son tanto. Así, el índice de bajas en la industria (3,05%) ya es menor que en los servicios (3,59%), cuando tradicionalmente era lo contrario. Otro tanto sucede cuando el análisis se hace en función del tamaño de la compañía, no siendo cierto que a mayor tamaño, más absentismo. En las empresas con más de 1.000 trabajadores, independientemente del sector, el absentismo es del 3,51%, frente al 4,41% de las de menos de 1.000 empleados. En cualquier caso, sector y tamaño al margen, la diferencia entre una tasa alta y otra baja depende casi siempre de una buena política de recursos humanos: motivar al personal, evitar los “jefes tóxicos” o, también, localizar a los “abusadores”, quienes se cogen bajas de manera injustificada y acaban contaminando al resto de sus compañeros. Sobre este último aspecto, medidas legislativas como la reforma laboral, los cambios en la normativa de la Incapacidad Temporal la nueva Ley de Mutuas, de la que por cierto seré ponente en el Senado, deberían contribuir a ello.
Otra de las afirmaciones que debe plantearse es la que relaciona al sector público con mayor absentismo. En el caso de las empresas públicas, la tasa se queda en el 3,81%. Correos podría ser un buen ejemplo, donde en apenas cuatro años se ha pasado de una tasa del 7,5% al 3,5%, con un ahorro nada desdeñable y el objetivo no es menor, pues según cálculos empresariales, el impacto negativo del absentismo sobre el PIB español podría rondar el 5%.
Es decir, que aunque no nos lo parezca, el absentismo laboral influye más de lo que pensamos en la economía y todos debemos tener eso presente, pues cuesta mucho el tener a un trabajador de baja y más cuando es simulada, extremo que todos los operadores, tanto privados como públicos deberían vigilar y tener un control más exhaustivo de las bajas médicas para que sólo cuenten las que sean “verdaderas”.
«Nota: Contenido de este artículo compartido en noticia publicada en el Diario ABC».