El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

EL VERDADERO LABORATORIO DEL APRENDIZAJE

         Hubo un tiempo  en que la denominación  maestro  era hasta peyorativa, pues se relacionaba con alguien documentado, pero de pocos ingresos económicos, de ahí  la frase de “tienes más hambre que un maestro de escuela”, cosa que hoy a cualquiera que sea listo y buen preparador se le dice “maestro”, como ocurre con quienes han llegado a algo en la vida y siempre  se enorgullecen de su “maestro” o quienes disfrutan  al decir “esa persona importante es un ejemplo de  su maestro o yo fui el maestro de aquel genio”. Sin embargo, el aprendiz es otra de las definiciones que  se han ido  perdiendo por parecer peyorativa, de  hecho, tras las distintas reformas laborales, la categoría de aprendiz se ha  perdido prácticamente de las tablas de los convenios colectivos, cuando el  haber sido aprendiz desde los inicios de la vida laboral ha dado   grandes éxitos al mundo del trabajo y a la sociedad civil actual, pues la “formación” como hoy se le denomina ha aparecido más exitosa y con mayor rango para así ocultar muchos fracasos de jóvenes que no han tenido soluciones a su vida de estudiante o haber  fracasado en unos estudios universitarios, a lo que tanta importancia se le da, sin saber si muchos jóvenes cursan los estudios de muchas carreras de parados, por lo que la formación es un conjunto de situaciones  que hoy se visualizan  de manera no ajustada a la realidad.

         El aprendiz era aquél joven que en un comercio aprendía a limpiar los cristales, a ordenar las mercaderías o a tener  las mínimas reglas de urbanidad con los clientes (hoy por cierto inexistentes), así como  saber atender o despachar  hasta  llegar al ocaso de su vida laboral como encargado  general de aquellos grandes almacenes, donde hasta barrió las escaleras de las puertas de servicio, no olvidando aquél aprendiz que comenzó, igualmente, en el banco o caja de ahorros llevando las primeras cartas, aprendiendo a escribir a máquina y desarrollando actividades mercantiles  para saber lo que era un cargo y un adeudo o un abono y si el “debe” estaba a la izquierda  y el  “haber”  a la derecha de  un asiento contable, para que a lo largo de su vida laboral también terminase de  Director o Interventor de una sucursal con poderes hasta para dar y conceder préstamos, sin olvidar tampoco   el aprendiz de una oficina de cómo empezaba y cómo  llegaba a jefe o director, o al aprendiz de la  construcción que terminaba  como  un gran encargado general de una obra con plenos conocimientos hasta para interpretar planos  de  edificios; o bien, grandes profesionales  de la fontanería, de la electricidad, del encofrado, de la yesería   y de tantas otras profesiones que están casi perdidas.

         Todo ello, porque esa formación  como hoy se  llama quiere a gente que aprenda la profesión sobre papeles y ordenadores, pero nunca bajando al “tajo” de la faena que es como verdaderamente se aprende y  bajo la tutela de ese maestro especialista que te hacía aprender con muchos sacrificios y desde pequeño, por eso  hoy sobran muchos titulados de carreras universitarias y faltan barnizadores, electricistas, camareros, plateadores de metales, ferrallistas, soldadores, carpinteros, zapateros y un gran elenco de profesionales que actúan en el mundo del trabajo solo porque la figura del aprendiz la hemos hecho fracasar por las grandes trabas y normativa que el mercado de trabajo  ha impuesto, para transformarla en ese grupo denominado de la “formación” y que a la larga nadie los contrata,  pues un aprendiz es el que aprende y es enseñado por el maestro,  no el que no sabe  nada de nada y quiere con 16 años entrar en una empresa  directamente de “jefe”. Así nos va y así existen muchas profesiones y oficios  que están desapareciendo, porque ser aprendiz es algo que no se quiere y tener un título  viste mucho, pero desgraciadamente para colgarlo en la pared del salón, pues  para trabajar  hace falta otra dosis de aprendizaje y para todo es necesario ese maestro  que tanto añoramos los que peinamos canas y al que tanto le debemos porque gracias a ellos las empresas funcionan con experiencia y con conocimiento de la materia en la que trabajan.

         Ahora todo no es manejar  bien el ordenador o ese móvil de última generación que sabe de todo, eso inclusive ha sido muy lesivo  para muchos y sigue ocasionando  grandes perjuicios como escribir con múltiples faltas de ortografía  y sin ningún conocimiento de la gramática, pues da pena leer muchos e-mails  y muchos mensajes o sms que pone de manifiesto el nivel  de muchas  personas. Hoy hace falta aprender cada día y con vocación, pues quien es un gran especialista con una  vocación plena llegará donde se proponga, pero  con ese aprendizaje que le ha llevado a conseguir lo que  buscaba. Por eso, observamos como la nueva tecnología de los grandes Astilleros  piden  gente especializada, pues ya los años del tornillo y del remache han desaparecido y  por eso dejémonos de tantas y tantas subvenciones  para lucrarse  unos pocos y volvamos con aquellas escuelas de formación dotadas de grandes maestros, pues eso es lo que vale  o, bien,  posibilitar a los autónomos  y empleadores de las pymes  a que  estos costes sean mínimos  y   no  que para  enseñar cueste tanto,   ya sea a la Seguridad Social como  salarios y, especialmente, no  confundir lo que es formación  con trabajar  como si  fuera un empleado más, siendo esto claramente un fraude, lo demás solo hace que cada año nos tengamos que arrepentir de tantos jóvenes  sin hacer nada y comprender claramente  que ser aprendiz no es peyorativo, pues se trata de asimilar los conocimientos básicos para que el día de mañana se conviertan en auténticos especialistas  y profesionales como ya está ocurriendo en toda Europa  y  en especial en los países más industrializados.