El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

UNA MALA FOTOGRAFÍA

         También a Churchil se le adjudica la frase de que “la democracia es un mal sistema, pero infinitamente mejor que cualquier otro”. De la calidad de la democracia, de su autenticidad, hablamos los españoles un día sí y otro también. Es habitual poder oír o leer que aquí nadie dimite o que nadie va a la  cárcel. Es idea muy usada que no hay división de poderes, que la justicia está politizada o que no funciona. Sin embargo, cuando en una legislatura tan trepidante como ésta un ministro renuncia a su cargo por la imposibilidad de sacar una ley adelante o cuándo determinadas personalidades de todo orden dan con sus huesos en prisión, los hechos contradicen a los malos pronósticos. Es la independencia judicial, tan imperfecta como se quiera analizar, la que procede a poner en marcha operaciones de persecución del delito sin atender a más interés que el de que se haga justicia. También cuando se caricaturiza la institución del Fiscal General del Estado insinuando o afirmando que tiene una dependencia jerárquica y que, por tanto, sus decisiones no son o no se toman enteramente en función de la legalidad, los hechos pueden desmentirlo; de hecho lo desmienten por completo.

         La “operación púnica” de estos días nos llena de vergüenza, más allá de que la justicia siga el curso que corresponda y se llegue a la profunda verdad de las cosas con los culpables que lo sean. No se trata, pues, de prejuzgar, pero el asunto ahora desvelado es no sólo feo,  sino también muy escandaloso y, de demostrarse por entero, altamente despreciable. Lo cierto es que los que roban, además, mienten negando haberlo hecho y los que creyeron en ellos se equivocaron. Así es siempre y el reproche legal y social tiene por objeto la restitución de las personas y las cosas a donde nunca debieron modificarse en el sentido que lo hicieron. Eso sí, nada podrá curar nuestra decepción, por más que nos consuele saber una vez más que nada es gratis y que los desalmados siempre acaban por conocerse y ser castigados.

         Al fin, los casos de corrupción son invariablemente la historia de ambiciones desmedidas y desproporcionadas por obtener o acumular dinero o bienes materiales que acerquen al oropel y los excesos. Como norma, los corruptos nunca tienen bastante y nada suele pararles, ni siquiera el conocimiento de hechos similares descubiertos, perseguidos y desactivados. Pero la ejemplaridad es inevitable y la justicia al ser aplicada provoca esta consecuencia que se convierte en un aviso para todos.

         Quizás todo este sobresalto tan complejo sea fruto de la conjura de la naturaleza para devolvernos a la realidad. Una conjura en la que se entrecruzan la crisis económica, el desempleo y las carencias sociales, el rescate de determinadas cajas de ahorro de quebrada situación, los avisos de Gibraltar y el prestigioso señor Picardo, la planteada secesión catalana impulsada por el egoísmo y la irresponsabilidad de determinados nacionalistas de mucho peso y su seguimiento, los ERES falsos, el sospechoso mal uso de los fondos de formación, la impensable irrupción de la enfermedad del ébola -a pesar de su fugacidad en el tiempo-, los revelados abusos de algunos personajes hoy juzgados y la tramas corruptas que el sistema descubre, publica y acota. A ello hay que añadir el cuestionamiento del modelo de partidos políticos, estructuras de poder que deben estar al servicio de los ciudadanos y que han de atender en todo momento a sus exigencias.

         Demasiado en demasiado poco tiempo. Digerirlo con presteza es una necesidad, los retos son muchos y la recuperación económica corre prisa. Tenemos que acostumbrarnos a que la justicia actúe y siga poniendo todo en su sitio mientras se trabaja para devolvernos el empleo y alcanzar unos mínimos de bienestar irrenunciables. La buena noticia es que los jueces y los fiscales funcionan y hacen funcionar las alarmas y los límites, la buena noticia es que en nuestra democracia los controles detectan las infracciones y a sus protagonistas. La buena noticia es que tenemos los instrumentos para perfeccionar resortes y hacerlo sin el calor de cada suceso reciente, pero con la lección aprendida de lo que pasa y puede llegar a pasar.

         Entretanto, que en la UE de los más importantes países se haya paralizado el crecimiento y que España es la única que crece o casi, también tiene que ocuparnos. Como el anuncio de Boko Haram de no liberar a las más de 200 niñas que secuestró, la gravedad de la extensión del ébola en algunos territorios africanos y la gran cantidad de víctimas –hace falta mucho más ayuda internacional-, los aterradores avances del llamado Estado Islámico, la curiosa –o extravagante- orden de detención por la juez argentina María Servini de varios ex ministros de Franco y otros dieciocho acusados más en virtud del discutido principio de Justicia Universal, el impulso renovado de la Comisión Europea con Juncker al frente y su propuesta de aportar 300.000 millones de euros en un plan de empleo, crecimiento e inversión, o el anuncio de USA afirmando haber salido de la crisis –no hay que olvidar que allí se inició, con la caída de Lehman Brothers. Con las cosas en su sitio, hay que sacudirse de estos días y traer el futuro que más nos interesa.

Quiero agradecer a mi amigo y compañero, Joaquín Ramírez, el contenido de este artículo.