El pasado día 10 de Julio asistimos a un largo debate entre los dos principales candidatos a la Presidencia del Gobierno donde, pese a que estaba previsto que podía ser tenso y bronco como así fue, los moderadores en base al cuestionario ya estudiado previamente plantearon cuestiones de índole nacional y muy relacionadas con la economía, el empleo, las relaciones exteriores y principalmente pusieron énfasis en cómo tras la pandemia España estaba resurgiendo y retomaba puesto de salida en todo el contexto político europeo. No voy a criticar a ninguno de los dos candidatos, aun cuando debo reconocer que el Presidente Sánchez estuvo nervioso y no sabía cómo callar a Feijóo, no dejándole hablar pese a las advertencias que los moderadores, por cierto algo endebles, le hacían para retomar cada uno sus posturas y el principal o principales temas de cada parte. Me sorprendió que fueran incisivos en el empleo, seguridad social, producto interior bruto y todo lo relacionado con las subvenciones de Europa, sin olvidar el tema del separatismo e indultos y sobre todo muy centrado en el Sí es Sí, cosa que a Sánchez le revolvía de su asiento, pues quería hacernos ver que su Gobierno, el más grande la historia de la democracia en número de Ministerios, había pasado sin pena ni gloria y queriendo orillar sus grandes defectos que por supuesto son muchos.
En todo el debate no se habló de algo que nos tiene muy preocupados a los españoles y es de la Justicia. Sólo se echó en cara el no haber renovado el Consejo General del Poder Judicial como si ese órgano indispensable y necesario fuese lo único que la Justicia tenía atrancado, pero para nada pusieron sobre el tapete el colapso actual de los órganos jurisdiccionales, las huelgas de funcionarios y antiguos secretarios judiciales y los millones de asuntos que se encuentran parados sin ser resueltos en todas las jurisdicciones de España. Es decir, ninguno fue capaz de mencionar que miles de trabajadores están pendientes de una sentencia que les decida conocer si vuelven al trabajo del cual han sido despedidos, si la empresa es insolvente y no cobrarán nada salvo lo que establezca el FOGASA o si su incapacidad o invalidez llegará a tenerla reconocida o por desgracia fallecerá antes. Es decir, tanta aparente reforma laboral la cual es una pantomima, porque ni es reforma ni llega al mundo del trabajo a solucionar más que quitar a los parados de sus estadísticas y vender los contratos indefinidos como una bajada del desempleo, cuando seguimos siendo el país de mayor desempleo de Europa y el más alto también en desempleo de jóvenes y mujeres, que ni siquiera en ese debate se supo cuántos fijos discontinuos perciben el desempleo, ya que ello debe ser altamente preocupante y no conviene contarlo a todos los españoles que estábamos viendo el debate. Por tanto, la Justicia no ha sido debatida. La Sala de lo Social del Tribunal Supremo, como alto Tribunal, tiene más de seis mil asuntos pendientes de resolver y curiosamente en este mes de Julio, de trece Magistrados que debe tener se quedaran en siete, porque no importa que quien está al borde de su vulnerabilidad se le resuelvan los asuntos, ya que eso no interesa y si no existen Magistrados para resolver en ese alto Tribunal tantas materias, nada importa a la clase política. Es decir, que mientras la sociedad sufre las graves consecuencias del colapso absoluto de los juzgados, los dos principales candidatos no dedicaron ni medio minuto a plantear cómo se recupera una actividad esencial para nuestro Estado de Derecho, pues hablar mucho de la Constitución y no mencionar los derechos constitucionales como son entre ellos, los servicios públicos de la Justicia, es producir una indefensión que no tiene más que el reproche de quienes vivimos en ella y con ella.
Yo espero que en los pocos días que quedan para el 23 próximo, los partidos de gobierno saquen soluciones para la Justicia en su conjunto. Es decir, acelerando las demandas que están pendientes de señalamientos, devolviendo las fianzas que legítimamente tienen los justiciables depositadas en las cuentas corrientes de los juzgados y que no son devueltas, ejecuciones de todo tipo, pues sea la jurisdicción que sea, el no tener una sentencia rápida o no poder ser ejecutada es no tener justicia y claro, posiblemente si se acelera la Justicia, se le ponen sus parámetros para que funcione y se reorganiza de nuevo todo el organigrama que ésta tiene, posiblemente a muchos no les interesa porque perderán el privilegio de la prescripción y muchos pleitos que por prevaricación, apropiación indebida, delito social y un largo etcétera pasaran de largo por sus narices y eso les harán seguir en la poltrona y de este modo no se les imputarán por nada. Y no olvidemos los millones de ciudadanos, como son los que están en pleitos civiles, mercantiles o de familia pendientes de que se les resuelva algo que nunca llega y que cuando en un debate se mira para otro lado y es más importante que el Falcon vaya llevando al Presidente a la boda de un amigo y no que los trabajadores cobren sus salarios, o se vean sus derechos fundamentales perturbados porque las sentencias que se ponen sean eternas en el tiempo de dictarse es que el país vive más del folclore y de la pandereta que de los problemas reales que un Estado de Derecho debe tener en primera fila como son sus Tribunales de Justicia.
Entiendo que en política vale más la imagen y la forma de sentarse, de andar o de gesticular ante una cámara de televisión que un pobre pensionista que para cobrar una pensión mínima de 600 euros tenga que esperar tres años.
Sr. Feijóo atisbo que será usted el próximo Presidente del Gobierno, pero por favor, su mesura y el concepto de la responsabilidad que posee le hará que entre los problemas más urgentes que debe resolver es hablar con la Judicatura, que se elijan entre ellos y que esto empiece a funcionar, pues lo contrario será todo un papel mojado y seguiremos languideciendo los operadores jurídicos, Jueces y Magistrados, el justiciable y todos los que tienen que estar pendientes de agilizar este gran pilar.