En la actualidad, cualquier separación matrimonial es traumática, pero en parejas o matrimonios con hijos menores es algo que está ocasionando grandes perjuicios para la sociedad civil en su conjunto y para esos menores que están viviendo momentos de ansiedad.
No se puede confundir la patria potestad con custodia, por lo que hay mucha información sesgada sobre este asunto, pero la custodia compartida debe imponerse ante matrimonios que quieren la estabilidad de sus hijos y que deben defender por encima de todo el interés de esos menores. No se puede perder jamás la vista de los menores afectados, pero no por ello la madre que, ante la separación puede convertirse en una fracasada, cuando es el esposo quien se marcha, no debe ver la vida interrumpida de la estructura familiar en la que los hijos siguen estando presentes. Es vedad que hay casos con una claro maltrato o vejaciones hacia uno de los cónyuges, pero no se puede sistemáticamente imputar al varón como el responsable de la separación porque la mujer, al querer prevalecer su concepto de madre, no puede creerse que los hijos son patrimonio de ella y el propio Código Civil tiene establecido, ante la separación, que será el Juez quien conceda la custodia compartida, el cual deberá recabar información del Ministerio Fiscal, oír a los menores que tengan suficiente juicio y con más de doce años y valorar la relación que los padres mantengan entre sí. Lo que no puede una mujer es tener un régimen exclusivamente para ella de esos menores y pensar que si el esposo se ha separado, ya sea amistosamente o por resolución judicial, que los hijos tengan que sufrir un monopolio de la misma, pues ser madre no significa ser propietaria, ya que el padre tiene el mismo derecho que ella, así como las mismas obligaciones de cuidar y querer a esos hijos y las consecuencias que de ello deriven.
No quiero incluir aquí el maltrato o la violencia de género, del cual algunas mujeres abusan en falsas denuncias para dejar sin capacidad de obrar al padre de sus hijos. La custodia compartida es en España una medida excepcional, pero sin embargo, en la legislación autonómica de Aragón, Cataluña, Comunidad Valenciana y Navarra se trata de forma preferente, por lo que hay que consolidar la cultura dentro de los Jueces para que una vez obtenido el informe del equipo psicosocial de los Juzgado y exigido legalmente y tras entrevista a los padres y menores, realizando las pruebas diagnósticas a los mismos, el Juez determine el régimen a establecer en la Sentencia de divorcio, pero nunca puede ir en menoscabo del varón, olvidando el deseo de los menores de ver a sus progenitores, el seguir su educación y su integridad en la sociedad, ya que, precisamente, en los menores de siete años es donde cobra especial importancia preservar los ritmos de asimilación de éstos y en donde la ruptura del núcleo familiar va a ser vivido por ellos con un sentimiento de culpa que no tiene precedente.
Es verdad que los menores de seis años, según estadísticas, frecuentemente tienen apego a la madre, por lo que habrá que buscar cómo esa asimilación y el ritmo de vida debe seguir, pero lo que no se puede hacer es desgarrar del padre y con malas artes el también apego y cariño por ser su progenitor y seguir manteniendo la viveza familiar para que ello no sea injusto y con el tiempo el hombre parezca como figura despreciable y lejana y la madre como solución de la custodia y el mantenimiento de éstos, cuando hay padres (varones) que escrupulosamente cumplen sus obligaciones más allá hasta de la mayoría de edad de sus hijos.
En España existen asociaciones formadas por varones que vienen llevando a cabo proyectos para que la custodia compartida se otorgue. Precisamente, en la ciudad de Granada tengo entendido que existe una que viene aglutinando a padres en esta situación y que están viviendo situaciones extremas, pues no ven a sus hijos y lo que es peor, les provocan situaciones de alejamiento con comportamientos torticeros para hacer creer que bajo el manto de la madre están más protegidos y seguros los niños, extremo incierto y que deben seguir reivindicando un derecho que les asiste, pues no es justo que uno a uno estén viviendo situaciones calamitosas y de desesperación. La mujer no es dueña del patrimonio familiar, es la madre, pero como madre debe saber que la figura del padre es tan necesaria como la suya y ya tenemos que olvidarnos de tanta demagogia como estamos viviendo en nuestra sociedad, pues los comportamientos que algunas están llevando a cabo, ni es de recibo ni conducen a que esos menores el día de mañana, por su culpa, tengan un concepto de sus padres totalmente equivocados. Los hijos no pueden ser utilizados, por algunas madres, como moneda de cambio para la venganza. El tópico de que el hombre es perverso o malo ya no vale.
Se hace necesaria que la Ley, una vez llevada a cabo con las consultas pertinentes, se tramite en el Parlamento y que esos hombres que hoy sufren y se les priva de un derecho, vean pronto que no estamos ante una medida excepcional, sino en un derecho que la sociedad a través de las Cortes Generales tiene que otorgarles con carácter urgente, orillando por supuesto a los padres maltratadores y quienes usan la violencia, pero también hay que recordar aquí que existen muchos hombres maltratados psíquica y físicamente y parece como si a ellos y su entorno les diera vergüenza que este tipo de maltrato se sepa.
Los tiempos han cambiado y la custodia compartida debe aflorar en esta sociedad civil como cualquier otro derecho al que hemos asistido en estos últimos años, sin menoscabo de que las madres también reivindiquen los suyos y para eso están los Jueces, para impartir Justicia, pero no que de antemano, por ser varón y padre, se presuma que no va a tener derecho a la custodia compartida.