Las distintas comparecencias del Ministro de Trabajo y Secretario de Estado de la Seguridad Social están poniendo de manifiesto la gravedad y el reto que se atisba para que la jubilación se retrase de entrada a los 67 años, pues no cabe duda que los vaivenes del actual Gobierno y las presiones por la falta de fondos para cobrar una pensión es el verdadero y duro mensaje que la actual crisis está sobrevolando por encima los futuros jubilados. La reciente recomendación de la Comisión Europea a todos los países miembros de retrasar la edad legal de jubilación hasta los 70 años está avisando que si no hay reformas profundas a corto plazo, los que hoy tienen menos de 40 años de edad podrían no cobrar la pensión de jubilación. Es decir, cuanto más se tarde en hacer reformas más dificultades tendremos, por lo que si no se llevan a cabo la gente joven va a estar inmersa en una profunda depresión en su sistema de pensiones. Y eso lo acaba de decir Octavio Granado, recientemente en Santander, por lo que si lo dice el Secretario de Estado de la Seguridad Social está poniendo de manifiesto que el superávit que hasta el 2012 tiene la Seguridad Social, más allá de dicha fecha la situación puede ser muy preocupante.
En este país se han regalado las prejubilaciones, donde de 76.292 que existían en el 2003, han pasado a 112.427 en el 2009, sin olvidar que a los que han cumplido 65 años ya en el pasado 2009 se han colocado en un número nada despreciable de 160.000 aproximadamente. Esto ya no lo soporta ni el propio Pacto de Toledo, pues cuando se firmó el mismo en 1995 fue con la idea de optimizarlo y crear un Fondo de Reservas para la llegada de las “vacas flacas”, pero al ritmo que llevamos la Seguridad Social ya estima que en el 2020 habrá 10,1 millones de pensionistas; en 2030 serán 12,5 millones y en el 2040 alcanzarían 15,3 millones. Lo que pone de manifiesto que es imposible mantener las actuales condiciones salvo que se busquen soluciones, no se mienta y se afronte con valentía este duro golpe, pues ahora el Gobierno de la Nación se está dando cuenta de que en los próximos diez años el número de jubilados va a crecer de forma desmesurada y si no hay cotizantes y no hay dinero en la hucha, ¿quién puede pagar todo esto?.
Hay que sentarse rápidamente. Hay que recordar a los sindicatos que tenemos que garantizar el futuro de la Seguridad Social sin posiciones enfrentadas, pues nos estamos jugando el futuro del sistema público de pensiones y si no abordamos con medidas serias y rápidas los efectos inmediatos de las pensiones de aquí a diez años no tendrá credibilidad ni solvencia el sistema público de pensiones. Ha llegado la hora de dejarnos vivir de las rentas y la futura reforma laboral hoy en el Parlamento tiene que afrontar medidas en el sistema de pensiones públicas, al igual que otros países, pasando inclusive esta reforma por tener un sistema de colaboración público-privado, recordando que si estamos en Europa y formamos parte de ella, habrá que buscar sistemas similares al estilo de otros países como sucede en Holanda, con mayores incentivos empresariales para la creación de planes privados, como sucede en Suiza con pensiones privadas obligatorias y como sucede en Suecia, con un sistema de reparto por prestaciones públicas en sistemas de capitalización individual, con gestión privada de las inversiones, etc., etc., etc., pero claro llegar a otro acuerdo de puntillas puede ser un nuevo fracaso donde no sólo el sistema no funcione sino que por no preveer nos quedemos en un intento de reforma.
Por todo, no cabe duda que como ha sido botón de muestra, el Gobierno dará un paso adelante y dos para detrás y ante su falta de rigor será Europa la que nos vuelva a imponer, como ha hecho en las recientes medidas económicas, su criterio y buen saber, pero seguro estoy de que la jubilación será retrasada, pues el actual ejecutivo está contra las cuerdas y no tiene alternativas.