En los últimos cuatro años estamos siendo los españoles la comidilla de Europa y todo como consecuencia de la gestión que tanto el Gobierno, como el Parlamento están llevando a cabo. Por día los tribunales están abrumados por la cantidad de casos de corrupción y porque no queda títere con cabeza en el aspecto y el mundo político. No hay día que no tengamos un enfrentamiento de todo orden y cada minuto surge un escandalo, bien provocado o bien como consecuencia de enfrentamientos entre las fuerzas políticas. La sociedad civil está cansada y cada vez mira para otro lado porque la credibilidad que debe ser la principal tarjeta de visita no existe en la clase política. El pasado jueves, 30 de octubre, colmó el vaso de la acritud la comparecencia del Presidente del Gobierno en una Comisión de Investigación en el Senado. Hemos visto cómo su comparecencia que ha sido provocada para arrinconarlo en la Cámara Alta no ha satisfecho a nadie de los que vivimos a diario y escuchamos las respuestas de Pedro Sanchez en esa Comisión sobre el “Caso Koldo”, que respondía a lo que quería y podía y llegó a calificar a la Cámara Alta como un espectáculo de la referida Comisión y que era aquello un circo. Unos preguntaban por doquier, mientras los socios del Gobierno calificaban la Comisión de inquisitorial porque las pocas respuestas de Sánchez, las que al menos dejaba articular, no convencían a nadie y fue un rifi-rafe de vergüenza y malos modos, que pese a las gafas que estrenó con montura de alto coste de los años 80, no sabía salir del atolladero, porque su imagen está tan deteriorada que de manera sarcástica usaba su comparecencia como un trilero sin organizar. Allí se habló de toda la familia de Sánchez, allí defendió el Presidente que su mujer Begoña Gómez y su hermano David eran inocentes y otros se partían de risa por el espectáculo que estaban dando porque ante tanta pregunta solamente se hablaba y se lamentaba la “bajeza” y el “lodozal” que se había vivido en el Senado, ya que una Cámara que está para legislar y que debe tener el respeto de todos los españoles se calificaba por parte del Sr. Sánchez como una Cámara difamatoria y que más que una Comisión se trataba de un circo, lo que el Presidente de la Comisión rechazó las palabras de Sánchez, tanto por la ironía como por la falta de respeto a una Cámara legislativa.
De toda esta comparecencia no se ha sacado nada porque el Presidente del Gobierno en lugar de responder se limitó a decir que “limpien primero su casa y luego ya, so eso, hablamos del resto”, pues “sólo hay una Gürtel, su residencia está en una sede pagada con el dinero corrupto como acreditó la Justicia y esto es lo que ustedes -por el partido popular- podéis aportar”. Al día siguiente unos y otros han valorado en su medida a esta Comisión, pero los españoles podemos afirmar que es tal la situación que vivimos que ni las Cámaras legislan, ni tenemos Presupuestos y el desgobierno es tan arrollador que nadie sabe por dónde vamos ni a dónde nos dirigimos, pues las descalificaciones, los insultos y la falta de coherencia ya han tocado techo. Menos mal que aún pertenecemos a la Unión Europea y es la que está templando gaitas y nos está sirviendo como parapeto para que la situación no vaya a mayores.
España no se merece la clase política que tenemos, pues aun cuando no sabemos qué ocurrirá en unas próximas elecciones o si habrá o no moción de censura, al final unos pocos de votos que amparan a un Gobierno acabado son quienes están decidiendo que tantos Ministerios como hay y tantos cargos públicos viviendo de la sopa boba nos estén arruinando minuto a minuto, porque la situación ni mejora ni se atisba un horizonte claro, sólo se está viendo cómo las empresas ya están desconfiando y no crean empleo y los impuestos nos están ahogando a cada momento y no hablemos de la Seguridad Social, que atraviesa una quiebra que de seguir sin cotizaciones estamos creando el “corralito”, pues aunque cuando todo el mundo hable de los jóvenes sin trabajar, del absentismo que nos come, de la salud mental que aumenta a peor y de los servicios públicos que se ahogan cuando cae un chaparrón, las instituciones no son capaces de responder a todo este entresijo y el abismo en el que nos encontramos inmersos es imparable.
Es triste escuchar en la calle decir que esto va mal y que no sabemos cómo acabaremos, pero lo que no cabe duda es que el pueblo sabio está comprobado en sus carnes que toda esta chusma política hay que echarla a la mismísima basura.