El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

LE LLAMAN EMPRESARIO

         Es habitual que la sociedad civil de nuestros días llame empresario a esas personas que,  bajo la tutela de unas relaciones laborales, poseen en sus plantillas a trabajadores o empleados que para unos son explotados laboralmente hablando y para otros son esa gente que sacan adelante con su esfuerzo y trabajo al denominado empresario y que sin el sudor de estos trabajadores,  esa empresa no saldría nunca adelante. Es decir calificativos para todos los gustos y  según de quien proceda y quien los maneje. Hoy,  tenemos que diferenciar entre el  empresario autónomo y el  de las multinacionales  que,  en cualquier momento estos últimos levantan el “chiringuito” de donde están ubicadas y se marchan bajo el manto de un ERE  a otro lugar más adecuado para tener rendimientos y sin ningún dolor de su corazón,  pues suelen ser personas jurídicas,  dejan todo un lastre  socio-económico  y sus trabajadores los lanzan al denominado desempleo, porque las expectativas que les hicieron instalarse para su viabilidad  no han sido concluyentes para su economía.  Dicho esto, todos conocemos este tipo de empleadores que en nuestra geografía han surgido muchos como hongos,  que cuando el mercado económico no les ha dado sus frutos y fines  se han ido como “perdigones de escopetas” y  “si te vi no me acuerdo”, esparciendo por doquier las secuelas de esa marcha, incluidos los concursos y quiebras  en los Juzgados de lo Mercantil.

         Pero no quiero hablar de ese tipo de empresarios; quiero hablar de ese que hoy se  llama emprendedor,  que es ese  autónomo que todas las mañanas abre su negocio o actividad profesional con un socio llamado “Hacienda”, entre otros. Es decir, que muchas veces casi todo lo que gana   tiene que distribuirlo, como mínimo,  entre el pago de la Seguridad Social, el IRPF, la nómina del empleado o empleados que tenga, el Impuesto del IBI, el de  circulación de vehículos por tener un triste automóvil para repartir,  luz y agua, IVA y un móvil como mínimo para llamar a los proveedores y para pagarles con dinero por delante porque si no, no te sirven ni una cabeza de ajo. Este empresario que  muchas noches no duerme y que  tiene que adaptar su negocio o profesión a las necesidades de los clientes es el que para poder obtener una jubilación el día de mañana  paga al RETA su Seguridad Social sobre la base mínima de cotización, cosa que su empleado cotiza según convenio colectivo del sector y al final de los días de la vida  laboral el empleado tiene  más pensión que el empleador y no olvidemos que éste que se llama empresario  tendrá que tener mucho  cuidado en no ponerse enfermo  ni accidentarse, pues ello conllevaría poner a otro en su lugar y  cotizar doblemente o cerrar  mientras tanto  la actividad,   para que cuando se recupere y vuelva a la misma, quizás  se lo coman las moscas.  

         Desgraciadamente, estas empresas denominadas pymes o micropymes son las que crean en nuestro país más del 80% del empleo  y  lo hacen con cariño y entrega, incluyendo a su familia y  exponen permanentemente  su patrimonio personal para que en los días bajos de esos negocios, esos días de lluvia, de finales de mes y  el bajo consumo que ha dejado la crisis del 2008 hasta nuestros días,  puedan equilibrar ese presupuesto  para que sus socios  llamados “hacienda” y “Seguridad Social” cobren  puntualmente, pues de lo contrario  el peso de la Agencia Tributaria  y la visita,  a menudo,  de la Inspección de Trabajo  puedan comprobar que todo se  hace bien, pues de lo contrario pueden dar con sus “huesos” en un triste embargo  y de llegar ésto,  por ser empleador  ni siquiera tendrá el desempleo que sus trabajadores sí van a solicitar y percibir. Por eso,  nuestra sociedad debería  tener en cuenta que la palabra empresario no es  igual para  todos. Es verdad que hoy ese autónomo aumenta por la necesidad de introducirse en el mercado laboral y porque no se tiene otra cosa,   pero no es lo mismo ser trabajador que ser este tipo de empresario que, como te descuides un poco, solo lo quieren para pagar y a duras penas  llegar a final de mes. Habría que buscar fórmulas para no ser tratado de la misma manera un empleador que tiene hasta cinco trabajadores  u otro empleador que pasa de los veinte, porque  laboral y fiscalmente  el tratamiento es el mismo  y llamar a uno empresario  cuando  prácticamente es un negocio familiar  y su horario es de sol a sol es hacer un poco el ridículo.  Por eso, cuidemos su entorno, ayudémoslos  con tratamientos fiscales de acorde con la realidad  y veamos tras la lupa  que igualar a esa figura  es querer mirar para otro lado. Hoy el emprendedor autónomo  de corte bajo debería hacérsele, al menos,  un reconocimiento por no decir un monumento, pues gracias a ellos este país sale  al paso día a día de la economía, pero  no nos  olvidemos que con una  competencia desleal y una economía sumergida, como muchas veces se le hace haciendo nuestras compras incluso por internet, los estamos  condenando al ostracismo  en todas sus facetas. Y ahora,  que se presentan nuevas elecciones,  dejemos de lado esas promesas que no se  pueden cumplir  y pensemos en lo más importante, la creación de empleo, facilitar a los autónomos un mercado próspero  y revisar  seriamente el  fondo de pensiones  porque se atisba   que la longevidad puede  poner en entredicho el pago de estas, ya que no puede ser normal que hoy algunos tenga más vida de pensionistas que de  vida laboral.