Por Real Decreto de 17 de Agosto de 1925 se crearon las Escuelas Sociales y se promulgaron por Real Orden de 12 de Agosto de 1926, los estudios de Graduado Social con nivel superior. En esta larga historia, por Decreto de 21 de Julio de 1933, las Escuelas Sociales pasan a depender del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes y el 12 de Octubre del mismo año, por un Decreto de la República, vuelven los estudios a depender del Ministerio de Trabajo, ya que esta profesión tiene como herramientas básicas el control del mundo socio-laboral y de la Seguridad Social.
Para ser prolijo en la historia, la Guerra Civil paralizó las enseñanzas en estas Escuelas Sociales hasta que por Orden de 4 de Marzo de 1940 se declaran las subsistencias de las mismas, siendo el gran impulsor el Catedrático de Derecho del Trabajo, D. Eugenio Pérez Botija, el cual pide que estas enseñanzas pasen a la Universidad. Podía extenderme en una larga historia de reales decretos, órdenes ministeriales y resoluciones de lo que significa esta bendita profesión que basa toda su plataforma de estudios en la Justicia Social, por lo que si de algo podemos estar orgullosos los Graduados Sociales es de estos dos valores importantes, resumidos en nuestro origen y en nuestra historia. Para muchos que hoy están satisfechos de haber cursado o estar cursando en la Universidad los Estudios del Grado en Relaciones Laborales y Recursos Humanos y que no han conocido quienes como yo tuvimos el grato y noble honor de pertenecer a las extinguidas Escuelas Sociales, no han bebido de esa fuente de riqueza continuada que allá, en el año 1925, estas Escuelas Sociales dieron tanto calor humano a la sociedad española que las generaciones venideras tendrán que mirar siempre hacia esos hombres y mujeres que supieron desarrollar, día a día, el espíritu y el amor a lo Social, donde tantos catedráticos y profesores que están en nuestro recuerdo, velaron para que fuésemos semilla y protección del mundo del trabajo, así como contagiar a quienes sufrían carencias sociales de que la Justicia Social era y es el emblema por excelencia, pues con el paso del tiempo siempre estaría de moda. Estas Escuelas Sociales lanzaron a una España controvertida y transformada por el tiempo, a unos profesionales que supieron rebelarse ante tanta injusticia para hacer un equitativo reparto de lo que luego vendría a denominarse “Estado del Bienestar”.
En este siglo que hemos pasado, quiero recordar a todos aquellos que supieron imprimir el carácter de lealtad y entrega a tantos y tantos alumnos que eligieron, voluntariamente, formarse en esas filas. A vosotros que supisteis hacer profesión gracias a la constancia y al empeño de quienes han formado nuestros Colegios Profesionales y que tanto cariño han puesto para llegar a este Centenario. Podría enumerar a miles de profesores y miles de alumnos, porque con valentía hicimos un futuro comprometedor y consolidamos el mundo de las relaciones laborales prácticamente en exclusiva, sin olvidar a los distintos Ministros y Ministras de Trabajo que a lo largo de nuestra historia supieron acogernos con respeto y con perseverancia, a los ocho Presidentes habidos del Consejo General y a tantos Presidentes de Colegios que tuvieron la hidalguía de hacer profesión allí donde iban y donde estaban, no ocultando nunca su profesión de Graduado Social, que con tanto amor y sacrificio se entregaron por esta maravillosa profesión, sirviendo y nunca sirviéndose del cargo, para que quienes acudieran a las filas de los Colegios supieran que el trabajo y la constancia era y es la tarjeta de visita de todos/as.
Los Graduados Sociales, al cumplir estos 100 años y que están ya acabando, somos para la sociedad como esa célula constante que avanza con rapidez y que no se detiene para mirar hacia atrás; somos en definitiva una profesión que de no existir habría que crearla, por lo que en este recuerdo al Centenario de las Escuelas Sociales y de esta Profesión estamos en plena actualidad.
A quienes nos conocen habrán visto nuestros logros profesionales día a día, pese a tantos “palos en las ruedas” como nos han puesto, pero cuánto trabajo se encierra y cuánto silencio hemos tenido, aunque como el aceite sobre el agua, la capacidad del colectivo ha sabido aflorar una cultura social de la que siempre nos hemos hecho acreedores. Por ello, que las nuevas generaciones sigan nuestro camino pese a que también existen nuevas perspectivas universitarias desde que conseguimos la Licenciatura y luego el Grado y muchas veces sirvieron éstas para hacerse con otras y de una manera triste, porque algunos olvidaron sus orígenes, pero los que seguimos debemos estar orgullosos por lo que somos, sin tapujos, sin cambio de nombres y poniendo por delante nuestro título, una vez colegiado, de que somos Graduados Sociales, por lo que tenemos que seguir prestos a combatir y eliminar las asperezas que se nos presenten.
Como profesión jurídica hemos llegado a este siglo que yo lo llamo de oro, porque de oro somos y no alteraremos el metal por mucho combate que nos quieran hacer, porque con voluntad y vocación que es lo que nos sobra, esperamos iniciar un siglo nuevo.