El blog de José Blas Fernández

Un laboralista del siglo XXI

PACTAR CON CONDICIONES

  Llegó el día. Unos y otros repitieron –de carrerilla-, como los afluentes del Ebro, “sólo pactaremos con los ciudadanos”. Ahora han pasado las elecciones, ahora se pacta. Todos dicen querer pactar y quieren. Eso sí, cada cual lo ve de modo diferente y sólo afirma estar dispuesto a hacerlo -según y cómo- y en condiciones determinadas.

El 13 de junio habrán de estar listos los gobiernos municipales de toda España, los autonómicos tiene otros calendarios y más opciones. Nuestro sistema legal fija que, si no se da una mayoría absoluta de concejales, la alcaldía recaiga en el candidato de la lista más votada. En una inmensa cantidad de ayuntamientos se da la competencia entre los que, a toda prisa, quieren juntar voluntades para hacer esa mayoría y los que se hacen cruces con la posibilidad de que no lo consigan. Así, unos pactan comprometiéndose a votar por un candidato ajeno y otros lo harán votándose a sí mismos y permitiendo así que el alcalde o alcaldesa sea el que más votos obtuvo.

Atrás quedó, al menos de momento, elaborar y aprobar una ley para facilitar que gobiernen las listas más votadas sin más condición que ésa. Por tanto, habrá pactos lógicos y así queridos por la mayor parte de la ciudadanía y también los habrá que la disgusten profundamente. Lo malo es que algunas de estas alianzas se harán a pesar de que muchos de sus protagonistas serán conscientes de que no se corresponderán con los deseos o el favor del pueblo soberano. En estos casos, sus patrocinadores esperan que el tiempo ahogue las voces y la voluntad de sus detractores, aunque sean la mayoría. Extraña manera de pactar con los ciudadanos.

Cuando el pueblo llama, una y otra vez, contra la bronca permanente ha de entenderse que prefiere el entendimiento de la mayoría moderada a cualquier otro escenario que signifique la teoría de las dos orillas o la reedición del vergonzante apaño del Tinell.

La escena de cuatro está servida, PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos. En principio todos ellos han sido dignificados democráticamente por las urnas libres. Sin embargo, la moderación característica de populares, socialistas y C´s, no parece ser una de las virtudes de Podemos. Es cierto que desde sorprendentes puntos de vista, aún su distancia ideológica, algunos optimistas dirán: bah, son majos. Y puede que sí, puede que así lo sean algunos o muchos de los que les apoyan, jalean y votan. Pero se trata de una fuerza política antisistema, un grupo que bebe en las fuentes ideológicas totalitarias de una izquierda tan antigua y fracasada que ya está prescrita.  

Los nuevos agentes llegan con una vocación que bien puede asemejarse, pero es muy distinta. C´s llega con la inequívoca intención de sustituir al PP y Podemos para intentar revolcarse con un PSOE al que quiere finalmente engullir hasta verlo desaparecer. C´s, a su estilo, con convicciones democráticas, ambición y una bisoñez llamativa. Podemos, con soberbia, desprecio y un auténtico proyecto antisistema. Ciudadanos pretende poner sobre la mesa el complemento que echa en falta en el actual estado democrático de cosas; o desencaja al PP y ocupa por entero su espacio o, en pocas fechas, su anaranjado logo diluirá su pantone en un mar que no le habrá necesitado. Podemos, lejos de ello y con sus tintes revolucionarios, propone circunscribir la peor Venezuela en el mapa de España, con su populismo, su “alo presidente”, su radical improductividad y su resultante jaula civil. Como dice Carlos Herrera son los nuevos comunistas, “vendeburras con cierta habilidad para la propaganda hecha a base de labia e intestinos”.

Puede que estos pactos que ya tocan no hayan de ser hechos literalmente con los ciudadanos, pero se hacen en su nombre y han de ser expresión de su voluntad. Algo que los responsables, todos, debieran tener tatuado para no olvidar ni en el más pequeño municipio. Cualquier actuación en contrario podrá envolverse, adornarse y hasta venderse, pero al final nadie dudará de que es intolerable.

Los casos concretos en los que Colau, Carmena o El Quichi son sólo una muestra, de perpetrarse, causarán un gran retroceso, la inacción, el desemprendimiento, y mucho atraso. Que vivamos en una democracia y en un estado de derecho no nos librará de la demagogia, del rancio populismo que se anuncia ni de las peores consecuencias de traer al puente de mando a los más trasnochados. Algo que Pedro Sánchez, Carmona y hasta Patxi López, si así se ven tentados, debieran hacérselo mirar. Porque los atajos del incumplimiento de la palabra dada, el abandono del sentido común y el todo vale son el mejor camino para autodestruirse de la forma más rápida. Ni lo merecen los votantes socialistas ni lo merece España.