El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

CUÁNTO ODIO TIENEN LOS ENVIDIOSOS

         Dicen que la envidia es considerada como uno de los siete pecados capitales y que supone  una abundante fuente de otros muchos pecados; pecados capitales que en una lista confeccionó el Papa San Gregorio Magno durante su pontificado entre los siglos VI y VII.

         Nuestra sociedad   actual  tiene en su cultura la palabra envidia como algo  tan arraigado que si bien en las sociedades modernas es moneda de cambio, aquí en España y hoy,  es algo  que no tiene límites y que supone que existe  una escasez de objetos materiales  que para muchos son difíciles de obtener. Si alguien prospera por su esfuerzo propio,  se le dirá que “ha tenido suerte”, si alguien logra una fortuna importante por su buen hacer, se le dirá “que ha robado”, si alguien posee un cargo público con notoriedad, se dirá  “que quién es el padrino”, si alguien de buena pluma escribe y tiene oratoria, se dirá que “de dónde,  pues en su familia el que menos era un bodoque” y si alguien, por su vitalidad, tiene simpatía  con el resto de los ciudadanos, se dirá  que “es un pelota y que algo está buscando”. Es decir,  todos o casi todos somos envidiados en mayor o menor medida, pero como decía Napoleón “la envidia es una declaración de inferioridad” y sobretodo, como dijo Diógenes, “la envidia es causada por ver a otro gozar de lo que deseamos; los celos, por ver a otro poseer lo que quisiéramos poseer nosotros”. Es decir ¿qué es un envidioso?, pues un ingrato que detesta la luz  que le alumbra y le calienta, siendo, por tanto, mil veces más terrible que el hambre, porque se trata de un hambre espiritual.

         En la sociedad de hoy y en armonía con estos emergentes partidos políticos salidos de la envidia como “Ganemos” o “Podemos”, entre otros,  y que tildan a los demás de “casta”, vemos cómo su único deseo por la envidia es estar en esa “casta”, es decir,  aprovecharme del deprimido, del incrédulo, del desvalido, para  utilizar su desazón e ir a situarme en ese escalafón de envidiosos para parecerme al que envidio y por qué no, llegar a ser como él. Aquí, como decía el humorista Chumy Chúmez “SI HUBIERA UN  SOLO HOMBRE INMORTAL, SERÍA ASESINADO POR LOS ENVIDIOSOS”. Hasta esas gotas de un escritor humorista ponen de manifiesto cómo la propia psicología determina que la envidia es un sentimiento que se niega tanto ante terceros como ante uno mismo y, por tanto, el envidioso suele ocultar su envidia y resulta muy poco frecuente que la asuma, pues entonces estaría aceptando  su mayor carencia. Se dice que hay muchas personas que llegan a enfermar y esa enfermedad debe ser tratada, pues la humildad y el respeto  por los demás es muy difícil sobrellevarla  y para eso tiramos de ese proverbio árabe que dice “castiga a los que tienen envidia haciéndoles el bien” y por tanto,  triste perspectiva tiene  nuestra sociedad,  cual la envidia la mata  a pedazos diariamente.

         Me decía un amigo que “más vale que te envidien a que te tengan lástima”, pues es muy frecuente entre los humanos correr por ese río  interminable de la envidia, pero si la sociedad hoy supiese  contentarse con lo que tiene, esforzarse a diario, no tener  tal fracaso escolar en los menores, rodearse de valores y mirar a la cara limpiamente,  otro gallo nos cantaría, pero no sé qué está pasando, pero este pecado capital  tan abrumador está haciendo a los envidiosos cada vez más pobres y quienes se rodean del odio del adversario, del deseo  fatal para ellos y de eliminarte como sea, en el pecado llevan la penitencia.