A muchos les extrañará el que yo formase parte de la Directiva del Cádiz Club de Futbol y otros se sorprenderán al conocer que estuve impregnado hasta la médula en la temporada 1992-1993 como miembro del Consejo de Administración del Cádiz Club de Futbol S.A.D. Pues todo procede de mi vida pública, donde el Ayuntamiento de Cádiz, en el año 1992 compró el accionariado mayoritario de dicho club y lógicamente mi condición de Concejal en la oposición, por aquel entonces, me introdujo de lleno en ese mundo tan apasionante, pero farragoso en muchos aspectos y ha existido mucha gente honrada que se han volcado en su club y que honestamente lo han llevado a la división de honor o lo han sacado de un pozo para que la afición disfrutara en una liga de futbol.
Dicho esto, yo viví hasta algunos viajes con el equipo de futbol a distintas ciudades, pues entonces el Cádiz se encontraba en primera división, cosa que a mí no me apasionaba, pero que por cumplir con mi obligación y por poder rescatar algún día los 300 millones de pesetas que el Ayuntamiento pagó por la compra, todos sin excepción nos entregamos a esa causa, a sabiendas de que íbamos a ser muy mal pagados, abucheados en muchos partidos y culpables de que el Cádiz descendiera a segunda división.
Pelillos a la mar, todo ha pasado. El tiempo lo cura todo y hoy me veo sorprendido de cómo en la temporada 2014-2015 el actual Presidente, Manuel Vizcaíno, me entregara una placa de reconocimiento y me diera las gracias por mi trabajo. Sinceramente no lo esperaba y fue un grato encuentro con algunos amigos que formaron parte de esa directiva, entre los que menciono porque ahí estuvieron, que son: Juan Castelví Jarillo, Fernando Lepiani Sánchez, Alfonso Jiménez González y José Vazquez Arrabal, quienes conmigo pasaron una tarde agradable y vimos ganar al Cadiz por 3-0 y que pese a la abundantísima lluvia la afición siguió el encuentro y valoró las perspectivas del futuro mundo cadista.
Quiero terminar recordando que también he sido futbolero, que tuve responsabilidades en aquél entonces y que, en resumen, no sé qué me quedará por hacer en la vida, pues del “submarino amarillo” ya tengo mi historia.